Un crucificado del siglo XVI que vino de América, en peligro de extinción en El Puerto

La hermandad más antigua de Andalucía lucha desde la parroquia de San Joaquín de El Puerto por la conservación de la “reliquia” del Cristo de la Veracruz, así como por el futuro de una cofradía en apuros económicos

Javier Guerrero, hermano mayor de la Veracruz, con el cristo al fondo.
Javier Guerrero, hermano mayor de la Veracruz, con el cristo al fondo. Autor: Manu García

El Santísimo Cristo de la Veracruz agoniza en el altar de la Parroquia de San Joaquín en El Puerto. A sus espaldas lleva más de 300 años procesionando cada Viernes Santo por las calles de la localidad. La talla, sin fecha exacta, está datada en el siglo XVI. Llegó de América, tras el Descubrimiento. Y la talla se debilita con el paso del tiempo bajo la mirada de los cofrades de la Hermandad más antigua de Andalucía y la tercera más longeva de España.

“El Cristo está en muy mal estado, el material tan frágil con el que está realizado, la antigüedad y el hecho de sacarlo en procesión hacen que la imagen sufra y se deteriore”, explica Javier García, hermano mayor de la Veracruz desde hace tres años y cofrade de toda la vida que ya había ejercido este cargo en la Hermandad del Rocío.

En el interior de la iglesia, Javier mira al crucificado. El eco de su voz retumba mientras relata el origen de la escultura. “Lo mandaron hacer los Reyes Católicos para evangelizar a los indios de las tribus de América cuando se descubrió, los españoles lo hicieron con las mismas características que lo hacían allí”, detalla el que entró en la hermandad cuando hizo la comunión llevándole el agua a los costaleros, “de chiquitito, y mira cómo he acabado”.

Talla del cristo hecho de pasta de palma.
Talla del cristo hecho de pasta de palma. Manu García

El también costalero comenta que la talla está realizada con pasta de palma y es hueca por dentro, el rostro es la única parte que es de madera. “Esto se hacía según se dice para que pesara poco y lo pudiera portar una sola persona, por eso fue tan fácil traérselo a España”, dice Javier que asegura que no es el único en Andalucía, aunque desconoce el paradero del resto.

A este, le llaman el Cristo de las Aguas porque “hubo una sequía muy grande y los campesinos de Rota lo sacaron para que lloviera. Llovió tal cantidad de agua que lo dejaron en medio del campo y se fueron. Y los duques de Medinaceli fueron los que se lo encontraron y lo trajeron aquí al Puerto”.

Su antigüedad salta a la vista hasta el punto de que los costaleros durante la salida procesional deben portarlo de una forma concreta. “No podemos llevar un movimiento brusco, nosotros lo levantamos a pulso, no al cielo, muy despacito para que la imagen sufra lo menos posible”, comenta Javier que acabó a cargo de la cofradía “porque el Señor quiso”. Fue el obispado el que lo llamó para este cometido, salvar a la hermandad, que por entonces estaba embargada con casi 40.000 euros en deudas y al borde de su final.  

El cristo de la Veracruz en el altar de la parroquia de San Joaquín de El Puerto.
El cristo de la Veracruz en el altar de la parroquia de San Joaquín de El Puerto. Manu García

La talla está muy deteriorada y necesita una restauración. Javier la pide a gritos, pero no sólo por su devoción personal sino porque se trata de una reliquia histórica pendiente de poner en valor. “Es un patrimonio de Andalucía y de El Puerto que mucha gente desconoce”, dice con firmeza el que mueve cielo y tierra para salvar a la imagen titular.

Para realizar estos trabajos, la Delegación Diocesana es la que tiene la potestad de buscar un restaurador debido a la delicadeza de la talla. Alguien experto en el tema que la hermandad no puede elegir por cuenta propia cuyo trabajo costará un precio elevado. “Estamos dando pasos para ver si la Junta de Andalucía ayuda a través de unos proyectos de subvenciones para restauraciones que han sacado”, expresa Javier que ve como el terciopelo que adorna el altar se desmorona.

No sería la primera vez que esta talla se sometiese a las manos de un restaurador. Según los documentos que guarda la hermandad, se restauró en 1930. Años más tarde, en 1991, el cristo fue trasladado al taller del imaginero sevillano Manuel Hernández de León, el mismo que restauró a El Cachorro de Sevilla. Javier fue uno de los que le llevaba “con unos colchones dentro del camión”. El cofrade recuerda que una de las veces que fue a verlo “tenía nidos de ratones dentro, se hicieron un agujerito por detrás y por ahí se metían”.

Javier Guerrero durante la entrevista en la iglesia portuense.
Javier García durante la entrevista en la iglesia portuense.  Manu García

Sin embargo, antes de que la talla pase por su tercera restauración existe otro problema que atajar. “Antiguamente esto era una bodega, son muros muy grandes, el Cristo absorbe la humedad de la pared, hay veces que le paso la mano por detrás y está chorreando”, explica el hermano mayor. Por ello, pretenden acondicionar el camarín para evitar que el cristo vuelva a echarse a perder. Para Javier, “es una pena restaurarlo con este problema, sería para nada”.

De nuevo, la hermandad se topa con otra piedra en el camino. Don Guillermo, el párroco se opone rotundamente a realizar esta obra en el templo. “Le hemos dicho que correríamos con todos los gastos de aislar la parte de atrás, cerrarlo con pladur y ponerle un terciopelo nuevo, pero este hombre no entra en razón, tiene 86 años, son otras mentalidades”, explica el devoto que asegura que con “doce o trece personas lo hacemos en unas horas, no vamos a entorpecer nunca, a las 8 de la tarde va a estar la parroquia preparada para la misa”.

Santísimo cristo de la Veracruz.
Santísimo Cristo de la Veracruz. Manu García

Mientras tanto, no pueden restaurar el cristo “porque si no vamos a estar en las mismas”. Pero tampoco pueden iniciar la obra, no sólo por el desacuerdo del sacerdote sino también porque la situación económica de la hermandad no lo permite. “Aunque sea muy antigua es una hermandad muy pequeña con muy pocos hermanos”, lamenta quien piensa que la cofradía ha tenido “la mala suerte de haber caído en El Puerto. ¿imaginas Sevilla si tuviera la tercera hermandad más antigua de España? a esta no le faltaría de nada, pero aquí las instituciones no colaboran”, lamenta.

El hermano mayor luchará para la conservación de “la joya que tenemos” e intentará saltear todas las trabas tras largas jornadas de barras y fiestas en las barriadas para recaudar fondos. Si por él fuera, y la hermandad tuviese dinero, “mandaba un crucificado nuevo con las tecnologías que hay hoy en día de 3D, de madera maciza, y este se quedaba aquí porque esto es una reliquia, esto no es una cosa para estar para arriba y para abajo, y mira que nosotros tampoco le damos mucho jaleo”. Sus ideas resultan descabelladas para muchos “me dice la gente que estoy muy loco, pero yo lo haría”.

De momento, habrá que esperar para recuperar al crucificado que sale junto a Nuestra Señora del Mayor Dolor y San Juan Evangelista, sin la compañía de María Santísima de Consolación y Lágrimas, que lleva cuatro años en la iglesia. “El paso se partió, hicimos un sacrificio enorme para hacerle uno nuevo y ahora llega esto”. Javier se refiere a la pandemia, la que paraliza todo, la que ahoga.

La Hermandad de la Veracruz de El Puerto, historia y tradición

Los orígenes de la cofradía se remontan al año 1505 porque el primer documento fechado que conocen los hermanos es un recibo del pago de unas ánforas que tuvo lugar en esa época. Por aquel entonces, la congragación se asentaba en la antigua ermita de Santa Brígida hasta 1530, cuando se fusionó con la Hermandad de la Preciosísima Sangre de Cristo y se trasladó a la Capilla de la Sangre. Fue allí donde el primer cristo de la Veracruz, el primitivo, salió ardiendo.

Cristo primitivo de la hermandad que quemó en la capilla de la Sangre.
Cristo primitivo de la hermandad que quemó en la capilla de la Sangre. Manu García

Una talla de madera que custodia la hermandad en su sede actual, a la que se incorporó en 1943. Aunque sea la más antigua de El Puerto, no es la primera en procesionar con imágenes. En sus inicios se dedicaba a labores de caridad y atención de los enfermos.

El hermano mayor mostrando un cuadro de la procesión en los años 30.
El hermano mayor mostrando un cuadro de la procesión en los años 30. Manu García

Nota de la autora: el sacerdote diocesano de la parroquia de San Joaquín, Guillermo Camacho, falleció días después de producir este reportaje. 

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