¿Ante la mayor riada en más de cuatro décadas? El Guadalquivir y el Guadalete afrontan una semana crítica

Andalucía se encuentra en el epicentro del mayor riesgo hidrológico de las últimas décadas, con suelos saturados, embalses al límite y previsiones de caudales históricos no visto en mucho tiempo

Desembalse en los Hurones, esta semana, al alcanzar casi toda su capacidad.
01 de febrero de 2026 a las 17:24h

Si la semana pasada advertíamos del riesgo de desbordamiento del Guadalquivir, el Guadalete o el Genil en puntos de su discurrir, los peores presagios se han cumplido con amplias zonas inundadas, siendo el Jerez rural el punto más castigado de la geografía andaluza, con numerosos daños materiales provocados por la crecida extraordinaria. 

De hecho, según plataformas internacionales de predicción hidrológica como Flood Hub, basadas en los modelos del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo (ECMWF), la Península Ibérica se sitúa actualmente entre las regiones del planeta con mayor riesgo hidrológico, una circunstancia excepcional provocada por la combinación de suelos completamente saturados, embalses al límite de su capacidad y una nueva secuencia de lluvias que amenaza con desencadenar la mayor crecida de los ríos andaluces en más de cuatro décadas.

Andalucía concentra ahora los principales focos de preocupación, con especial atención a los sistemas fluviales del Guadalquivir y el Guadalete, sometidos a una presión extrema. Con esto, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha activado aviso amarillo por lluvias para este lunes en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, ante la previsión de precipitaciones persistentes en un territorio que, desde el punto de vista hidrológico, ya no admite más agua.

Suelos saturados, lluvias extremas y embalses al límite

Los registros acumulados explican la magnitud del escenario a venir. En la Sierra de Luna (Algeciras) se han contabilizado 1.100 litros por metro cuadrado solo en el mes de enero, mientras que la Sierra de Grazalema, punto más húmero de España, ha alcanzado los 1.300 litros acumulados, 1.100 de ellos concentrados en apenas diez días.

Estas cifras han dejado el terreno saturado al 100%, especialmente en suelos de carácter arcilloso, lo que incrementa de forma exponencial la escorrentía superficial y reduce al mínimo la capacidad de absorción del suelo. Según expertos consultados por este medio, el episodio está lejos de remitir: pues a la citada saturación del terreno se suma un nuevo río de humedad atmosférico que hará que las lluvias sean aún más copiosas.

Ese flujo intenso de vapor de agua elevará notablemente los valores de agua precipitable, que favorecerán las lluvias persistentes y localmente torrenciales. Este lunes se espera el primer arreón de este tipo de aguaceros con una más que probable línea de turbonada, que provoca lluvias muy fuertes en poco tiempo, rachas de viento intensas, granizo y, en algunos casos, fenómenos severos. A ello se añade un EFI (Extreme Forecast Index) en valores extremos, un indicador que compara la situación prevista con la climatología histórica y que señala escenarios muy poco frecuentes.

En este contexto, los embalses juegan un papel determinante. Varios de los pantanos que alimentan al Guadalete se encuentran prácticamente llenos y continúan desembalsando por motivos de seguridad, con previsión de que sigan aumentando de nivel si se confirman las lluvias previstas. A ello se suma que la cuenca hidrográfica del Tinto, Odiel y río Piedras supera ya el 93% de su capacidad, lo que deja un margen de maniobra mínimo ante cualquier nuevo episodio de precipitaciones intensas. Aunque en las últimas horas algunos ríos han experimentado ligeros descensos, no se han registrado bajadas destacables, por lo que la situación sigue siendo de máxima vigilancia.

Tres personas miran el nivel del río Guadalete.   JUAN CARLOS TORO

El Guadalquivir, ante caudales históricos

Las previsiones más preocupantes se concentran en el Guadalquivir, donde los modelos apuntan a caudales que podrían alcanzar los 4.500 m³/s en Lora del Río y, en un escenario extremo, hasta 7.000 m³/s en la desembocadura.

Una publicación de 1985 del extinto Ministerio de Obras Públicas, firmada por el ingeniero Antonio López Bustos, permite contextualizar la magnitud de lo que puede ocurrir esta semana en el río Guadalquivir. A partir del análisis de las grandes riadas históricas del Guadalquivir, el estudio explica cómo, en episodios extremos, el río fue capaz de alcanzar caudales históricos hoy difíciles de imaginar, con crecidas del Guadalquivir que desbordaron el cauce en numerosos puntos de su recorrido. Avenidas como las de 1917, 1926 o 1963 transformaron el río en una fuerza prácticamente incontrolable, con picos superiores a los 6.000 metros cúbicos por segundo y graves consecuencias en inundaciones en Sevilla, infraestructuras, puentes y amplias zonas ribereñas. El propio autor advertía de que cuando coinciden lluvias persistentes, suelos saturados y aportes simultáneos de los grandes afluentes, el Guadalquivir entra en un régimen excepcional, capaz de generar inundaciones de gran alcance incluso en un río ya regulado.Los episodios más relevantes de las últimas décadas fueron diciembre de 1996 (3.800 m³/s), febrero de 2010 (3.200 m³/s) y diciembre de 2010 (3.600 m³/s).

En el actual episodio, Flood Hub, una plataforma internacional de predicción hidrológica que utiliza modelos avanzados y datos satelitales para anticipar inundaciones, prevé picos cercanos a los 4.500 m³/s, lo que situaría esta crecida entre las más importantes de los últimos 40 años. Con los suelos más que saturados, numerosos problemas ya registrados en los cauces y un nuevo episodio de lluvias aún más copiosas en camino, la semana que entra se perfila como la más complicada del actual episodio, con un riesgo real de nuevas inundaciones y crecidas históricas en distintos puntos de Andalucía. La vigilancia, coinciden los expertos, deberá ser constante.

Sobre el autor

Ezequiel García Barreda

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