El paso de palio de María Santísima del Dulce Nombre, de la Hermandad de Buena Muerte, se ha convertido en una singularidad dentro de la Semana Santa de Jerez. Es, actualmente, el único que cuenta con mujeres costaleras en su cuadrilla, y procesionará esta Noche de Jesús. Este asunto es altamente espinoso en el mundo costalero y entre los capataces, un debate que nunca se ha abierto plenamente, un problema que sigue ahí con no pocas 'aspirantes' con ganas e ilusión de ocupar sitio en las cuadrillas.
Este año son tres las que forman parte del equipo, una cuadrilla dirigida por el capataz Eduardo Salazar, que también está al frente del Cristo de la Viga. Y, lejos de generar problemas, la experiencia —según explica él mismo— está siendo más que positiva.

“Magníficamente bien”, asegura cuando se le pregunta por la presencia femenina en una cuadrilla tradicionalmente masculina. La primera costalera se incorporó hace seis años, y las otras dos han entrado en este 2026. “Los ensayos que ya he terminado han ido estupendamente bien, sin problema ninguno”.
"Cuando te metes debajo del palo no entiendes de hombres o mujeres"
Salazar se muestra especialmente crítico con quienes siguen viendo la costalería como un espacio exclusivo para hombres. “No entiendo la mentalidad obsoleta de que una mujer y no pueda estar con un hombre en las trabajaderas”, afirma con claridad.
Para él, la clave no está en el género sino en la actitud de quien se coloca bajo el paso. “Cuando te pones una molía y te metes debajo del palo, tú no entiendes de hombres o mujeres, femeninos ni masculinos”, explica.
Integración total en la cuadrilla
La reacción del resto de costaleros ha sido, según el capataz, completamente natural. “Cien por cien receptivos”, afirma sobre la actitud de los hombres que comparten trabajadera con ellas.
Dos de las tres costaleras son además hermanas de la corporación desde pequeñas, algo que ha facilitado aún más la integración. “Las conocemos desde que nacieron”, comenta.

La tercera llega de fuera de la hermandad, pero también ha encontrado un ambiente inesperado. “La chavala está loca, está encantada. Dice que no se esperaba el trato que le han dado los compañeros”.
“Si no sirve, fuera… igual que un hombre”
En cuanto a la exigencia bajo el paso, Salazar insiste en que no hay ningún trato diferente “Igual. Si no sirve, fuera, pero no por ser mujer. Fuera porque no sirve”, afirma. “Igual que se lo digo a un hombre”.
El criterio, insiste, es el mismo para todos: compromiso, esfuerzo y cumplir con los ensayos. “Sea quien sea”.
Puertas abiertas
El capataz tampoco se cerraría a que más mujeres quieran formar parte de la cuadrilla en el futuro. “Siempre y cuando haya sitio, a su casa vienen. No tengo problema ninguno”, explica. “Me da igual que sean tres como que quieran ser quince”.
Para él, permitirlo responde a una cuestión de justicia. “Creo que es de justicia darle el sitio que se merecen las personas”.
“Es una pena que yo sea un bicho raro”
Salazar reconoce que su postura lo sitúa a veces como una excepción dentro del mundo de la costalería. “Sé que soy un bicho raro, sé que soy un poco diferente al resto”, admite. Pero lo que realmente le apena es que esa visión siga siendo minoritaria. “Me da pena considerarme así, porque debería ser lo más normal del mundo”.
“Tengo un niño y tengo una niña. ¿Por qué tengo que privar a mi hija de una devoción? ¿Quién soy yo?”, concluye. El capataz va incluso más allá al hablar de la capacidad de las mujeres bajo el paso. “Te hablo de las tres que tengo actualmente debajo de María Santísima del Dulce Nombre: tienen más cojones que muchos tíos”, afirma con rotundidad.
Según explica, han demostrado más ganas, más disciplina y más capacidad de aprendizaje. “Son más obedientes a la hora de corregirles cualquier fallo”. Y lo resume con una frase que no deja lugar a dudas: “Si los hombres tuviéramos que parir, no habría niños en el mundo”.
Preguntado por si la presencia de mujeres podría ser una solución para hermandades con dificultades para completar cuadrillas, Salazar admite que podría ser una opción. Aunque en su caso aclara que no responde a una falta de costaleros. “Dulce Nombre tiene 70 personas, no estamos faltos de gente”.
Su motivación es otra: “Si hay sitio y hay hueco, ¿por qué no? ¿Quién soy yo para prohibirte esa ilusión?”. Y concluye con una advertencia para quienes aún dudan: “El que diga que esto es solo para hombres que me lo diga a mí… y le pongo a alguna de las tres debajo del paso y, lo mismo, le ponen la cara colorada”.



