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Cristian y Marcos son la primera generación de catalanes de su familia. Sus padres, tarifeños, votarán el jueves por la independencia catalana.

El proceso político de Cataluña tiene este jueves un nuevo capítulo con las elecciones a la presidencia de la Generalitat tras la aplicación del famoso artículo 155 por el que tanto Mariano Rajoy como Soraya Sáenz de Santamaría, en representación del Gobierno, se hacían con el mando de las competencias autonómicas de la comunidad y cesaban al presidente catalán Carles Puigdemont. En una sociedad completamente dividida, resulta difícil aventurarse a vaticinar un triunfador en unos comicios donde ambos bandos, separatistas y constitucionalistas, se enfrentan por dilucidar cuál será el futuro más inmediato de Cataluña y qué clase de política se llevará a cabo. En el primero de los bandos, el de los independentistas, se encuentra Cristian, un traductor de 25 años que, junto a su hermano Marcos, forma la primera generación de catalanes de su familia. El resto de los miembros, incluidos sus padres, Antonio y Juani, son de Cádiz, concretamente de Tarifa.

Son los únicos que viven en Cataluña, "el resto de la familia reside en Andalucía", explica antes de aclarar que "la política con ellos es un tema tabú porque hace dos años tuvimos varios choques dialécticos importantes y decidimos aparcarla desde entonces, no merece la pena". A través del teléfono, Cristian define la situación actual como "bastante tranquila, todo lo que se ve en los medios de comunicación nacionales no ha hecho otra cosa que intoxicar y vender algo que en realidad no existe". Carga, además, contra los tópicos de que "las familias de andaluces residentes en Cataluña son unos agradecidos" y lo tilda de "falso, ni por asomo me avergüenzo de que mi familia sea de origen andaluz, y más concretamente de Cádiz, que me parece la mejor provincia de España".

Por otro lado, no se olvida de las cargas policiales del 1 de octubre, algo que entiende como una reacción del Estado que, lejos de apaciguar los ánimos, creó más independentismo. "Mucha gente iba a votar no y se encontró con los palos. Sin ir más lejos, mi compañero de piso fue a votar con su familia y se vieron envueltos en las cargas. Acabaron cogiendo a su madre, que no había hecho nada, y la arrastraron para sacarla. Desde entonces tienen claro que, sin ser independentistas, no quieren pertenecer a un Estado que practica la violencia contra sus ciudadanos", explica.

Con respecto a las elecciones, no se aventura a vaticinar un ganador claro en unas elecciones a las que se llega "tras un periodo de improvisación que no ha sido bueno para nadie". "Si ganan los tres partidos independentistas en escaños pero no en votos, estaremos en una situación similar a la de 2015, aunque es muy difícil saber qué va a pasar y mi sensación es que iremos a unas nuevas elecciones", porque es una decisión "de tal magnitud, que una parte no puede imponerse sobre la otra y creo que estaremos así hasta que se produzca un referéndum pactado o hasta que se obtengan unos resultados claros por uno u otro lado".

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