parque_tecnologico_pta_3
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El Parque está olvidado desde que se disolviera la sociedad que lo gestionaba por las guerras partidistas. La falta de limpieza y seguridad, las principales reivindicaciones. 

Es llegar a la puerta que da acceso al Parque Científico Tecnológico Agroindustrial (PCTA o PTA para los amigos) y encontrar una garita de vigilancia. En apariencia nueva, basta asomarse para comprobar que tiene poco uso. O mejor dicho, que nunca lo tuvo. La suciedad del suelo, los trastos amontonados y las telarañas que acumula dan buena muestra de su utilidad. O de la falta de ella. Nunca hubo vigilante. Desde su creación hace ya más de diez años, entonces impulsado por el Gobierno central –con 11 millones de euros–, el Parque ha carecido de este servicio.

Nada más entrar en el recinto vallado hay dos grandes instalaciones. A la derecha, un lujoso edificio –Citea–, propiedad de Asaja (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) con un cuidado jardín y un buen número de oficinas. La moderna arquitectura de su fachada y los servicios con los que cuenta (bar y oficina bancaria) son solo un espejismo. Un oasis en medio del (casi) desierto en que se ha convertido el PCTA. El edificio de la izquierda es municipal. Ahí está la sede de la delegación de Medio Rural y los fallidos proyectos del contenedor de empresas y el Centro Tecnológico del Vino, por los que el Ayuntamiento tiene que devolver unas ayudas que recibió y que no empleó correctamente. Pero eso da para otro capítulo, más adelante.

Entre 90 y algo más de 100 euros vale el metro cuadrado de las parcelas que hay sin ocupar

La actividad en el Parque no es que sea frenética precisamente. No es de extrañar. La superficie con la que cuenta está a medio ocupar. Son numerosos los carteles de “Se vende”, ya desgastados por el sol del tiempo que llevan colocados. El precio del metro cuadrado en el PCTA oscila entre los 90 y los poco más de 100 euros, por lo que por una parcela de 5.000 metros cuadrados –hay tres de estas dimensiones sin ocupar– se pueden llegar a pedir más de 500.000 euros. De la última empresa en llegar, la sanluqueña Embumar –que se dedica al almacenamiento de productos pesqueros– sólo hay un enorme cartel que anuncia su próxima instalación. A pocos metros, una papelera rebosa de basura: botellines de cerveza, papeles… En limpieza también suspende el Parque. Desde que se disolviera la sociedad que lo gestionaba, hace unos meses, los inquilinos del PCTA han notado una mayor dejación en los servicios.

“No está muy atendido”, dice un camionero que descansa en su cabina a pocos metros del cartel. Lleva cinco años trabajando en el Parque para una empresa que fabrica picos y ‘regañás’, Franjuba, y todas las semanas va un par de veces a Madrid. Javier, que es como se llama, se queja de la poca atención que recibe el Parque, aunque para él, que ha trabajado también en el Parque Empresarial, el PCTA es mejor. “Tiene calles más anchas y se maniobra con facilidad”, dice. Aunque no se atreve a dormir en él. “Tengo compañeros que sí han dormido, pero yo prefiero irme al Parque Empresarial, que tiene vigilancia y más bares cerca donde poder comer”. En el PCTA sólo uno, el del edificio del Citea. Su dueño, Alejandro, lleva un año al frente del negocio y dice que sí, que está sufriendo “la caída del PCTA”. Pero se sostiene gracias a los eventos que acoge el edificio en el que está instalado. “Hoy tengo un almuerzo y estoy muy liado”, comenta con prisas corriendo por la barra y preparando platos. ¿Nota la falta de limpieza? “Si te digo la verdad, yo me bajo del coche y entró aquí del tirón, ni me fijo en el resto del Parque”, apunta.

Pero aunque Alejandro apenas se dé cuenta, sí que hace falta mejorar la limpieza del Parque. Papeleras hay pocas y todas llenas. Y contenedores, menos. “Hay uno para tres calles”, dice un trabajador de Alfonso Catering, que pasa con una pequeña bolsa de basura. “A veces tenemos que ir a la Ciudad del Transporte a tirarla”, cuenta. Y la empresa hasta ha tenido que contratar un servicio de recogida de vidrio. “Es un gasto extra que tenemos”, añade. Mientras dura la conversación se detiene un coche y un joven pregunta:

-“Perdone, ¿por aquí está Brassica?”

-“Sí, esto era”, le responde el empleado de Alfonso Catering.

Las papeleras con las que cuenta el Parque están a rebosar y apenas hay contenedores

A la espalda del joven está el edificio que busca. La empresa por la que pregunta, Brassica, de San Fernando, gestionaba comedores escolares y de hospitales. En junio de 2013 entró en concurso voluntario de acreedores. La empresa empezó a acumular pérdidas y a dejar de pagar nóminas, sus trabajadores protagonizaron varias huelgas y finalmente terminó por declararse en concurso. Ahora, en sus lujosas instalaciones, que cuentan con un llamativo jardín vertical –en desuso–, grandes ventanales, una nave anexa con maquinaria industrial y diversos camiones y furgonetas, no hay actividad. Bueno, sí la hay, pero no precisamente empresarial. Un funcionario lleva una semana haciendo inventario de los bienes que alberga el edificio para poder incluirlos en el concurso y rebajar la deuda de la empresa con proveedores y trabajadores. “Es una pena, con el dineral que se gastaron aquí”, dice. Mirando hacia la planta superior se puede observar cómo han intentado robar el cableado y las placas del techo apenas se mantienen en su sitio. Este es sólo un ejemplo de las historias que encierra el PCTA.

En la calle de atrás, un camión abandonado, sin rueda trasera, ‘adorna’ un descampado. Las malas hierbas lo atraviesan. Ni se sabe el tiempo que llevará así. Es algo común a todo el Parque. La vegetación campa a sus anchas, sin que haya podadora que lo remedie. ¿Hasta cuándo? Quien sabe.

Problemas con la gerencia

Con la llegada del PP a la Alcaldía en 2011, los populares decidieron cambiar al gerente del Parque. Nada fuera de lo común si no fuera por el procedimiento que emplearon. Al no contar con mayoría en el consejo de administración, sacaron del mismo a los representantes de IU y Foro Ciudadano, para formalizar la entrada de Juan Carlos Racero, que sustituía así a María José González Peña, cuyo despido fue declarado improcedente, por lo que se condenó al PCTA a abonarle una cuantiosa indemnización. La gerente en la época de Pilar Sánchez llegó a explicar meses después de su destitución algunas actuaciones que daban buena cuenta de la importancia que se le ha dado al Parque.

El Ayuntamiento tuvo que devolver 300.000 euros del Plan Reindus y otros 6,3 millones de una subvención para acabar el contenedor de empresas, que sigue a medio hacer. Como colofón, como ya publicó lavozdelsur.es, el gerente nombrado por el PP, cuya elección provocó que la Junta saliera de la sociedad del PCTA y que ésta acabara disolviéndose, se ha ‘colocado’ como subdirector de Embumar, la única empresa que ha llegado al PCTA durante el mandato popular. Ahora, tras dejar el PP la Alcaldía y tras la falta de apoyo del Gobierno central, la Junta se plantea hacerse con el control mayoritario del Parque, aunque todavía está por ver con qué fórmula y qué plazos se marca.

“Era un campo de flores y ahora es uno de los más potentes de España”

“El Parque era un campo de flores cuando yo llegué y ahora mismo es uno de los más potentes que funcionan en España", llegó a decir la exalcaldesa Pilar Sánchez en 2010. Luego, vinieron los problemas. Fiscalía abrió una investigación tras una denuncia del PSA por supuestas ayudas ilegales a la empresa sevillana Tecnología e Innovación Sanitaria (TISA) para la compra de un suelo en el PCTA. A la firma se le rebajó en 244.000 euros el precio de los terrenos, por lo que piden cuatro años y medio de cárcel –en un principio fueron siete– para la exregidora socialista, que recurrió la sentencia en el Supremo, cuya Fiscalía, sin embargo, pide que se eleve la pena al menos un año más.

¿Para cuándo el impulso definitivo al Centro Tecnológico del Vino?

El edificio lleva años abandonado. Su perímetro está vallado, pero no hay más que echar un ojo desde el exterior para comprobar que le queda mucho para estar operativo. El Centro Tecnológico del Vino está sin equipar y así lleva desde hace bastante tiempo. El que se vendió como un centro para recuperar la seña de identidad del vino de Jerez, no cumple con su función. No se termina de apostar verdaderamente por él.

Los presupuestos de la Junta del año que viene incluyen una partida de 100.000 euros para equipamiento procedente de fondos europeos, concretamente de los ITI (Inversión Territorial Integrada). Insuficiente, pero se ampliará en próximos ejercicios, sobre todo en 2017. Al menos eso es lo que asegura la administración autonómica. La construcción de este centro lleva aparejada varios reveses por la dejación de las administraciones.

Tras recibir 2,8 millones en 2009 para darle un impulso al edificio, el PCTA deberá devolver 925.000 euros por no haber cumplido con los plazos previstos para emplear ese dinero. En 2011 también recibió otros dos millones de euros para equiparlo –de fondos Innplanta, pertenecientes al Ministerio de Ciencia e Innovación–, de los cuales 608.000 euros deberían ser devueltos al concluir los trabajos, pero finalmente se tendrá que reembolsar la totalidad de la subvención por no haberse terminado. Un despropósito del que nadie se responsabiliza.

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