"No veía una manifestación tan multitudinaria en Jerez desde que asesinaron a Miguel Ángel Blanco", se escucha entre cánticos y pitadas. Según las convocantes, casi 10.000 personas han marchado por el centro de la ciudad para "reivindicar las libertades y la igualdad de la mujer", dice Mari Ángeles; "para que nos paguen más y vivamos mejor", comparte Rosario; "porque necesitamos que haya una ley de violencia de género con un presupuesto cierto y real", denuncia Ifigenia; "porque no haya brecha salarial, ni techo de cristal", exige Ana. Todas toman la calle por una lucha colectiva que todavía tenemos pendientes las mujeres. Sí, yo también.

En la mañana del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, diferentes ciudades del país se concentran en las plazas mayores para leer manifiestos, reclamar los derechos de las mujeres y llevar a cabo diferentes actos en materia de igualdad de género. La plaza del Arenal, en Jerez, se encuentra abarrotada. Los palcos sirven de grada para aplaudir o grabar con el teléfono móvil. Las voces femeninas que pasan por el atril piden un cambio, una revolución con nombre de mujer para alcanzar, de una vez por todas, la igualdad real en la sociedad. Periodistas, educadores, pensionistas, estudiantes... Todas las edades, todas las personalidades quedan representadas en una concentración histórica. "Ya está bien, si no nos unimos nunca lo conseguiremos", expresa con fuerza Paula, una joven estudiante del grado de Criminología y Seguridad del Campus de Jerez. Junto a ella, otras dos compañeras de clase, María y Laura, se suman a la primera huelga feminista convocada en España. "Tenemos que luchar por nuestros derechos y representar a las que no pueden venir hoy", exclama Laura. Otro grupo de amigas, de profesoras o jubiladas, también está presente en la plaza "para que en el futuro las mujeres tengan otras opciones, una igualdad real y definitiva", comparte Amparo. Cerca de ellas, una madre acude al encuentro con sus dos hijas. "Mi pareja me dijo que no las trajera, que él se quedaba con ellas, pero las traigo porque son mujeres en potencia", relata Irene.

Todas son distintas, defienden ideas diferentes, han vivido diferentes épocas. Pero todas, sin excepción, han sufrido el machismo en todas sus vertientes. Laura cuenta que una vez, en un bar, un vecino se le acercó y le dijo que "no sabía por qué fumo, porque las mujeres tienen que ser perfectas y que no sabía cómo podía ir vestida así, que después pasa lo que pasa —legitimando la violencia de género y los abusos sexuales—". Ella dice que su reacción fue quitarse la camiseta y quedarse en sujetador, en mitad de la terraza de aquel bar. En cierto modo, la primera prohibición que tiene una mujer desde que nace, es su cuerpo. Y este puede ser un perfecto aliado para empoderarse y defender que cada mujer es libre de hacer lo que quiera.

Sole, profesora de un instituto jerezano, narra un triste episodio que se repite cada vez más entre los jóvenes: "Hay alumnas que con 15 o 16 años me han llegado a decir que las autorizaciones para ir de excursiones se la tienen que dar su novio, no sus padres". Las docentes destacan que hay un auge de machismo y homofobia entre los adolescentes. Paula, que hizo un trabajo en la carrera para evidenciar este problema en las aulas, fue señalada como "feminazi" por su propio profesor de la UCA en mitad de la clase. "Me dijo que eso eran cosas de feminazis y que eso era incitar el odio contra los hombres", relata indignada.Junto a Irene, una compañera de profesión, Sole, cuenta que una noche, cuando volvía a casa, tuvo que sufrir cómo un hombre ebrio, con los pantalones bajados, la persiguió por la Avenida Álvaro Domecq, hasta que entró por el portal de su piso. "Las mujeres ahora no aguantáis nada, dicen ahora las abuelas. Pues sí, afortunadamente ya no lo hacemos", defiende Irene. "Son cosas que siempre nos pasan y que hablamos entre nosotras. Ese miedo a controlar a quién tienes detrás, ir con las llaves en la mano... Son cosas que dices, ¿ves que no somos iguales? Esas cosas demuestran que el machismo todavía existe", concluye Paula.

Ya durante la marcha en Jerez, iniciada desde la plaza del Arenal, Paqui, natural de Bornos y que sostiene la pancarta de la Marea Violeta Sierra de Cádiz, narra que antes de ser concejala, ha trabajado en el campo y ha sufrido la brecha salarial, ya que a los hombres le pagaban la peoná más cara que a las mujeres. También cuenta que cuando ha ido a otras manifestaciones, "los hombres que te ven, te insultan diciéndote: irse a sus casas a fregar, a barrer...". Ifigenia, que también es concejala, pero en el Ayuntamiento de Sanlúcar, va a la cabeza de la masiva manifestación que llega desde el Gallo Azul hasta la plaza del Mamelón. Ella, que acude a la marcha de Jerez con un grupo de 150 vecinos de Sanlúcar, va disfrazada de sufragista "por esas mujeres que salieron en Inglaterra a reivindicar el voto femenino y para reinvidicar el empoderamiento de las mujeres".

Durante la histórica marcha, vivida en todas las grandes ciudades de España y de otros países del mundo, se han podido leer pancartas originales y muy creativas que en líneas generales tienen un objetivo común: conseguir la liberación de la mujer en todos sus aspectos. "Nos lo quitaron todo, incluso el miedo", "Rebelarse es liberarse", "De vuelta a casa quiero ser libre, no valiente", "Feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas", "Cadena Perpetua, a los violadores", "No soy e-girl, soy gamer"... Y los cánticos no han cesado durante las casi tres horas que ha durado la manifestación. "¡Ni sumisa ni callada, mujer fuerte empoderada!", "¡Un bote, dos botes, machista el que no bote!", "¡A ellas la culpa, a ellos la disculpa!", "¡Luego diréis, que somos cinco o seis!" y "¡No nos mires, únete!", hacia algunas mujeres que, desde algunas tiendas, observaban la multitudinaria marcha. "Por mi suegra Pepi, por Antonia, por mi madre, cuidadora, por mis abuelas mayetas, por las trebujeneras, por mis tías..", se puede leer en la pancarta que alza con orgullo Ana, una vecina de Trebujena. "Estoy aquí por ellas, por mí, por mis futuras hijas y por todas las mujeres, porque no sufran agresiones sexuales, porque no haya brecha salarial, ni techo de cristal y todas las condiciones que tenemos que nos discriminan a las mujeres", expresa.

Victoria, de Marea Violeta Jerez, califica la manifestación de "extraordinaria". "Ha sobrepasado todas las expectativas que teníamos. Hemos hecho un gran esfuerzo para que llegara a todo el mundo, hemos estado en hospitales, escuelas, universidad... Y también gracias a los medios, las redes, las periodistas, que han hecho un gran favor, gracias a eso se ha conseguido que cuando las mujeres dicen basta, podemos parar el mundo. Este es el comienzo de todo. El comienzo de un cambio, la voz de la mujer nunca se había escuchado tan alta, y esto va a ser un hito", resalta momentos antes de que la marcha entre por Tornería. En toda el país, las cifras demuestran un seguimiento histórico de la huelga feminista, donde en las grandes ciudades (Madrid y Barcelona) la marcha ha sido secundada por casi 200.000 personas.

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