Los primeros vecinos desalojados por el temporal en Grazalema han comenzado a regresar a sus casas a las cuatro de la tarde de este lunes, 11 días después de un exilio hacia Ronda, Zahara y viviendas de familiares en los alrededores. La entrada se ha autorizado a partir de las 16:05 horas de este lunes, cuando la Guardia Civil permitió el acceso de una treintena de vehículos al municipio. La mayoría de los coches llegó por la carretera que conecta con Ronda y, en menor medida, por la vía de Algodonales, los únicos accesos operativos tras el paso de la borrasca. Salvo una motocicleta, todos eran turismos, algunos con ocupación completa y otros únicamente con el conductor. Tras ellos, numerosos medios de comunicación accedieron también a la localidad, donde los vecinos habían permanecido evacuados durante estos once días en Ronda.
En los primeros momentos, la plaza de España —donde se ubican el Ayuntamiento y la iglesia— permanecía prácticamente vacía, con presencia solo de agentes de la Guardia Civil y periodistas. A escasos metros, la calle Corrales Terceros seguía acordonada por seguridad, vigilada para impedir el paso. Entre los primeros en volver estaba Manuela, de 25 años, junto a su novio Jesús y su perra Nami.
Se mostraba “muy contenta”, aunque reconocía que la vivienda “huele mal”, pero que “tenía muchas ganas de llegar”. La joven ha sido optimista tras tanta tristeza, porque "desde que nos fuimos he estado llorando”. Abandonó el pueblo “con mucho miedo” y aún duda “si seguirán los temblores”. Acogida durante estos días en Ronda, espera que no vuelva a llover: “Si han dejado entrar, es que estará seguro el pueblo”. Llegó con víveres para hoy y mañana, confiando en que el miércoles reabran los comercios y en que las panaderías vuelvan a hacer pan esa misma noche.
Mari Carmen García, que vive con su pareja y un hijo de cada uno, regresó “con ganas de empezar a trabajar” y destacó la “emoción” de estar en casa. Quiere colaborar en la recuperación del municipio “como se pueda” y en todo lo que esté a su alcance. Los reencuentros ya se suceden en las calles: abrazos entre vecinos, perros ladrando al verse y las primeras persianas levantándose devuelven poco a poco la vida a un pueblo que empieza a despertar tras once días desalojado.



