El peligro de perder el trabajo de toda una vida dedicada al pescado

Los vendedores del mercado mayorista de la lonja de El Puerto critican la decisión de la Autoridad Portuaria de sacar a concurso los puestos que regentan desde hace años y que han soportado durante la crisis: "No se nos reconocen nuestros derechos adquiridos"

Dos empleados observan la lonja vacía. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
Dos empleados observan la lonja vacía. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Son las cuatro y media de la mañana cuando empieza a haber movimiento. A esa hora, en la lonja de la dársena pesquera de El Puerto de Santa María, comienza la subasta de pescado. Los compradores se sientan en unas gradas, en medio de las cuales hay una cinta transportadora por la que pasan las capturas de las últimas horas de los barcos que descargan en la localidad portuense. No son muchos, apenas llegan a la decena. “Proveedor: Nuevo amanecer. Especie: Gamba blanca. Kilos: 6,4”, se puede leer en las pantallas, donde el precio se adjudica cuando, alguno de los compradores, pescaderos de la zona, pulsa el botón de su mando. Así se adjudica el género que luego venderán en sus negocios. Pero cada vez son menos los que compran en la lonja portuense. Hace unos años existían unos 1.200 pescaderos, ahora apenas llegan a 400 los que siguen acudiendo a estas instalaciones, bien porque cerraron sus negocios, bien porque ahora van a otras lonjas.

Los mayoristas de la lonja de El Puerto, en huelga. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

En apenas una hora se subasta todo. “Antes llegaban 90 o 100 barcos y en Sanlúcar unos diez, y ahora en aquella lonja, que es una décima parte que ésta, están metiendo 40 barcos y aquí llegan unos diez. ¿Qué está pasando”, se pregunta Alfonso Rendón, presidente de la asociación de vendedores de pescado del mercado de mayoristas de El Puerto (Asoven), quien apunta que la lonja portuense está perdiendo fuelle a costa de la sanluqueña. “Hay muchas trabas, aquí se fiscaliza todo, y los barcos prefieren irse a Sanlúcar”, dice Rendón, que pide que se implanten las mismas medidas en todos los puertos. La lonja sanluqueña, con la que más se comparan, por cercanía, no para de crecer, y en 2017 ya fue la segunda en volumen de capturas de toda Andalucía, solo por detrás de Isla Cristina (Huelva).

Una vez termina la subasta, comienza el mercado mayorista. Las seis y media de la mañana es la hora prevista para que los pescaderos puedan complementar su compra. Pero, cuando lavozdelsur.es visita la lonja pesquera de El Puerto, no es un día normal. Esta vez no hay camiones descargando el género. Ni prisas por presentarlo de la mejor manera posible. Ni negociaciones para acordar el precio. Ni pescado. “No se nos reconocen nuestros derechos adquiridos durante tantos años de venta”, dice Rendón. El motivo del parón que protagonizan los mayoristas de la lonja portuense es la salida a subasta de los 20 puestos que llevan manteniendo, algunos, desde hace décadas. La Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz (APBC) anunció en noviembre que se iba convocar un concurso para adjudicar la explotación de estos puestos en concesión administrativa —en lugar de la autorización administrativa, prorrogable cada tres años de forma automática, que existe actualmente—.

"No se ha negociado nada con nosotros", se queja la asociación de mayoristas de El Puerto

El pliego de condiciones recoge que, con esta nueva figura, las concesiones se otorgarán por un plazo de diez años, manteniéndose las tasas de ocupación y actividad —incluyendo en ésta última una rebaja progresiva del 0,1% entre el primer y el octavo año—, introduciendo la posibilidad de que un mismo licitador pueda explotar hasta dos puestos —de 50 metros cuadrados cada uno—, optando también a uno o dos locales del edificio B “para el desarrollo de actividades de apoyo al mercado mayorista” e incluyendo cada puesto una oficina, como hasta ahora. El 7 de marzo es la fecha límite para hacerle llegar al organismo portuario las solicitudes. La medida no ha sentado nada bien a los mayoristas. “No se ha negociado nada con nosotros, que hemos soportado años de crisis, malos tiempos, y creo que se nos debería reconocer”, apunta Alfonso Rendón, en representación de los vendedores. “Es una pena que ahora pueda llegar una empresa y se aproveche del trabajo que venimos haciendo durante tantos años”, agrega.

Antonio Parejo es de los más veteranos del lugar. Su padre, junto con el de Rendón y Manolo Montero, fue uno de los pioneros de las segundas ventas en la localidad, hace casi 40 años. “Compraba varias cajas de caballa para vendérsela a los pescaderos en la subasta de por la mañana”, recuerda este mayorista, que ha dedicado toda su vida al pescado. “Ahora temo por mi trabajo”, dice. “Llevo 38 años y en mi vida he visto este sector como está ahora”, señala. La idea de que una empresa pueda mejorar la oferta que ellos presenten y arrebatarle el puesto que han mantenido durante los peores años de la crisis le quita el sueño: “Este es el pan de mis hijos, si me lo quitan, ¿con 50 años dónde voy ya? Esto no son 20 locales, son 20 puestos de trabajo, son 20 familias comiendo”.

Un momento de la subasta de pescado en la lonja de El Puerto. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

“Esto lo hicieron nuestros padres, es injusto que podamos irnos a la calle después de tantos años”, dice Ernesto Marín, otro de los vendedores de la lonja portuense. “Si no podemos vender aquí, nos vamos al garete, los pescaderos van donde hay un atractivo, donde hay variedad”. Ahora, cuenta Ernesto, “se vende mucho menos pescado que hace unos años”. Él, que desde que en 1994 salió de la mili —servicio militar obligatorio—, lleva dedicado a este sector, gestionando el puesto que regenta su padre, por el que pagan, como el resto de mayoristas, el 1,40% de las ventas diarias a Autoridad Portuaria y un 0,7% por la gestión de cobro a una empresa que tiene adjudicado este servicio.

“La crisis ha sido muy dura. Esto es una cadena: si la María compra poco pescado, el pescadero compra poco y nosotros vendemos poco”, resume Ernesto, que también abona 2.000 euros de alquiler cada tres meses. Él, y el resto de mayoristas, se mantiene como puede, pero hay quien no pudo resistir. En la lonja también hay quien, después de regentar uno de los puestos, ahora trabaja como mozo para otras empresas. “Aquel puesto era mío y lo tuve que cerrar”, dice un empleado, que prefiere no dar su nombre, señalando al puesto en cuestión. Las ventas cayeron y, aunque llegó a tener seis trabajadores a su cargo, poco a poco los tuvo que ir despidiendo y se fue “a la quiebra”. “Una ruina, tuve que vender propiedades para intentar aguantar la crisis: camiones, una casa, una finca…”, relata. Otro empleado señala que “este sector absorbe, una vez entras no puedes salir de aquí”. ¿Por qué? Por las horas que le dedica todos los días. A las cuatro de la mañana ya está despierto, para llegar temprano a la lonja y, una vez ha vendido todo el pescado que ha podido, ir a la de Chipiona a por más género, y luego a la de Rota, que termina sobre las siete de la tarde. “Echo todos los días 16 horas, como dos turnos de trabajo”, dice.

Antonio Parejo, veterano mayorista: "Llevo 38 años y en mi vida he visto este sector como está ahora"

La subasta se realiza de forma telemática. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Asoven llegó a proponerle a la Autoridad Portuaria que ellos mismos podían gestionar el mercado de mayoristas, “pero no se fían de nosotros”, dice Rendón. El presidente de la asociación calcula que, durante 2017, pagaron unos 700.000 euros de tasas. “Estamos muy asfixiados”. Él también ha sorteado la crisis como ha podido. “Ha sido un varapalo muy grande, nosotros hasta junio del año pasado no empezamos a verle color, porque pedimos créditos y financiación exterior, ahora nos estamos poniendo al día las empresas”, explica. Justo cuando la Autoridad Portuaria “pone en peligro”, dicen, el futuro de sus puestos, que pueden perder a poco que haya ofertas mejores que las suyas. “Da la impresión de que quieren dejar morir la lonja”, dice Rendón, que se queja de que no los recibe el presidente de la entidad, el socialista José Luis Blanco, con quien lavozdelsur.es también ha intentado contactar sin éxito. "¿Qué modelo de gestión quieren para esta lonja?”, pregunta Rendón. “Nos hemos tenido que ir adaptando, sobreviviendo a base de despido de empleados, cierre de instalaciones, achicando los negocios para que fueran rentables, y ahora si llegan nuevas empresas se van a aprovechar de la venta que hay aquí, que es nuestra”.

José Antonio Cuevas es el gerente de Romero Cuevas, la única vendeduría de pescado que resiste en la lonja de El Puerto. Su empresa hace de intermediaria entre los compradores y los barcos. Él mejor que nadie puede hablar de la evolución del volumen de ventas en las instalaciones. “Hemos pasado de tener diariamente entre 40 y 50 barcos a los ocho o diez de ahora —de 1.000 cajas todos los días a 300—, es un declive que viene arrastrando de muchos años, porque no hay interés en que vaya para arriba”, apunta Cuevas, que también pone énfasis en los exhaustivos controles que se realiza al género que llega a la dársena portuense. “No pedimos que los quiten, sino que traten igual a todos los puertos”, dice. “Es importante que haya un buen control, una buena trazabilidad, que consumidor sepa lo que está consumiendo, pero que se haga en todos lados”, señala. Cuevas no es muy optimista y asegura que el puerto tiene “los días contados”, porque “la masa compradora se está yendo a otras lonjas”. Los barcos, dice el gerente de la vendeduría, “no quieren venir a El Puerto”.

El presidente de la Autoridad Portuaria, José Luis Blanco, firmaba en junio de 2011 una tribuna libre llamada Reflexiones portuarias, en la que afirmaba que “no sólo hay que medir la grandeza de un puerto por el tamaño de sus muelles, sino por su capacidad para generar competitividad, para mejorar la eficiencia y la productividad de la iniciativa privada (…) huelga decir que nada de esto será posible sin el apoyo ni el empuje de la comunidad portuaria y que, sin duda, será imposible si no aprovechamos las sinergias con otras autoridades portuarias porque juntas seremos más fuertes”. Unas afirmaciones que, seguro, comparten los vendedores del mercado de mayoristas.

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