La historia de Federico Prat, hijo del recordado Joaquín Prat y Marianne Sandberg, ha vuelto a situarse en el foco mediático tras años marcados por la adicción y la ruptura familiar. El tercero de los cuatro hermanos reside desde hace tiempo en La Línea de la Concepción (Cádiz), donde asegura haber dejado atrás su pasado con las drogas, aunque su situación actual refleja un escenario de exclusión y vulnerabilidad. Según ha relatado, su vida dio un giro tras probar la cocaína hace aproximadamente quince años, iniciando un proceso del que ahora afirma estar recuperado.
En los últimos días, las declaraciones de sus hermanos han evidenciado el problema familiar. El presentador Joaquín Prat manifestaba públicamente su desesperación al afirmar: "A mí no me quedan lágrimas para llorar. A ver si despiertas de una vez, hijo, a ver si despiertas", mientras Alejandra Prat expresaba entre lágrimas que "duele mucho". Estas palabras han tenido respuesta directa por parte de Federico, quien ha expuesto su realidad actual: "Duermo en un cajero y necesito dinero para alquilar una habitación y asearme".
En declaraciones a Área Campo de Gibraltar, Federico ha defendido que su etapa con las drogas pertenece al pasado. "Yo ya no tengo ningún contacto con las drogas como se dijo en el programa de Ana Milán en el canal Cuatro. Hace bastante tiempo dejé la adicción porque no llevaba a nada". ha asegurado, insistiendo en que su situación actual no responde a un problema de consumo, sino a una falta de recursos y apoyo.
Federico ha añadido: "No tengo ninguna ayuda de mi familia, ahora duermo en un cajero de La Línea. Lo estoy pasando bastante mal. Hay peligro porque hay gente que no es de La Línea y me viene a robar". Frente a su situación, sus hermanos sostienen que han intentado ayudarle en múltiples ocasiones sin éxito. Federico lo niega de forma tajante: "No, no es verdad que lo han intentado todo. Si lo hubieran intentado todo, no me hubieran dejado en la calle con la situación que estoy pasando".
En su relato, también reivindica el apoyo recibido por parte de vecinos de la zona: "Me vine hace 12 años gracias a un amor en Campamento y decidí quedarme porque la gente de La Línea es muy buena y me ayuda día a día. Ningún día me ha faltado nada y me dan para comer. Me han dado ropa y abrigos".
