El grito de auxilio de las pequeñas bodegas de Jerez: "Ahora miro la agenda y me da algo"

Juan Carlos Gago, de Fernández Gao, y Jaime González, de Faustino González, relatan cómo viven el inicio de una crisis que no sabe cómo acabará. De momento, las ventas han caído estrepitosamente

Jaime González, de bodegas Faustino González, junto a algunas botas. FOTO: MANU GARCÍA
Jaime González, de bodegas Faustino González, junto a algunas botas. FOTO: MANU GARCÍA

Juan Carlos Gago, en condiciones normales, estaría pasando estos días con el estrés de organizar las numerosas visitas que solicitan —sobre todo turistas— a su bodega en esta época del año, organizando pedidos, y contando los días para Vinoble, el salón internacional de los vinos nobles, una oportunidad única para hacer contactos y que le sirve de escaparate para sus vinos. En lugar de eso, se afana en reordenar las instalaciones de las bodegas Fernández Gao, de la que es director técnico desde hace cuatro años.

“No tenemos ventas, intentamos hacer algo online, pero se vende poco”, cuenta Gago a lavozdelsur.es. El sector bodeguero lleva unos meses de infarto. Primero fue el Brexit y la incertidumbre de saber cómo quedarían las relaciones comerciales con uno de sus principales mercados, el británico. Después los aranceles de Trump, que finalmente quedaron en un susto, y para rematar, el coronavirus, que ha dado al traste con las previsiones que pudiera tener el sector para este año. Más de 30,6 millones de litros de vino se vendieron en 2019. Este año la cifra será sensiblemente inferior.

“Para nosotros los meses entre marzo y junio son los más fuertes en el sector del vino, es cuando más visitantes tenemos, cuando hay más ferias… Ha sido un buen batacazo. Ahora miro la agenda y me da algo, no quiero ni abrirla”, cuenta Juan Carlos Gago, quien continúa la saga de una bodega fundada en 1750 —es una de las más antiguas del Marco de Jerez—, ahora con una imagen moderna y renovada, dirigida a un público más selecto. “El producto es de calidad media-alta, se dirige a un nicho diferente”, cuenta, pero al mismo tiempo constata que “la economía se ha resentido para todos los bolsillos”, por lo que las ventas han caído muchísimo. Su ventaja es que son una bodega almacenista. “Tenemos vinos que van envejeciendo —en las 260 botas con las que cuenta— y criándose, no tenemos embotellado”, relata.

Juan Carlos Gago, director técnico de bodegas Fernández Gao. FOTO: MANU GARCÍA

“Vamos a tardar en recuperarnos”, vaticina Gago, que ha tenido que aplicar un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) a sus cinco empleados, por cese de actividad. “Aun no hemos recibido ayuda”, señala, ni tampoco pueden continuar las prácticas los estudiantes con los que contaba la bodega, donde se trabaja estos días con guantes, mascarilla y respetando las medidas de seguridad. “Sanidad nos llamó para preguntarnos si tomamos las medidas adecuadas. En realidad podíamos estar abiertos porque somos servicio esencial, pero no tiene sentido, nuestras mayores ventas proceden del turismo, y ahora no hay”.

Gago, después de una Navidad en la que las ventas se resintieron, da el año “por perdido”. “Lo peor que nos puede pasar es que haya un rebrote después de verano”, dice. La apertura paulatina de los restaurantes puede hacer que las ventas repunten un poco, pero no confía mucho en ello. “Este año era optimista, íbamos a presentarnos a concursos, pero ya no se harán…”, se lamenta. El inicio de las exportaciones es otra de las vías de escape de pequeñas bodegas como Fernández Gao, que ya exportaba a Japón y que pretendía hacerlo ahora a Suecia.

Jaime González, uno de los hijos del fundador de las bodegas Faustino González, comparte la preocupación de Gago. “Somos una minibodega, los vinos son grandes, pero la bodega es modesta”, explica, por eso siente con más fuerza el varapalo de esta crisis que acaba de comenzar. “Son tiempos muy difíciles”, sostiene, en los que la actividad en la bodega está prácticamente paralizada. Ahora están centrados en la viña, donde se trabaja “a máximo rendimiento” en las siete hectáreas que regenta la bodega Faustino González.. “Afortunadamente ha llovido en marzo y abril y ha salvado el campo en general”, relata, pero “las faenas no se paran” en la labor “más costosa” del proceso de elaboración del vino”. “Hay un dicho que dice: la viña y el potro que lo críe otro”, expresa González. "Pues eso".

“Hemos tenido un buen arranque de año en cuanto a ventas y eso nos ha dado un colchón para seguir funcionando, pero no sabemos qué va a pasar”, explica el gerente de una firma cuyos ingresos mensuales se han reducido un 80%, calcula. “Nos estamos apretando el cinturón hasta el ultimo boquete”, reseña, “menos mal que ha llovido en el momento clave de la viña y hay uva. La producción va a ser mejor que la del año pasado”. “No me queda otra que ser optimista”, agrega Jaime González, “soy optimista, pero consecuente. Parece que está medianamente controlado pero aún no sabemos cómo evolucionará para ver si podemos afrontar 2021 con otra perspectiva, depende de cómo resurjan la hostelería y el turismo”.

Jaime González, gerente de una bodega familiar ubicada en pleno barrio de San Miguel de Jerez, cuenta que en las instalaciones realizaban visitas guiadas que ya representaban entre un 25 y un 30% de su facturación. “También favorecía la venta de vino”, señala. Las exportaciones, que comenzaron a buen ritmo, se han paralizado, “y no sabemos cuándo se podrán retomar. Él espera, al menos que de esta crisis salgamos “con más solidaridad entre las personas, con otra visión”.

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