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Podemos Jerez celebra una asamblea en el barrio de Las Viñas, donde recoge quejas de los vecinos, que apuestan por reflotar la asociación vecinal con "personas jóvenes que se quieran mojar por su barrio".

“Vamos a formar un redondel”. En la barrio de Las Viñas, al lado del abandonado colegio Paidós –su fachada, llena de pintadas y sin marcos en las ventanas, indica que lleva demasiados años dejado de la mano de las administraciones–, es donde se escucha esta frase. Pasan quince minutos de las siete de la tarde y una mesa con una bandera morada preside la reunión. Encima de ella, camisetas, varias botellas de agua y algunos folios en los que se apuntan las propuestas de los vecinos y sus datos de contacto.

En la bandera, con letras blancas, pone ‘Podemos Jerez’. La asamblea empieza con la intervención de Ángel Cardiel, “uno de los concejales de Podemos que hay en Ganemos”, anuncian. Cardiel expone varios “éxitos” que atribuye a la agrupación de electores, recién aterrizada en el Ayuntamiento.

La reducción de las asignaciones a los grupos municipales y a los partidos, la creación de la comisión de Auditoría y Transparencia –que presidirá Ganemos– o la creación de mecanismos de participación para elevar propuestas de la ciudadanía al pleno, entre los logros más destacados, según el concejal, que asegura que pretenden “poner un poco de cordura en la locura de Ayuntamiento que tenemos”. A Cardiel le preguntan por lo que percibe como concejal. “No cobro ni un duro del Ayuntamiento”, dice. Ahora mismo trabaja como informático en el Parlamento andaluz, cargo que compatibiliza con sus responsabilidades como edil del Ayuntamiento.

A Ángel Cardiel le preguntan lo que percibe como concejal: "No cobro ni un duro del Ayuntamiento"

“Haced los vecinos una lista de necesidades”, dice un miembro del Círculo a los presentes, la mayoría personas mayores. Carmen, una de las fundadoras de la asociación de vecinos Los Viñedos, pide públicamente a Agustín de la Flor, presidente de la asociación, que “suelte” la presidencia. “Necesitamos personas jóvenes que se quieran mojar por su barrio”, añade. Está dispuesta a reflotarla –“aunque ya tengo una edad”, dice–, para lo que se ofrecen desde el Círculo jerezano. “Vamos si queréis a Participación Ciudadana con vosotros". Luego, añaden: "Si hacéis una sentada, ahí estaremos, sin banderas, pero tenéis que ser capaces de organizaros”.

Mientras, niños ajenos a lo que se habla a escasos metros, juegan al fútbol. Uno con la camiseta del Barcelona. Otro con la del Madrid. La rivalidad se palpa en el ambiente. También en el desarrollo de la asamblea. Pero aquí en lugar de Barcelona y Madrid, Podemos rivaliza con el PP, al que consideran su enemigo –electoral–. “Vosotras podéis votar también, esto no es como el PP”, dice un integrante del Círculo a varias vecinas. Se nombran nuevos coordinadores de comisiones –áreas en las que se divide Podemos– y que varias personas formen parte del “equipo de apoyo” al Consejo Ciudadano, el órgano decisorio del Círculo, que en enero contaba con 21 integrantes y ahora ya va por 14. Los nombramientos, propuestos por el Círculo, tiene que “refrendarlos” la asamblea. Lo hace sin problemas. Seguramente las señoras ni supieran lo que estaban votando.

Va cayendo la noche y se encienden varias farolas. Miembros de Podemos siguen explicando sus acciones a los presentes. José Ignacio García, que fue en la lista de Podemos las pasadas andaluzas, explica el funcionamiento de la oficina parlamentaria que el partido ha creado en cada capital de provincia. “El Parlamento está muy separado de lo que pasa en la calle”, dice García. Con esta figura intentan remediarlo. La idea es que “la gente vea lo que se hace en el Parlamento, y al revés”.

Luego, los responsables de las distintas comisiones van explicando su labor. Victoria Barba, de Igualdad, pide un minuto de silencio por las tres mujeres “asesinadas” por la “violencia machista”. “Todo el mundo conoce algún caso y no crea alarma social”, dice. El 7 de noviembre, feministas de todo el país han convocado una marcha hacia Madrid para protestar contra esta lacra e invita a los que se animen a ir en autobús.

Poco después, un coche que pasa por allí pita y un joven grita: "¡Sí se puede!" Con el turno de ruegos y preguntas la sesión va llegando a su fin. Toca recoger la mesa y los bártulos. Se acaba la asamblea.

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