San Fernando sostiene desde hace trece años un lugar donde se acoge a personas drogodependientes o en riesgo de exclusión social a cambio de trabajos en comuna.

La calle San Bruno de la Isla de León acoge un rastro solidario que sostiene desde hace unos trece años Alberto Martínez. Hace 25, en su Cuenca natal, un joven Alberto cayó en las garras de la drogadicción. Fue una etapa dura de su vida, pero que, a través del proceso de recuperación que llevó a cabo en el centro Betel, hoy es un hombre nuevo. Casado, afincado en San Fernando, desde hace años es la persona encargada de gestionar el rastro que la citada ONG posee en la ciudad. Su caso, por ello, es un ejemplo de lo que significa Betel para la sociedad, según el propio Martínez, siendo el objetivo “restaurar vidas”.

En el lugar se pueden hallar todo tipo de enseres, colchones, libros, cintas y demás materiales que los vecinos han donado para la causa. “Recibimos la llamada de algún vecino y recogemos los muebles, lo restauramos y luego lo vendemos a buen precio”, así resume Martínez el sistema que emplean y que, además, es labor de las personas que están en el centro o que pertenecen a Betel. Por estar dentro “de la obra” no piden ningún coste, pero sí “cumplir las normas internas”. Cuando la persona ya está  recuperada, “la forma de pagar la estancia es con trabajo, porque tenemos un trasfondo cristiano-evangélico”, es decir, que no hay sueldo, sino un intercambio por manutención y cobijo.

En Chiclana y Algeciras hay centros donde están internos personas que no tienen recursos y han caído en la drogodependencia. No obstante, en los últimos años, según comenta el responsable, el patrón ha cambiado, ya que no hay tantos adictos a “la heroína, sino a la cocaína”. “La falta de heroína provocaba situaciones violentas, pero con la cocaína se disimula más, de hecho se consume en todas las clases sociales”, esboza. Y es que de aquella etapa en el barrio de San Blas -donde nació Betel de las manos de unos misioneros- mucho ha cambiado la sociedad y, si bien ahora la drogodependencia se puede tratar a través de la Seguridad Social, la exclusión social es el motivo por el que la ONG sigue funcionando.

Por otro lado, Alberto comenta que no reciben subvención alguna de ninguna institución y lo que sacan es para “mantener la flota de vehículos y vivir al día”. Colaboran con ellos la Cruz Roja para el asunto de la alimentación, pero de la administraciones entienden que “ni dan las ayudas”, ni quieren pedir porque “nos autogestionamos”.  

“En estos centros puedes quedarte toda la vida si quieres. Hay gente que ha conocido a su pareja y se ha casado”, siendo su caso un ejemplo porque “Betel se hace cargo del piso y del agua; estamos cubiertos siempre”. En el programa de rehabilitación de Betel en San Fernando tienen capacidad para unas 25 personas, aunque solo son 13 las que están en estos momentos integrándolo.  La crisis está llevando a cabo un repunte de las personas en riesgo de exclusión social y si bien la media de los ingresos de hace 30 años era de 18-20 años de edad, “hoy en día la media es 43 años”.

El trasiego en el rastro de la Isla es constante, incluso antes de acabar esta entrevista para lavozdelsuer.es ya Alberto estaba recibiendo una nueva llamada de alguien que quería donar ropa y enseres. Una labor que lleva unos en la ciudad y que cubre esas zonas de sombra a las que las instituciones no llegan, por supuesto amparado por una labor cristiana-evangélica y una disciplina comunitaria.

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