A Vanesa Peralta difícilmente se le olvidará el año 2025 que acaba de pasar. Porque nada más empezar, le comunicaron que debía abandonar la vivienda que habita junto a su familia desde hace cinco años. En verano falleció su marido, quedándose viuda, con tres hijos menores a cargo. Y a finales, recibió un nuevo aviso, con fecha para el desalojo.
Trece, once y dos años tienen los hijos de Vanesa, que si nada lo remedia, el viernes 16 de enero tendrá que abandonar el piso en el que viven desde hace cinco años, en la barriada 18 de julio de El Puerto. Es la fecha marcada en rojo por el Juzgado, que ese día ordena el desalojo.
"No sé qué haré. Pido ayuda por si alguien me puede alquilar. Dejo las cosas en manos de Dios, la esperanza es lo último que pierdo", dice Vanesa Peralta, cuando atiende a lavozdelsur.es en el salón de su casa, donde hay dos sofás, una mesa y sillas, un pequeño mueble, un televisor y algunos juguetes.
El resto de la vivienda la componen una cocina, un baño y una habitación en la que duermen sus hijos, en literas. Ella lo hace en el sofá cama, porque no caben todos en esta estancia.

Es una vivienda social, propiedad de la Junta de Andalucía, en la que Vanesa vive con sus hijos, y a la que accedieron pagando antes de entrar. "Sé que esta vivienda no es mía, pero no tenemos adonde ir", apunta. Durante la conversación, se le saltan las lágrimas varias veces. Pero repite que hará lo que sea por darle un techo a sus hijos.
"No quiero que mis hijos pierdan su estabilidad"
"Yo no quiero que mis hijos pierdan su estabilidad. A veces hemos dormido cuatro personas en un sofá cama, en casa de mi madre; pero no quiero sacar a mis hijos de aquí para meterlos en una situación peor", expresa esta madre portuense.
En estos momentos, Vanesa confiesa que sigue "en shock" tras la muerte de su marido. Recolocando su vida. E intentando darle un hogar digno a sus hijos. Ha pedido ayuda a Ayuntamiento y Junta de Andalucía, pero tiene asumido que deberá dejar la vivienda. Y aprovecha la entrevista para pedir auxilio al Defensor del Pueblo. Y a quien haga falta.

En su casa solo entra el Ingreso Mínimo Vital (IMV) que percibe por estar en exclusión social. Porque no le ha dado tiempo a buscar trabajo, con tantos vaivenes vitales, y la crianza de los pequeños.
"Me he llevado catorce años al lado de mi marido. Él trabajaba y yo me quedaba con los niños", dice. Volverá al mercado laboral en cuanto tenga oportunidad. Antes, ha sido limpiadora, camarera o cuidadora de niños.
"Aquí tenemos nuestra vida. Aquí están las cosas de mis hijos. Pero a mí no me importa lo material, solo quiero un techo", dice Vanesa, que asegura que lo tiene complicado para alquilar "sin una nómina".

"Nunca he tenido tranquilidad"
Vanesa y su marido pagaron por acceder a la vivienda, propiedad de la Junta de Andalucía, hace cinco años. Ahora, la Administración autonómica culmina el procedimiento legal para recuperarla.
"Siempre he tenido problemas de vivienda. Yo nunca he tenido la tranquilidad de una vivienda en mi vida", confiesa Vanesa, que antes estuvo viviendo como ocupa en la barriada de Los Milagros, y en El Tejar tuvo un alquiler social, pero la desalojó un fondo buitre, propietario de la vivienda.
Luego, en otra casa sin ventanas. "Siempre nos las hemos ido apañando, hasta que me quedé sin agua y nos metimos aquí. Hemos pasado mucho", asegura.
"Fui a la Junta en Cádiz, pero no me podían dar una solución", señala esta madre que no entiende que "no se valore que tres niños puedan quedarse en la calle".
"Lo que quiero es tiempo. Lo único que pido es que no nos echen a la calle. Necesitamos ayuda. Si yo no lucho por mis hijos, ¿quién lo va a hacer?", remata Vanesa.
Solo quiere "levantarse" tras un año catastrófico en lo personal. A pesar de todo, visualiza un futuro con estabilidad. Con tranquilidad. Con una casa y sin sobresaltos. Ya le va tocando, dice.


