Miles de niños se han vestido gracias a la familia Íñigo, que regenta desde hace medio siglo Donald, moda infantil en la esquina de Honda con Santa María

Entre patucos, peleles y un Pato Donald de un metro de largo trabaja Bernardo Gómez Íñigo de lunes a sábado. Él es el heredero del mítico establecimiento que acogió el nombre del ave más famosa de la industria Disney. "Está autorizado por Trump, porque lleva el nombre de él, no del pato", bromea su padre José Antonio Gómez, quien acaba de entrar para hacer una de sus visitas rutinarias a su hijo. Sin embargo, no fue él tampoco quien fundó la tienda Donald en 1969, sino su madre Carmen Íñigo, hija de Sebastián Íñigo —el propietario del emblemático comercio Tejidos Minerva, que data de años antes de la Guerra Civil Española—.

Bernardo Gómez, jerezano de 53 años, cuenta que en la década de los 60 su madre abrió con su tío Bernardo una tienda de trajes para señoras en la misma esquina donde a día de hoy se encuentra Donald. A los tres o cuatro años la relación entre ambos hermanos se enfrió y los dos prefirieron emprender cada uno por su lado. Fue entonces cuando Carmen Íñigo creó su tienda de ropa infantil y su hermano Bernardo se decantó por regentar una franquicia de trajes de novia, dos establecimientos más abajo. 

Al principio, el éxito de Carmen fue rotundo. "Fueron años donde mi madre apenas encontró competencia", incide el actual propietario de Donald. La tienda fue ganándose un nombre entre los ciudadanos en los últimos años del franquismo. En sus 48 años de existencia, el comercio ha conseguido sobrevivir a la inauguración de las grandes superficies en Jerez, presencia que eclipsó al pequeño comercio provocando el cerrojazo de numerosos negocios en el centro de la ciudad. Ello, sumado al descenso de la natalidad en la población española, pudo atacar, en cierta medida, la rentabilidad económica de Donald. No obstante, por ahora nadie ha conseguido cazar al pato y Bernardo no tiene pensado soltarlo.

La tienda subsiste gracias a su gran cartera de clientes, que se extiende desde Jerez hasta la Sierra de Cádiz, El Puerto y Chiclana. "La gente viene por los años, la solera. Aquí hay relación calidad-precio. Bueno, bonito y barato". En la actualidad, la familia Gómez Íñigo ha visto pasar a cerca de tres generaciones de clientes habituales, hecho que comentan con felicidad y orgullo. Donald mantiene una serie de prendas clásicas: ranitas, leotardos, pololos, jesusitos, trajes de comunión, peleles... desde bebé hasta cadete (niños con 16 años de edad). "Pero también hemos tenido que actualizarnos", comenta mientras señala algunos petos de pana que oferta justo a la izquierda de la entrada. 

¿Quién heredará el comercio? "El pato tiene una vida. ¿Para qué puñetas va a estar en este mundo cuando deje de poner huevos?", responde José Antonio Gómez. El pequeño comercio ha logrado sortear a la crisis de los 90 del siglo pasado y la económica y financiera de 2008, incluso a reiterados robos y a las continuas "inundaciones" que se originaban en la calle Honda antes de que el Ayuntamiento arreglara el alcantarillado. "Esto era un río. Los comercios de la Porvera nos llamaban para avisarnos: ¡Qué va el agua!", recuerda Bernardo. Entre diluvios y anegaciones, Bernardo, finalmente, responde a la pregunta: "Dios dirá".

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