González Obregón: La única taberna sin barra, que en realidad es una bodega

José Luis González Obregón, nacido en El Puerto de Santa María en 1905, fue el fundador de este negocio familiar que comenzó en 1935 y que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, a través de varias generaciones

Manuel González y su hijo Álvaro en el interior de la bodega.
Manuel González y su hijo Álvaro en el interior de la bodega. JUAN CARLOS TORO

Cuatro generaciones avalan a esta singular bodega, taberna o despacho de vinos, según la época, situada en el barrio Alto de El Puerto Santa María, donde la solera se adivina conforme te aproximas a su puerta. Bodegas González Obregón cría sus caldos en botas de roble sobre albero, como marca la tradición, vende sus vinos a granel y  sirve durante el fin de semana el perfecto condumio para paladares disfrutones. No estamos ante un tabanco, sino ante un bodegón, que se inauguró en 1952 en la calle Arenas, pasó a la calle Zarza en 1954, y que lleva registrada en el Consejo Regulador desde 1935.

La mañana después de reyes, Álvaro González Rodríguez, copropietario de la bodega junto a su hermano Jaime, recibe a lavozdelsur.es con el buen trato al que acostumbra con su clientela. Algún parroquiano se encuentra tomando la primera copita para entrar en calor, a pesar del lluvioso día. El despacho queda a la izquierda, ahora con un pequeño mostrador por las medidas de seguridad del covid, pero no encontramos barra a la vista. Continuamos por un pequeño patio donde reposa una espigada parra que antecede a la zona de crianza. Es de las pocas bodegas, sino la única en el Puerto que tiene suelo de albero bajo sus botas. “El del fondo lo trajimos directamente de la plaza de toros”, comenta Álvaro señalando una pequeña zona de crianza que se dispone al final de las mesas.

Un golpe de interruptor descubre la habitación contigua al comedor donde se encuentran las más de 200 botas de roble en las que envejecen y reposan los vinos de González Obregón, "algunas de ellas superan el siglo y medio de antigüedad". Su copropietario bromea diciendo que él, como quien dice, ha nacido en una bodega. “Cuando me preguntan qué hago aquí, respondo que de todo. Porque los fines de semana puedo hacer de cocinero, entre semana estoy en el despacho de vinos, cuando hay que hacer trasiego también estoy… Es lo que he aprendido desde pequeño”, afirma con cierto modestia. Su hermano Jaime se dedica más a la parte administrativa y él se dedica al trabajo puramente bodeguero, aunque reconoce que los fines de semana “todos hacemos lo que haya que hacer”.

Estos hermanos son hijos de Manuel González Verano, el anterior propietario de la bodega, que todavía sigue bregando con el negocio; nietos de Rodrigo González García, padre de Manuel y segunda generación de la bodega, hasta llegar a su fundador, José Luis González Obregón, tío abuelo de Manuel, el padre de Álvaro y Jaime. Cuatro generaciones de bodegueros que han sabido adaptarse a los cambios y adversidades que presentaban los nuevos y pretéritos tiempos. Álvaro relata que José Luis González Obregón (1905-1995) fundó en 1935 la empresa Bodegas Obregón S.L. y que los inicios fueron como despacho de vinos. “El único punto de venta era en la calle Zarza y la bodega central, donde estaba la crianza de los vinos, se encontraba en  la calle Santa Fe. Luego había otra en la calle Arenas, donde estaban los brandys y los embotellados”, explica. Todo en una misma manzana. “Eran otros tiempos, luego se fueron vendiendo y finalmente nos quedamos con la actual bodega, a la que por una cuestión evolutiva y de adaptación, le añadimos la taberna”, expresa.

Álvaro despacha el vino a granel.
Álvaro despachando su vino a granel. Autor: Juan Carlos Toro.

El germen de este negocio se remonta décadas atrás, cuando José Luis González Obregón, que fue capataz general de Jiménez Varela, donde ahora está Bodegas Real, “decide emplear toda su sapiencia en abrir su propia bodega”, cuenta Álvaro. Durante la conversación aparece Manuel, su padre, que andaba “liado con los libros de alcoholes por un descuadre de dos litros de vino, que me viene arrastrando desde el trimestre pasado”, anuncia tras disculparse. Parece que el oficio no se descuida ni jubilado. De su tío abuelo cuenta que “era una de las personas más listas que había en el Marco de Jerez, con unos grandes conocimientos de los vinos para esa época, ya que fue un ratón de vista y oído de las bodegas”. Y espeta con estima: “sabía hacer cualquier tipo de vino en la copa al momento, manejaba muchísimo el sentido del olfato, una tradición que tomé de mi padre y de él”. Los inicios de la bodega tuvieron muy buena acogida gracias al prestigio del que gozaba González Obregón, tras haber sido capataz general de una de las bodegas más respetadas del momento.

En los años 60, la bodega pasó a Rodrigo González García, abuelo de los actuales copropietarios, que también trabajó en las bodegas de Jiménez Varela. "Mi abuelo no era tan conocedor de los intríngulis del vino, pero era muy trabajador y de mente más abierta", acierta su nieto, "pensaba en los brandys, en los licores y en el cacao, y fue el que abrió la taberna, además de empezar a vender a los bares y a otras bodegas". También fue el encargado de dotar al lugar de cierto carácter taurino a través de la decoración, una costumbre que ha continuado Álvaro. Manuel, hijo de Rodrigo y tercera generación bodeguera, sigue la línea de su padre, aunque Álvaro lo considera "un crack" tanto en el negocio como en los vinos. Es quien crea la marca de almacenistas Obregón. "Esto nos ha traído cierto caché a la bodega, ya que almacenamos a Bodega Lustau de grupo Caballero, y es a su vez una manera de introducir nuestros vinos en el mercado internacional", matiza su copropietario. 

Bodegas Obregón pertenece al Consejo Regulador del jerez y solo tienen "crianza biológica, que son el fino y los oxidativos: amontillado, oloroso, palo cortao y Pedro Ximénez", explica Álvaro. En el caso de los moscateles los traen directamente de su zona autóctona, Chipiona, y únicamente lo comercializan. "El 70% de las barricas contienen fino y el resto es de crianza oxidativa", apunta. Manuel añade que "todas están llenas, no hay ninguna de decoración, la bodega debe estar siempre llena", insiste. La demanda de los vinos va en consonancia con la época del año. "En Navidad el vino dulce vuela, pero cuando llega la primavera empiezan a pegar fuerte los vinos de crianza biológica. También por la feria, pero curiosamente están en su mejor momento. En esa época funcionan muy bien también los semidulces: cream, médium...", detalla Álvaro, que confirma el auge de los vinos de Jerez, "sobre todo de Despeñaperros para arriba, ya que aquí se le sigue dando poco valor y es una pena".

Retrato José Luis González Obregón, fundador de la bodega.
Retrato José Luis González Obregón, fundador de la bodega. Autor: JUAN CARLOS TORO
El fuerte de esta bodega es, claramente, la venta a granel. "Se vende bastante bien al público, aunque también vendemos a bares y a restaurantes para las cocinas". Se ofertan todos los vinos (fino, cream, amontillado, oloroso, moscateles blanco y negro, Pedro Ximénez… )."Menos el palo cortao que sí lo tenemos embotellado", apunta Álvaro, que recuerda que en la línea de embotellados se puede encontrar "fino La Draga, de mayor calidad, con cinco años de crianza frente a los tres del granel". Además, recuerda "el cream JL, el moscatel, el Pedro Ximénez, y el oloroso, que también son una gama superior al granel, por sus años de crianza". 

A pesar de no tener barra, los fines de semana y festivos ofrecen comida tradicional que preparan en una pequeña cocina en el interior de la taberna. "Tenemos ajo caliente, berzas, menudo, carne al toro, carrillada, rabo de toro, papas aliñás", enumera su ideólogo, que destaca la elaboración al instante, ya que "no hay neveras ni frío y casi todo son guisos calientes". El sábado es el día fuerte de reclamo gastronómico, afirma Álvaro, quien propuso la idea y lamenta su bajada por la irrupción del coronavirus. Durante el confinamiento severo, Álvaro y Jaime se dedicaron a no perder el contacto "con el de la botella". Iban a la bodega a por vino por algunos clientes de toda la vida. "El tema con los clientes roza muchas veces la amistad, estábamos pendiente de ellos, le escribíamos por si les hacía falta algo y se lo acercábamos a su casa con todas la medidas de seguridad", recuerda Álvaro. "Nos vestíamos de romanos e intentábamos hacer un servicio más que un negocio, porque al fin y al cabo, tres o cuatro euros, tampoco solucionaban nada", asegura. “Por la edad media del cliente voy a más entierros que casi a cumpleaños, y eso también lo sufrimos. Aunque también vamos a muchas bodas de hijos de clientes, de los propios clientes, a cumpleaños… Se crean unos lazos muy bonitos en este oficio", pondera.

Carli, empleado de la bodega, prepara las botellas con vino a granel.
Carli, empleado de la bodega, prepara las botellas con vino a granel. Autor: Juan Carlos Toro.
Colas en el interior de la bodega esperando el vino a granel.
Colas en el interior de la bodega esperando el vino a granel. Autor: Juan Carlos Toro.

Sobre el relevo generacional bodeguero, Álvaro reconoce que en la zona del marco de Jerez y Cádiz se están abriendo los brazos a otro tipo de vino: los blancos, los vinos de tierra de Cádiz, vinos de autor… "Es muy positivo porque son gente joven y el Consejo Regulador del Jerez, que es un poco arcaico y está muy encorsetado en el sota, caballo y rey, no se quiere pringar", tercia. "Confío en la regeneración, como puede ser nuestro caso, provocada por la llegada de nuevas generaciones, y espero que el Consejo Regulador evolucione y acepte vinos que no sean encabezados, de cosecha del año que se puedan vender, o que acepte que se pueda hacer un vino dulce de palomino", comenta. "Ciertas cosas, que como purista del marco de Jerez del sherry con la uva, por ejemplo, pienso que con la uva palomino, que es la uva por excelencia del consejo, se pueden hacer muchas más cosas. No solo fino y amontillado… Confío en que se permita hacer en un futuro, porque de hecho ya se está haciendo”.

Al hilo lamenta que "si se frena a la gente joven que llega con ideas, finalmente se van fuera o a otras denominaciones donde tienen libertad de trabajo con reconocimiento institucional". "Creo que al final se abrirán esas puertas que todos los jóvenes del marco de Jerez estamos reclamando con la voz chica”, expresa. A propósito de la profesionalización del vino, Álvaro incide en que "el Jerez tiene unos patrones muy finos y definidos, y que gracias a la incorporación de personas más especializadas y estudiadas, como los enólogos, nos están enseñando mucho, sobre todo en el adelantamiento de los procesos". Su padre interviene y dice que su tío abuelo decía que "los enemigos de las bodegas eran las batas blancas", refiriéndose a los químicos, ya que en las primeras décadas del siglo XX, el químico en las bodegas era el propio capataz general.

Manuel, tercera generación, no es bebedor y tiene un olfato tan fino como el vino que cría. Lo aprendió de su tío abuelo y su padre, y asegura que la bodega "es un negocio precioso". Se sorprende de cuánto ha cambiado la tradición vinícola en El Puerto: "Por desgracia, somos de las poquitas bodegas que quedan, aquí la cosa está realmente mal, fíjate que Osborne tiene todos los finos envejeciéndose o criándose en la Bodega González Byass y Grupo Caballero se ha llevado todos los vinos finos a Lustau de Jerez, así que las bodegas con más existencias de vino fino en El Puerto en la actualidad somos Gutiérrez Colosía y nosotros".

Manuel oliendo uno de sus finos.
Manuel oliendo uno de sus finos. Autor: Juan Carlos Toro.

Esta familia llega a la bodega a las siete de la mañana para cuidar de sus vinos, pues la faena no se limita al horario comercial y en las botas hay vida. "Hay que observar los vinos por si han perdido el velo de la flor y empiezan a oxidarse, por si hay un salidero...", comentan padre e hijo, quienes reconocen que las inspecciones son muy estrictas y hay que estar al día con todo. 

Manuel, por su parte, se muestra encantado a la par que soprendido, por el interés y el conocimiento de los extranjeros sobre el vino . "Antes del coronavirus venían muchos americanos y alemanes, y a veces les preguntaba que si los mandaba la oficina de turismo, pero me decían que venían gracias a una guía, editada en alemán, que recomendaba Bodegas Obregón", comenta con ilusión. Su hijo lamenta en este sentido que "la gente de aquí" no sienta ese mismo interés, aunque destaca que la bodega cada vez es más conocida y agradece la evolución de la clientela. "Antiguamente estaba lleno de hombres mayores con su vasito y ahora viene mucha gente joven y, además, desde hace 15 o 20 años también se incorporaron las mujeres, ya que antes solo venían a por vino para cocinar e incluso ni eso, mandaban a sus hijos a que lo compraran", asegura.

Álvaro tras el mostrador que han tenido que habilitar para mantener la distancia de seguridad.
Álvaro tras el mostrador que han tenido que habilitar para mantener la distancia de seguridad. Autor: Juan Carlos Toro.

“Hemos cambiado a mejor. Llevamos muchísimos años ofreciendo a los clientes el producto que ellos quieren y la calidad de nuestros vinos está amparada por el consejo", apremia Manuel. Sobre los avances tecnólogicos, como tercera generación, Manuel también los considera positivos, a pesar de ser de la vieja escuela del gusto y el olfato. "La primera materia que llega del vino la enviamos al laboratorio y nos hacen una radiografía para que lo adaptemos a nuestras necesidades y a nuestro estilo", afirma al que "cualquier líqudido" que le llega al paladar puede detectarle "rápidamente si tiene algún tipo de defecto".

Manuel guarda para el final de la conversación una explicación sobre las reticencias con el vino a granel, que en ocasiones se consideran caros respecto al embotellado comercializado, partiendo de la base de que un litro de cream, por ejemplo, en bodegas Obregón sale a 4,70 y una botella en una cadena de supermercado sale a 2,30. "Si un litro de vino tiene 0,31 céntimos de impuestos de alcohol, siempre que hablemos de vino fino, o si resulta que es vino de más de 15 grados, que tiene 0,63 céntimos de impuestos de alcohol. Métele ahora el 21% de IVA, métele la distribución, métele el embalaje, métele la botella…. ¿Cuánto vale el líquido?" , se preguinta el padre. "Nosotros no hacemos competencia desleal al ponerlo más caro, sino que ponemos en valor nuestro producto", añade su hijo. El gusto por el oficio y las cosas bien hechas, persiste en González Obregón, generación tras generación.

Fino al trasluz .
Fino al trasluz. Autor: Juan Carlos Toro.

Sobre el autor:

Carmen Marchena

Gaditana. Periodista feminista por vocación y compromiso. Empecé en las redacciones de Ideal Granada y Granada Hoy. He pasado por eldiario.es/Andalucía. Parte de El Salto Andalucía desde sus inicios. Tengo dos ídolas: mis abuelas Carmeluchi y Anita. Defensora de los Derechos Humanos y la Memoria. Sin más dilación, papas con choco o barbarie.

… saber más sobre el autor

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído