Los que mantienen 'vivo' al Vaporcito de El Puerto: los salvavidas originales, repartidos entre comercios y vecinos

La zapatería Jesús o el bar Los Pepes de Lola son algunos de los rincones de la ciudad que conservan estos característicos elementos del icónico barco, reducido a un amasijo de tablones tras los temporales

José María Guilleto, junto al salvavidas del Vaporcito que adorna el bar Los Pepes de Lola en El Puerto.
José María Guilleto, junto al salvavidas del Vaporcito que adorna el bar Los Pepes de Lola en El Puerto. MANU GARCÍA
11 de febrero de 2026 a las 11:38h

Una imagen icónica de El Puerto ha quedado reducida a un amasijo de maderas tirado en un solar municipal. La escena del Vaporcito remueve a tantos visitantes y vecinos que le guardaban un cariño especial. Su esqueleto llevaba años en el paseo fluvial, acaparando miradas y resucitando recuerdos de quienes subieron a bordo hasta aquel fatídico 30 de agosto de 2011.

Mientras las autoridades competentes deciden el futuro próximo de este Bien de Interés Cultural (BIC) destruido, el Adriano III sigue de alguna manera, vivo. No solo en las mentes de las familias, sino también a través de sus elementos más característicos. Los salvavidas rojos y blancos —entre 8 y 12, se desconoce el número exacto— que rodeaban a la embarcación.

Dicen que, después de chocar contra la escollera de la Punta de San Felipe en Cádiz, estos objetos llegaron a las manos de distintos propietarios de comercios y de particulares. Vecinos portuenses que los conservan como reliquias en los rincones de sus locales y casas. Vestigios de un barco histórico al que siempre se le rendirá homenaje en esta ciudad.

Jesús Herrera es uno de los privilegiados que poseen uno de estos “roscos” que saltan a la vista en cualquier cuadro o antigua fotografía del barco. Este zapatero lo tiene colgado en su taller de la calle Pedro de Villa. Al entrar, el rosco reluce entre zapatos y herramientas de un oficio que el portuense aprendió de su padre, fundador del negocio en 1975.

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Jesús Herrera, junto al regalo que le hizo Juan el del Vapor por su trabajo.   MANU GARCÍA

Jesús, segunda generación junto a su hermano, lleva 40 años reparando calzados, bolsos, correas y todo lo que esté en su mano. Hace años, cuando el Vaporcito todavía surcaba la Bahía, tuvo la oportunidad de hacer un trabajo para la embarcación. “Tenía una puerta de madera con unas bisagras de goma que tenían que cambiarse cada semana”, comenta.

Su padre y Juan Fernández, hermano de Pepe el del Vapor, su querido patrón, eran íntimos amigos. Según cuenta, estuvieron siete años viviendo y trabajando juntos en Alemania. Una amistad que duró hasta que ambos fallecieron y que hizo que un buen día Juan le hiciera este encargo a este zapatero.

“Le dije que yo esto nunca lo había hecho, pero que me trajera las bisagras y a ver qué le hacía. Le pude hacer unas bisagras de cuero cosidas a mano. No hubo que cambiarlas más y el barco se hundió con las bisagras puestas”, explica.

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Fotografía del Vaporcito recién llegado al muelle tras el hundimiento.   MANU GARCÍA
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Jesús guarda con cariño este elemento tan característico de la embarcación.   MANU GARCÍA

Recuerda que Juan quiso pagarle, pero él lo rechazó. “¿Sabes lo que para mí significa que yo le haga un trabajo a la imagen de El Puerto? Se fue enfadado y a las dos semanas volvió con un salvavidas”, dice.

Un obsequio que Jesús guarda como oro en paño y que le hace sentir orgulloso de haber podido contribuir al buen funcionamiento de un símbolo patrimonial. “Yo no sé si era uno que le sobraba porque cuando me lo trajo, el barco todavía navegaba y supongo yo que no lo quitaría para dármelo a mí”, comenta Jesús, que también muestra una foto que Juan le envió cuando el Vaporcito se instaló en el muelle.

Desde hace más de una década, adorna su taller. Aproximadamente el mismo tiempo que otro salvavidas del Vaporcito embellece la pared del bar Los Pepes de Lola, en la calle Rodrigo de Bastidas. Este establecimiento tomó el relevo de La Puchi después de 13 años y ya lleva 14 ofreciendo pescaíto frito y desayunos. “Tengo muchísimas fotografías del Vaporcito”, comenta José María Guilleto, Pepe, al frente del bar.

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Decoración del bar Los Pepes de Lola en El Puerto.   MANU GARCÍA
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Pepe recibió este salvavidas por parte de un familiar de Pepe el del Vapor.   MANU GARCÍA

El local está repleto de elementos marineros, en honor a su especialidad, y de referencias a esta histórica embarcación. “Lo llevo hasta en el uniforme del bar”, dice mostrando su brazo. Arropado por lienzos, fotografías, cuadros y un poema, se encuentra el salvavidas que le regaló un familiar de Pepe el del Vapor. “Un cliente mío le conocía y, por medio de él vino a verme, estuvo aquí, vio todo esto y decidió dármelo”, comenta Pepe.

“No recuerdo si era su tío o su primo, pero era un señor mayor que ya falleció. Tenía unos cinco salvavidas más guardados en su casa. No sé qué haría con ellos”, comenta el hostelero, que recibió este regalo unos años después del hundimiento.

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Este portuense incorpora el Vaporcito hasta en el uniforme.   MANU GARCÍA
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José María, junto a esta reliquia que mantiene viva la memoria de la embarcación.   MANU GARCÍA

Él lo expone en su bar a modo de homenaje a ese barco que estos días todo El Puerto tiene muy presente. Otro se encuentra en el bar Los 4 vientos, pero el paradero del resto no ha trascendido. Al menos, de momento. Son los elementos de la seña de identidad de una ciudad que ha presenciado su final indeseado. Un mal sabor de boca, una desagradable sensación de dejadez por un patrimonio que sigue pudriéndose y que muy posiblemente acabe reducido a cenizas.

La comparsa OBDC Me quedo contigo.

La comparsa OBDC Me quedo contigo lo ha dejado claro en el COAC con los siguientes versos: “Poco importa la memoria, poco importa nuestra historia, lo que Cádiz supo amar”; “El Ayuntamiento se lavó las manos con los recuerdos”; “Ya sé que no navegará por la Bahía porque faltó dignidad, la de cuidar lo que aquí nace. Duele en el alma, no nos queremos, damos la espalda a lo que es nuestro”.

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Patricia Merello

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