Un camping "super tranquilo" en Conil que planta cara al invierno: "La caravana tiene mucha vida"

Este pinar con bungalós y zona de autocaravanas de Conil espera la llegada de los huéspedes centroeuropeos en una temporada donde la presencia de las familias de otros puntos de España solo se nota en fin de semana

Enrique durante la entrevista en el camping Conil.
Enrique durante la entrevista en el camping Conil. MANU GARCÍA

Silencio. La naturaleza respira a 3 kilómetros de la playa. En un coqueto pinar autóctono tan solo se escucha el piar de los pájaros y el choque de las ramas. El enclave donde las risas de los niños invadían la piscina o un padre charlaba con otro mientras se lavaba la cara, está vacío, despojado del gentío veraniego. El camping Conil, adherido a la Federación Andaluza de Campings, está en plena temporada de otoño. Las vacaciones estivales se esfuman y el personal de mantenimiento aprovecha para cuidar el pulmón verde donde este miércoles descansan dos clientes madrileños.

Al fondo, un matrimonio mayor ha instalado su caravana con avance y carpa cenador. Acaban de salir hace un rato para dar un paseo por la playa y comer por lo que no queda ningún huésped en el lugar. “Ahora parece casi una finca particular”, comenta Enrique Laorden, encargado de este pequeño espacio de ocio al aire libre que cuenta con 120 parcelas, 8 bungalós, una zona para autocaravanas y dos edificios de aseos.

Entrada del camping Conil.
Entrada del camping Conil.   MANU GARCÍA

El anfitrión, natural de Burgos, vive en sus carnes los vaivenes de las temporadas donde el frío aprieta y las lluvias no acompañan. Lleva unos 30 años trabajando en campings de toda España, tanto de interior como de costa, y ya está acostumbrado a la dinámica. A él no le extraña que en estas fechas pueda estar más tranquilo. “El restaurante, el supermercado y la piscina están cerrados, ahora no tienen uso”, dice el veterano de las acampadas mientras camina por el recinto solitario donde aterrizó hace un año.

“Este año está siendo muy tranquilo porque todavía el turismo internacional no llega”

Fue en plena pandemia cuando la familia que inauguró uno de los campings acondicionados de la zona, con más de 20 años a sus espaldas, se jubiló dejándolo en manos de la cadena campingred, con más de una veintena repartidos por el territorio nacional. Desde entonces, “la idea es volver a lo que es una explotación de un camping tradicional, pero con servicios del siglo XXI”. Además, también se proponen mantenerlo abierto todo el año, no solo cuando aprieta el calor, objetivo que necesita “ir haciendo reformas e ir modernizándolo”.

Caravana de los clientes madrileños.
Caravana de los clientes madrileños. MANU GARCÍA
Alojamiento de los clientes.
Alojamiento de uno de los clientes. MANU GARCÍA

Bajo la sombra de los pinos, que “se está de lujo”, Enrique cuenta a lavozdelsur.es que, en estas fechas, buscan atraer al público centroeuropeo senior, jubilados que pueden disfrutar de un remanso de paz a escasos minutos de las playas kilométricas de Conil o las calitas de Roche. Para este tipo de clientes, la temperatura “es un paraíso, este clima es una joya”. Enrique habla con conocimiento de causa. Hace unos días un alemán estaba dispuesto a bañarse en la piscina si hubiese estado abierta.

Pero este año, los extranjeros se resisten, aún no han llegado. “Por el covid, se habla de una sexta ola, todavía no arrancamos, esa fluidez que ha habido hasta ahora está costando”, dice el burgalés mientras una agradable brisa acaricia su cara. El sol hace que entorne los ojos. “Este año está siendo muy tranquilo porque todavía el turismo internacional no llega o lo hace muy puntual”, comenta el encargado, que en esta temporada también suele ver familias los sábados y domingos. “El turismo nacional siempre se mueve un poquito los fines de semana, desde Cádiz, Sevilla o Huelva, es cuando tiene más vida”.

El encargado muestra los bungalós de las instalaciones.
El encargado muestra los bungalós de las instalaciones. MANU GARCÍA

Los puentes largos también suelen ser fechas más concurridas. Según cuenta, “los madrileños o vascos que vienen en verano ya no se ven hasta que no haya un puente”. Con las vistas puestas en el puente de la Constitución, si el clima lo desea, el camping se prepara para recibir familias en los bungalós o autocaravanas, los servicios que más funcionan en esta temporada. “La caravana tiene mucha vida. Aquí hay un ambiente muy familiar, la mayoría vienen con niños”.

“El turismo nacional siempre se mueve un poquito los fines de semana”

Las sensaciones de Enrique retumban en la quietud de la zona donde hace poco se celebró una velada de Halloween y otras actividades. Está convencido de que “no hace falta montar un gran circo para disfrutar”. Sin embargo, todo se perdió cuando la pandemia irrumpió en la provincia. El complejo cerró sus puertas hasta que este verano el camping ha vuelto a revivir y “ha funcionado bastante bien”.

Interior del bungaló en el camping conileño.
Interior del bungaló en el camping conileño. MANU GARCÍA
El veterano en el sector comparte sus impresiones en esta temporada.
El veterano en el sector comparte sus impresiones en esta temporada. MANU GARCÍA

Durante los meses de junio a septiembre, los pequeños han correteado y se han visto a personas jugando en la pista de pádel. Cuando todos se han ido, Enrique se ha quedado y ha notado ese contraste brusco que trae cada mes del año. Su trabajo, donde prima la atención al público, se guía por las temporadas. “En verano es sacrificado, es una entrega total al trabajo desde primera hora de la mañana, hay que coordinar al equipo, atender las quejas, comentarios y aportaciones”, explica.

En cambio, en otoño e invierno toca relajarse. “Cuando va menguando la ocupación aprovechamos para tener un poco de tiempo libre y recuperar nuestra vida personal” dice tras un periodo intenso. En este tiempo, el camping también se encarga de hacer reformas y mejoras como la modificación de la cafetería-restaurante.

Uno de los bungalós del camping Conil.
Uno de los bungalós del camping Conil. MANU GARCÍA

De momento, el fin de semana que viene se presenta “super tranquilo”. Acaba de pasar Tosantos y pronto La Inmaculada asomará la cabeza. “El camping tiene una vida que cambia mucho”, añade Enrique, recordando el ajetreo en este día de calma.

Camina entre los pinos mientras muestra los recovecos del recinto al que no le faltan detalles para que la estancia sea impecable. Para él, además del cuidado permanente, la “parte social es vital”, un aspecto de la convivencia fundamental en esta forma de pasar las vacaciones. “Algo que caracteriza a los campistas es la capacidad de poder compartir, aquí se socializa mucho. Al final se van creando vínculos y se hacen grandes amistades”, comenta el burgalés. Desde Conil, espera poder dar la bienvenida a las familias en estos tiempos inciertos donde un plan en plena naturaleza es una alternativa para escapar del bullicio urbano, haga frío o calor.

Sobre el autor:

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Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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