La chiclanera que revela cómo un compuesto del aceite de oliva frena la inflamación en la artritis

Rocío Muñoz García encabeza una investigación de la Universidad de Sevilla que demuestra el efecto de la oleaceína sobre células articulares y su influencia en la regulación genética de la inflamación

Rocío Muñoz, la investigadora principal de este estudio que vincula aceite de oliva contra la artritis.
05 de abril de 2026 a las 08:47h

Un compuesto natural presente en el aceite de oliva virgen extra ha demostrado capacidad para frenar la inflamación en células articulares humanas, según un estudio desarrollado en la Universidad de Sevilla. La investigación, centrada en la oleaceína, refuerza su potencial como estrategia nutricional de apoyo en enfermedades inflamatorias crónicas como la artritis, una patología caracterizada por procesos inflamatorios persistentes que pueden deteriorar de forma progresiva las articulaciones.

El estudio ha contado con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, en el marco del proyecto Funcionalidad del aceite de oliva virgen extra en la prevención de la artritis psoriásica: implicaciones epigenéticas, liderado por la doctora Marina Sánchez Hidalgo. Asimismo, ha recibido apoyo del proyecto Secoiridoides del olivo en la terapia nutricional de la artritis reumatoide: implicaciones epigenéticas y metabolómicas, financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) y dirigido por la doctora Catalina Alarcón de la Lastra, ambas responsables de la dirección de este trabajo de investigación.

La chiclanera, trabajando en el estudio. FERNANDO VÁZQUEZ

El trabajo, publicado en la revista Food & Function, se ha llevado a cabo en un modelo in vitro con células sinoviales humanas, las encargadas de recubrir el interior de las articulaciones y participar directamente en la respuesta inflamatoria. Los resultados muestran que este compuesto no solo reduce dicha reacción, sino que también influye en los mecanismos que regulan la actividad de determinados genes implicados en estos procesos.

La investigación ha sido liderada por la científica de la Universidad de Sevilla Rocío Muñoz García, quien enmarca el estudio en una trayectoria consolidada de las investigacoras. "El trabajo se ha realizado apoyada por mis directoras, que son las que consiguen la financiación. Los grupos de investigación que participan tienen muchísima experiencia con el aceite de oliva durante muchos años en enfermedades, no solo en artritis, sino también en otras enfermedades inflamatorias e inmunomediadas", explica.

Rocío Muñoz es docente e investigadora de la Universidad de Sevilla. FERNANDO VÁZQUEZ

Según detalla la investigadora, el origen del estudio se encuentra en trabajos previos centrados en el aceite de oliva en su conjunto. "Se estudió el aceite de oliva en suplementación dietética, siempre en animales de experimentación, y con los nuevos proyectos decidimos probar estos compuestos activos. Decidimos profundizar en los posibles compuestos bioactivos presentes en el aceite de oliva y de ahí surgió este estudio, que de hecho fue parte de mi tesis doctoral", señala.

La oleaceína pertenece al grupo de los polifenoles, compuestos con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. "El aceite de oliva no es solo la oleaceína, tiene muchos componentes activos. Estos compuestos ya se han descrito como antiinflamatorios, y en el aceite de oliva hay dos principales, la oleaceína y el oleocantal. Con este último ya se habían obtenido resultados muy efectivos y decidimos probar la oleaceína para ver si también tenía estas actividades", afirma.

Para evaluar su efecto, el equipo diseñó un experimento con tres grupos de células: uno en condiciones normales, otro con inflamación inducida mediante la citoquina IL-1β —una molécula del sistema inmunitario que actúa como señal de alarma— y un tercero tratado previamente con oleaceína antes de activar esa respuesta inflamatoria. Los resultados mostraron que las células tratadas con este compuesto presentaban una reducción significativa de los marcadores asociados a la inflamación y al deterioro del tejido articular.

Muñoz, en el departamento de Farmacología de la Facultad de Farmacia. FERNANDO VÁZQUEZ

"Lo que vimos es que el compuesto consigue reducir de forma significativa varias de las señales biológicas que indican que la inflamación está en marcha. Eso se traduce en que la reacción de las células tratadas fue menor", explica Muñoz García. En este sentido, subraya la importancia de estos hallazgos en enfermedades como la artritis, donde "el sistema inmune ataca a las propias articulaciones, generando un proceso inflamatorio bastante intenso".

Uno de los aspectos más novedosos del estudio es su enfoque en la epigenética. "Antes nos centrábamos mucho en el perfil inflamatorio, en cómo suben y bajan los marcadores, pero aquí nos hemos centrado también en la epigenética. Regula cómo se expresan los genes: aunque el gen esté ahí, estos marcadores deciden si se expresa o no", explica. En este sentido, la investigación sugiere que la oleaceína podría intervenir en ese sistema de regulación interna de la célula.

A pesar de los resultados, la investigadora insiste en que se trata de un estudio preclínico. "Este compuesto no es la panacea, siempre hace falta una medicación base, pero sí que podría plantearse como suplemento", afirma. Además, advierte de que obtener cantidades suficientes de oleaceína a través de la dieta resulta complicado, ya que está presente en bajas proporciones en el aceite de oliva, lo que abre la puerta a su posible desarrollo como complemento alimenticio.

Mucho camino por delante

El siguiente paso será avanzar hacia modelos más cercanos a la práctica clínica. "Lo ideal sería seguir comprobándolo en animales, en células de pacientes reales y, en un futuro, plantear una intervención nutricional, pero para eso queda mucho. Es un proceso largo, con muchas fases", señala. La investigadora también reivindica el valor de la ciencia y sus tiempos: "Mucha veces la investigación no recibe la importancia que merece, los recursos son escasos y trabajamos al máximo con los medios disponibles".

La investigadora gaditana seguirá indagando en este descubrimiento. FERNANDO VÁZQUEZ

En el plano personal, Muñoz García reconoce que su interés por este campo tiene un origen cercano. "Mi madre tiene artritis reumatoide. Cuando estudié Farmacia y conocí al grupo de investigación liderado por la doctora Catalina Alarcón de la Lastra, que trabajaba con aceite de oliva y enfermedades inflamatorias, decidí probar y aquí sigo diez años después", relata. Actualmente compagina su labor investigadora con la docencia universitaria, donde también tutoriza a nuevos investigadores en el grupo de investigación liderado por la doctora Marina Sánchez Hidalgo.

Además, destaca la presencia de estudiantes de la provincia de Cádiz en este ámbito científico. "La Universidad de Sevilla está llena de gaditanos. En Cádiz no hay Farmacia, así que muchos venimos aquí o a Granada. Al final te quedas donde haces la investigación, donde está tu entorno y los grupos que conoces", explica. Un ejemplo, añade, de cómo el talento local se integra en proyectos científicos que buscan mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas.

Sobre el autor

Francisco J. Jiménez

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