Jóvenes de la Movida. Sentado, Pedro Almodóvar.
Jóvenes de la Movida. Sentado, Pedro Almodóvar.

Dani Sánchez-López, tiene 35 años y es director de fotografía. Desde hace más de una década realiza trabajos cinematográficos en el extranjero como Bombay, Pakistán o Los Ángeles.

“Los jóvenes del sur de Europa son las grandes víctimas de esta crisis europea, y la provincia de Cádiz es un caso a estudiar”. Esta tesis es la que defiende Dani Sánchez-López, joven jerezano de 35 años, actualmente director de fotografía que reside en Los Ángeles, California. “En Jerez nunca viví del todo”, afirma este exiliado de la ciudad, del país y del continente, desde hace ya más de una década. Pasó su adolescencia yendo de clase a casa. A lo largo de ese trayecto tenía una cita ineludible con esos santuarios del cine prácticamente extintos hoy en día: los vídeoclubs. Su rutina transcurría viendo películas, escribiendo guiones… y convirtió su gran devoción en su medio para ganarse la vida.

Dani puede presumir de haber vivido de su esfuerzo académico desde que obtuvo matrícula de honor en Bachillerato. Eso sí, siempre con el “inquebrantable e incondicional apoyo” de sus padres, ambos profesores de instituto. Asegura que no hubiera podido alcanzar sus sueños profesionales sin las becas de estudio de la Universidad de Sevilla, de La Caixa y de Chapman University. Con 24 años se marchó con una beca de la universidad a Cornell, Nueva York, donde estudió en una de las diez mejores escuelas de cine del mundo. Cuenta que, entre cerveza y cerveza, un familiar le sugirió que abandonase los estudios y que trabajara para que sus padres pudieran disfrutar. “Cuando le dije que la beca me pagaba los cuarenta mil dólares de matrícula anuales, un salario mensual y dos vuelos a España se quedó perplejo. Tú a estudiar, Dani, ¡a estudiar!, me dijo”.

Aunque ahora reside en Norteamérica, ha trabajado anteriormente en el otro extremo del globo terráqueo. Durante un lustro trabajó en Bombay, India, en la ciudad de Bollywood, que alberga la industria del cine más grande del mundo. “Una pena que a mí lo que me guste sea el cine independiente". Durante todo ese tiempo rodó proyectos interesantes y que, según él, se ubican “en los márgenes de la industria”. Su currículum como director de fotografía está colmado de vídeoclips, como los de Detective Byomkesh Bakshi (Dibakar Banerjee 2015). En el país asiático recorrió todos los recovecos de Pakistán con un documental sobre música para una archiconocida marca de refrescos. “Íbamos en busca de los músicos a sus casas o espacios de inspiración, donde quiera que estuvieren, incluso en alguna zona vedada al extranjero”, explica.

En su tierra natal pocos conocen el éxito de The Journey Within (Mian Adnan Ahmad, 2016) con el que Dani y su equipo han obtenido premios otorgados en festivales de todo el mundo. Una de sus últimas películas en India es un thriller político que comienza con la declaración del estado de emergencia en 1975, “cuando la mayor democracia del mundo se tornó dictadura”, San’75 (Navneet Behal, 2016), que llegó al festival de cine 'Sundance Screenwriters Lab'.

El jerezano ha dado un giro radical, ha pasado de vivir en una de las ciudades más densas del mundo, a habitar una cabaña solo en un bosque nacional cerca de Los Ángeles. A diario se levanta cuando sale el sol en torno a las siete de la mañana. De un vistazo disfruta de unas vistas impresionantes desde su balcón: ardillas, azulejos, ciervos y coyotes, aunque echa de menos “la vivacidad y el caos de Bombay”. En California acaba de comenzar un documental titulado LGBTQ-I, que pretende retratar la identidad en la fluidez de género que se crea en escuelas liberales. “Estamos siguiendo a cinco estudiantes, uno por letra (lesbiana, gay, bi, trans, queer), durante un año académico a lo American Teen, pero de forma mucho más verité como el High School  de Frederik Wiseman”.

En los Ángeles tiene la opción de ver películas en salas de cines, algunas históricas. Una práctica allí habitual es hacerlo junto a los cineastas y plantearles preguntas al finalizar la proyección, “un lujo”. De su vida en California detesta la necesidad de utilizar el coche para casi todo. “El aparcamiento puede ser carísimo, y todavía duele más cuando te gastas 21 dólares en una entrada de cine. Pero por lo demás, Europa y España, en particular, han empujado los precios a niveles incluso más altos que EEUU, sin subir salarios”. Según Dani, la ciudad jerezana y Los Ángeles comparten similitudes. “Tienen palmeras —bromea—. Jerez era una ciudad muy cinéfila, plagada de vídeoclubs y de cines”. Él aún mantiene viva la esperanza de que resurjan las grandes salas de la ciudad como espacio común, el gusto por el cine que no sea “fast-food” y de que se potencien los cines de verano. “Recuerdo el espectacular Luz Lealas, que ha desaparecido. Pero el Jerezano y el Delicias siguen ahí… sólo esperan un reciclaje. Nos queda un cine en las afueras, y es muy comercial, frío y sin personalidad”.

Vive de su trabajo, de su pasión, pero no olvida a aquellos con quienes se hizo mayor. “Tengo amigos muy creativos, gente sólida, que te cuenta —sorbiendo la cerveza para que le dure más— que por fin han encontrado trabajo. No es lo que quieren, es parcial y temporal, pero les llenan el vacío. Cuando viene la inspección, hacen como que estaba de paso. Se pasean por los palacios jerezanos, que ostentan perchas de Inditex, hasta que les mandan un whatsapp para que regresen”. Cuando oye lo que cobra uno de ellos solo alcanza a responder: “Qué putada”, cuenta indignado, y luego se suceden términos como “becario mileurista” y “privilegiado mileurista”. "Entonces este mitadmileurista deja de mirarme, se fija en las burbujas finas de la cerveza que suben como Ícaro y explotan en la mitad del vaso”. No se trata de un mero número, puntualiza, “es un trabajo digno a lo que todos tenemos derecho”. Más de una década a miles de kilómetros de España no le ha hecho perder un ápice de empatía. “Nadie les dijo a nuestros padres que su jubilación era nuestro salario”, reflexiona.

Dani siente orgullo de las personas de su generación que no se dejan vencer por las dificultades y apuestan por sí mismos. “Del Coloma, Dani Llamas continúa haciendo música con GAS Drummers o en solitario, Víctor Herrero, mi compinche cineasta de la infancia, siempre ha compaginado su trabajo con su labor artística, José Carlos Sánchez lleva la magia en cada hora del día,… A la mayoría los veo sólo en Navidad, porque viven fuera”. Le parece “increíble” que Juan Miguel del Castillo haya construido la narrativa de Techo y Comida. “Poder traer cine y retratar su historia en Jerez debe haber sido un desafío muy duro”.

Este director de fotografía jerezano se planteó volver a España hace unos años. Pronto desechó esa idea, después de que sus colegas que se dedican al cine le recomendasen esperar. Reconoce que echa mucho de menos a su familia, sobre todo a sus padres, con quienes mantiene una comunicación más fluida viviendo en el extrajero, gracias a la magia de las redes sociales. Sánchez-López también ha invertido todo su caudal de talento en diferentes trabajos audiovisuales, pero tiene uno pendiente junto a una amiga novelista, Aurora Delgado: “Siempre he soñado con retratar una de las etapas más interesantes de su ciudad, la del apogeo del jerez”. Quizá con él se difunda el esfuerzo de este jerezano. “Nadie es profeta en su tierra. Solo me conocen en Jerez por mi altura. No tengo delirios de grandeza, querría compartir mis proyectos con la gente que me vio crecer”, declara con sincero anhelo.

Sobre el autor:

María Luisa Parra

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