Tercer día de Feria. O cuarto, depende de cuando la empezaras —incluso hay quien ya va hasta por el quinto, se han dado casos—. El cansancio ya se empieza a notar, pero aún hay gasolina. La ducha previa despeja las ideas. El pantalón y la camisa, planchados previamente, están listos esperándote. Los zapatos limpios —recuerda ese color, porque nada más cruzar las puertas del Real desaparecerá— y un poco de colonia, y camino del González Hontoria. No hace un calor excesivo, pero tampoco frío, a mediodía cuando cruzas la puerta de la primera caseta, enfilando poco después el camino hacia la barra. Una vez allí, la elección es fácil. Rebujito. Es llegar mayo e inaugurarse oficialmente la temporada de consumo de este elixir que refresca y atonta a partes iguales.

También la Feria es momento de reencuentros, algunos más esperados que otros. ¿Te acuerdas de ese amigo de la infancia que hace años que no ves? Pues él sí. ¿Y ese conocido que tan mal te cae pero al que tienes que poner buena cara? No pasa nada, con una jarra de rebujito por medio se puede hacer más llevadero. Siempre con moderación, claro, tampoco pretende esta crónica exaltar el alcoholismo. Por donde iba. Estás en tu caseta —la de tu amigo también vale— y te encuentras con un colega con el que empiezas a hablar de política, por ejemplo, ya que todo el mundo sabe que es en un entorno así cuando se soluciona todo lo que haya que solucionar. El día, desde luego, es propicio. Por el Real pasean toda clase de cargos políticos que han decidido ponerse de acuerdo para hacer una convivencia de miembros del partido, o con los medios. A un año vista de las próximas elecciones, los temas de conversación giran en torno a posibles confluencias, pactos, perspectivas y cálculos de todo tipo para gobernar, o al menos intentarlo. Ya digo, entre fino y platos de queso, todo es posible.

Las fotos en las botas, un clásido de la Feria. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Pero dejando ese mundo aparte, la Feria también es momento de encuentros familiares. Tu sobrina está más graciosa que nunca, aunque a veces te reciba llorando. Es señal de que tienes que verla más, claro. Todavía es pequeña, se lo tendrás que perdonar, sobre todo cuando empieza a reírse... ahí ya se te olvida todo. El momento hay que inmortalizarlo, si es delante de unas botas de vino, mejor. Un clásico de la Feria. El día festivo se nota en las calles del Real. Hay bullicio para ser un lunes, aunque el agobio llegará los últimos días de la semana.

Todavía se puede estar en las casetas, donde suenan temas que creías olvidados pero que vuelven a tus recuerdos. Melendi, El Arrebato, Camela… Asúmelo: no te sacarás las letras de sus canciones de la cabeza en todo el día. Tendrás que vivir con ello. Hasta te sorprenderás a ti mismo tarareándolas… Ese es el momento exacto en el que puedes optar por ir a la zona de los cacharritos… ¿Un bingo?, pregunta alguien. Y ahí te ves, con un cartón en la mano, quitando números y frustrándote cuando ves que el de al lado va mucho mejor que tú. Luego pruebas en las carreras de camellos. El tuyo, siempre entre los tres primeros… empezando por detrás.

Y entonces vuelves a las casetas. “Estoy tan enamorao, de tu manera de ser…”, suena todavía. Más tarde llegarán Luis Fonsi, Maluma, Juan Magán y similares. Pero recuerda: es lunes y mañana tienes que trabajar. Cenas con amigos —con cañas y canas— y para casa, que queda mucha Feria. Cuando mires para abajo y no recuerdes de qué color eran tus zapatos, es el momento. Hay quien pensará que esta crónica está basada en hechos reales, como las películas de los domingos de Antena 3. Puede ser... o no.

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