Doce Caños no es una simple reapertura. Es la declaración de intenciones con la que el Hotel Soho Boutique Duques de Medinaceli quiere recuperar su pulso gastronómico y volver a ocupar un lugar propio en la vida social de El Puerto. El restaurante, integrado en el cinco estrellas situado en pleno casco histórico, abre sus puertas al público general tras dos años y medio de cierre del complejo, con una propuesta que entrelaza historia, producto y vocación de ciudad.
El nombre marca el relato desde el inicio. Doce Caños es un homenaje directo a la Fuente de las Galeras, uno de los símbolos portuenses, con seis caños orientados hacia la desembocadura del río y otros seis hacia el interior urbano. Esa doble dirección inspira la filosofía del espacio: mirar al visitante sin dejar de mirar al vecino. “Queremos acercar nuestra gastronomía a la población local”, resume Adrián Navarro Cáceres, director de zona de Soho Boutique en la provincia de Cádiz, a lavozdelsur.es.
Un palacio con memoria nobiliaria y bodeguera
Para entender el presente hay que detenerse en el edificio. La actual sede del hotel fue casa-palacio en el siglo XVIII, primero bajo la influencia del Duque de Lerma y después vinculada a los Duques de Medinaceli. Forma parte de esa ciudad conocida como la de los Cien Palacios, donde la nobleza y las familias vinculadas al comercio y al vino dejaron su impronta arquitectónica.
En el siglo XIX el inmueble pasó a manos de la quinta generación de la familia Terry, apellido indisociable del Marco de Jerez y del Fino Quinta. La familia impulsó especialmente el cuidado de los jardines, incorporando especies exóticas y configurando un entorno vegetal que aún hoy conserva árboles centenarios y una identidad propia.
A finales del siglo XX el palacio inició su etapa hotelera. Desde julio de 2025 opera bajo la gestión de Soho Boutique Hoteles, que asumió la reactivación de un edificio que llevaba dos años y medio cerrado. “Cuando un inmueble de estas características pierde el uso, reabrirlo es complejo, especialmente en instalaciones”, explica Navarro.
La reapertura, paso a paso
La recuperación comenzó por las habitaciones. El proyecto de restauración se activó después, inicialmente enfocado a los clientes alojados. Con el tiempo, la dirección entendió que el restaurante debía convertirse en una puerta abierta a la ciudad, al igual que el hotel, en el que quien se adentra se sumerge en una película de época.
“Existe cierto respeto a entrar en un hotel si no eres huésped. Nosotros queremos que este espacio sea de uso y disfrute para todo el mundo”, insiste Navarro. La cafetería y ahora Doce Caños buscan romper esa barrera simbólica.
Jardines protegidos y una experiencia integral
Más allá del comedor, el hotel despliega uno de sus principales activos: el jardín botánico de la Victoria, protegido e incluido en el catálogo municipal. El espacio pertenece al complejo y puede visitarse, convirtiéndose en parte esencial de la experiencia.
“No buscamos solo que el cliente venga solo a comer o a hospedarse, sino que viva el espacio como una experiencia completa”, señala Navarro. Las vistas al jardín, la terraza y la atmósfera de calma forman parte del planteamiento. El edificio conserva además lugares singulares -para ser un hotel- como una capilla y un techo mudéjar original que refuerzan la sensación de estar en un lugar con memoria. “Desde que entras se respira historia”, resume.
Doce Caños: cocina mediterránea con acento andaluz
La propuesta gastronómica combina cocina mediterránea y andaluza con un enfoque claro en el producto. La línea culinaria está diseñada por Juan Morcillo, chef ejecutivo de la cadena, encargado de definir la carta y la identidad gastronómica del grupo.
La base es el producto de calidad y la proximidad. “La autenticidad se ofrece con producto local”, sostienen desde la dirección. El pescado, especialmente el atún, destaca entre las preferencias del visitante extranjero, mientras que las carnes ibéricas y las elaboraciones tradicionales reinterpretadas completan la oferta.
Durante el invierno se ha trabajado con una carta reducida, adaptada a la temporada, con previsión de renovación en primavera. Entre los platos figuran propuestas como sopa de tomate con hierbabuena, tataki de pollo de corral, solomillo de bellota 100% ibérico o huevos rotos con alcachofa y sobrasada. En los postres, manzana asada con caramelo de chocolate o ensalada de frutas de temporada con matices especiados.
El desayuno, también abierto a público externo, refuerza esa experiencia pausada con opciones como huevos benedictinos o tostas de salmón en un entorno que prioriza la tranquilidad. En él, la carta presume de una amplia oferta: desde bollería de selección a bols de yogur con todo tipo de añadidos saludables, pasando por las tostadas más elaboradas y llegando a platos calientes, con una amplia oferta de huevos de campo o 'benedictinos'.
Menú Ejecutivo y perfil profesional
Con la llegada de la nueva temporada, el hotel ha lanzado además su Menú Ejecutivo, pensado para encuentros profesionales y eventos de empresa. Se sirve de lunes a jueves en horario de almuerzo e incluye entrante, principal y postre por 25 euros.
La propuesta busca ofrecer un entorno distinguido para reuniones de trabajo sin renunciar a la calidad. “Queremos que cada visita sea algo más que un almuerzo; que sea una experiencia”, señalan desde la dirección. El servicio es ágil, con precio cerrado, pero mantiene el estándar gastronómico de la casa.
La cocina diaria: materia prima y respeto
Al frente de la cocina está David Porras García, que sintetiza su planteamiento en una idea: primero el producto, después la técnica. “Lo esencial es contar con una materia prima de gran calidad y darle una elaboración acorde”, explica a este medio. La presentación acompaña, pero sin restar protagonismo al ingrediente principal. “Nos gusta que el producto sea el centro y añadir pinceladas que aporten volumen y color”.
De cara al verano anticipa mayor presencia de mariscos como ostras y langostinos, además de carnes seleccionadas. El entorno, reconoce, invita a la calma y a la sobremesa sin prisas.
Un punto de referencia en construcción
El perfil de cliente varía según la temporada. En invierno predomina el visitante nacional; en otros momentos, el internacional, a menudo interesado en patrimonio y cultura. La combinación de edificio histórico, jardín protegido y cocina basada en producto local configura una oferta singular dentro de la ciudad.
Doce Caños aspira así a consolidarse como un punto de referencia que trascienda la etiqueta de restaurante de hotel. En un enclave marcado por la memoria nobiliaria y el legado bodeguero, la reapertura no es solo una noticia puntual, sino el inicio de una nueva etapa en la que historia y gastronomía vuelven a compartir escenario en El Puerto.
