La historia de esta joven jerezana, divorciada tras ser víctima de malos tratos durante casi 18 años, "da para escribir un libro", como ella misma dice. Madre de dos niños, de 19 y 13 años, sobrevive como puede con 350 euros.

Su vida se puede resumir en un armario, ella misma lo dice. En el que guarda su ropa y la de sus dos hijos, niña de 19 años y niño de 13. El armario que está en casa de sus padres, donde vive desde hace menos de un mes. Allí ha llegado tras acumular 14 mensualidades sin pagar el alquiler de la anterior vivienda en la que residía. No fue por gusto. Con los 350 euros que cobra por cuidar de una persona mayor durante unas ocho horas al día no le da para asumir los gastos que suponen vivir de forma independiente.

Le ha costado tener que pedir ayuda, cuenta Margari, una jerezana que tras separarse de su pareja hace tres años, vive una segunda juventud. Su matrimonio duró casi 18 años, ni ella misma se explica por qué tanto. Su exmarido, al poco de casarse, con apenas 16 años, empezó a mostrar su verdadera cara. “Al poco tiempo empezaron los insultos y las manos levantadas”, cuenta ella, que hasta hace unos meses cobraba una ayuda por ser víctima de violencia de género. “Se me agotó y volví a pedirla”, dice. Pero le denegaron la renta activa de inserción, de 426 euros –al haber expirado el plazo de la orden de alejamiento impuesta a su exmarido– y entre eso y su pequeño sueldo como cuidadora “iba pagando el alquiler”. Hasta que lo dio por imposible. Estuvo 14 meses sin hacerlo y a su casero se le agotó la paciencia, por eso cuenta: “Me fui antes de que llegara la orden judicial”.

Tras salir de su antigua vivienda ya ha solicitado el cheque de comida que entrega Bienestar Social, el salario social, ha pedido ayuda a la Cruz Roja y el alquiler social… “Aquí estoy, esperando que me llamen”, dice. Pero, atendiendo a los plazos normales de espera para recibir estas ayudas, todavía le queda.

En el estado de desesperación en el que se encontraba antes de acudir a su padre, con quien no se hablaba desde hacía varios años –“tengo una familia muy despegá”–, hasta se pensó seriamente vivir como okupa. “Fui a comisaría a informarme para preguntar qué pasaba si lo hacía”. Ahora, tras algún intento fallido, se le ha quitado la idea de la cabeza.

Probó, luego, retomó la vía fraternal. “Siempre he sido muy orgullosa, me ha costado bastante pedirles ayuda”, cuenta quien se fue de casa con apenas 16 años y ha tenido que volver a la que fue su vivienda, en La Asunción, donde en una pequeña habitación duerme, ahora sí, con sus dos hijos. Porque ha estado meses sin pegar ojo. “El Diazepan no me hacía nada, ya me rebelo hasta contra las pastillas…”, dice Margari, que poco a poco va recuperando también el apetito. En los últimos meses ha perdido 11 kilos.

"Podría tener un palacio y vivo con mi padre”

“Ya estoy más tranquila”, relata. Pero la historia de la vida de Margari, como ella misma afirma, “da para escribir un libro”. “Incluso más que J.K. Rowling –la autora de la saga de Harry Potter–”, añade con sorna. Sus hijos llevan “mejor de lo que creía” la separación de sus padres. “La niña ahora es la consentida, el miedo era con mi hijo, que siempre tira más para su padre”. “A veces hasta tenía que pedir comida o esperar a cobrar mis 350 euros para comprarle zapatos al niño”, dice Margari, que cuenta que su expareja siempre fue “muy dejado”. “Podría tener un palacio y vivo con mi padre”, resume. Desde que se separaron nunca le ha pasado manutención.

Ahora intenta sacar cabeza. Cuando tiene tiempo escribe poemas. Lo lleva haciendo desde pequeña. Es su válvula de escape. Hasta ha ganado varios concursos y hay algunos suyos en Ellas son la tierra, una publicación que aglutina obras de mujeres “que se han iniciado en la lectura y escritura poética expresando sus vivencias”, recoge el libro. “Hay dos editoriales detrás mía y al no tener dinero no puedo editar”, explica. Mientras, publica en su cuenta de Facebook sus nuevas creaciones. Todo empezó en el colegio. “Nos mandaron hacer un trabajo sobre las niñas de Alcácer –explica– y ese fue mi primer 10”. Ahora acumula más de 400 libros en un cuarto que le ha cedido un vecino. Y espera su oportunidad. “¿Puedo publicar con vosotros?”, pregunta al despedirse. Y manda uno de sus poemas:

Y sería yo de nuevo
como aquella Alicia
sin país ni maravillas

Como un atardecer
libre de gaviotas
sería yo misma conmigo

Y mi poesía
aun teniendo
el alma rota
volvería a sonreír
a llorar si me apetece
a sentir que vivo viva
a mirar mas allá del mundo
a ilusionarme
a luchar a garra abierta

Y sería yo, aquella Alicia
sin país ni maravilla
sentiría el amor si aparece
volvería sin pensarlo
al calor de tu voz
al aliento de unas palabras
que se quedaron dichas
volvería sin dudar

Al clamor de tus caricias
volvería a ser yo
sin país ni maravillas
aquella Alicia

Publicado queda.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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