Davinia lleva trabajando desde los 13 años. Ha hecho de todo. Desde vender pan, hasta estar detrás de un mostrador de una tienda de animales, pero sobre todo se ha dedicado al sector de la hostelería. Llegó a ser gerente de dos restaurantes, pero acabó muy “quemada” y no quiere volver a dedicarse a ese mundillo. Por eso, después de tres años en paro y de divorciarse de su ahora exmarido, con el que trabajó en una tienda de reparaciones que tenían ambos, ha decidido buscar suerte por su cuenta y riesgo. “Soy muy activa y no podía estar quieta en casa”, señala, de ahí que canalice su energía en la gestión de una tienda que ha abierto en la calle Juan Sánchez de Jerez, cerca de la plaza Silos, donde ofrece, desde mediados de septiembre, todo tipo de objetos de segunda mano a quien se acerca a visitarla.

Rastro, que es como se llama el negocio, aglutina sobre todo ropa. Desde camisas, polos, camisetas, sudaderas, chaquetones y pantalones para hombres, hasta faldas, blusas, jerséis, pantalones y trajes de flamenca para mujeres. Y zapatos. Muchos zapatos. De Davinia y de familiares que se los han donado para que los venda en su tienda. También tiene libros que le regalan amigos, entre ellos algunos de García Márquez o Lorca, pasando por colecciones infantiles como Érase una vez el cuerpo humano. Las paredes están llenas de cuadros, de su padre, Juan González, pintor aficionado. El resto, prácticamente, procede de su casa. Hasta los juguetes de su hijo, de pequeño, tiene puestos a la venta, o una colección de vasos de bohemia de su boda, así como televisores y hasta teclados de ordenador.

La joven Davinia González cuenta que, gracias a la cuota reducida de autónomo —ahora paga 50 euros— ha podido abrir el negocio, si no “era imposible”. Ella, de momento, se escapa y espera no volver a ella hasta dentro de una temporada, aunque señala que “los inicios son duros”. Este mes, de momento, no cobrará, porque lo que saca es para cubrir gastos, pero confía en que la calidad de los productos que ofrece y los precios competitivos, terminen convenciendo a clientes de la zona.

“Hay días que hago uno o dos euros de caja, y pienso en dejarlo todo”, expresa, pero se anima cuando piensa en la buena aceptación que está teniendo su género entre las personas que se pasan por su negocio. Las ganas pueden más que el desánimo de una joven que, harta de enviar currículum, y de las condiciones laborales de muchas ofertas que encontraba en Jerez, decide emprender y ponerse al frente de un negocio que, en vista de la clientela que atrae, por ejemplo, el rastro de los domingos de la Alameda Vieja, cree que tiene recorrido en la ciudad.

“Hay ropa de marca, que como mucho tendrá dos años, que están a tres o cuatro euros”, dice Davinia, quien cuenta que ya busca proveedores para poder surtir su tienda cuando logre vender los productos que tiene en estos momentos. “Mi madre actúa con una orquesta, se compró vestidos de 50 euros y ahora los tengo por muy poco”, agrega. Y también vinilos. O una licuadora. Monitores de ordenador. Pendientes. Lámparas. La lista es interminable. Por eso, como dice la propia Davinia, “quien viene, repite”.

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