carmen_garcia_oliva
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El 19 de agosto de 2016 se cumplieron 80 años del fusilamiento del viticultor jerezano Sebastián Oliva Jiménez. Una semana después de la trágica efeméride, su nieta, Carmen García Oliva, se ha desplazado hasta el consulado de Argentina en Cádiz para anexar su caso a la llamada querella argetina contra los crímenes de lesa humanidad y genocidio del franquismo que dirige la jueza María Servini. Destacado militante del sindicato CNT (Confederación Nacional del Trabajo), concretamente en el gremio de Campesinos, y que llegó a presidir la Federación Nacional de Obreros Agricultores durante varios años, Oliva fundó y fue director del periódico La Voz del Campesino en diversos períodos (1917-18 y 1932). Como ha relatado su nieta ante el cónsul Agustín Alberto Núñez, y así ha quedado recogido en un protocolo notarial que será remitido a Servini, "en numerosas ocasiones Sebastián fue detenido o encarcelado por distintas autoridades, en períodos de represión, por lo que no era de extrañar que a partir del 18 de Julio de 1936 las fuerzas golpistas del fascismo lo buscaran para asesinarlo, al considerarlo un objetivo por su trayectoria sindicalista".

Días después del 18 de Julio de 1936, "Oliva huyó de Jerez hacia el campo, a una viña de la zona, para esconderse allí y evitar que lo matasen. En varias ocasiones la Guardia Civil lo buscó en su domicilio familiar, pero al no hallarlo, urdieron un plan para localizarlo". El relato de los hechos es estremecedor. "En concreto, siguieron a su hijo, Eliseo, que llevaba víveres a su padre a la viña donde estaba escondido. Los agentes de la Guardia Civil localizaron allí a Sebastián y lo detuvieron. Una vez detenido, esperaron a Eliseo y le dijeron “toma el bastón de tu padre, que ya no lo va a necesitar más”. A partir de ahí la familia de Sebastián no supo nada más, aunque su hija, María, recordaba la fecha de su fusilamiento, el 19 de Agosto de 1936, y que un hombre dijo ver el cadáver en la antigua carretera de El Puerto de Santa María.

Ahora su nieta Carmen, cuya madre era María Josefa Oliva Pérez, hija de Sebastián, se ha presentado 80 años después ante el cónsul argentino en Cádiz para testificar y aportar el caso de su abuelo en la querella argentina. Como ha dispuesto el Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional nº1 de Buenos Aires, se ha solicitado al Ministerio de Relaciones Exteriores, "instruir a los cónsules argentinos en el exterior para que reciban denuncias relativas a la comisión de hechos de genocidio y/o lesa humanidad, entre los que se cuentan torturas, asesinatos, desapariciones forzadas de personas y sustracción de menores, cometidos en España en el periodo comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977". El auto judicial añade que dichos crímenes "habrían sido cometidos por grupos de oficiales militares alzados, la Falange española, y/u otras organizaciones afines de apoyo a la insurección, las protocolicen y remitan a este Juzgado, aplicándose a los denunciantes el beneficio de exención de tasas consulares".

“Sin los labradores no hubieran podido existir ni Gutenberg, ni Cervantes, ni Colón, ni Reclus, ni otros grandes pensadores”. Esta cita forma parte de uno de los artículos publicados en el periódico La voz del campesino, que dirigía el jerezano Sebastián Oliva. Durante muchos años, los textos publicados por esta hoja campesina estuvieron perdidos en las dependencias del Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, aunque ya hay algunas copias —unas 60— en su ciudad natal. Paco Cuevas, representantes de la CNT en Jerez, explicaba hace unos meses el porqué de la dedicatoria de una biblioteca con su nombre en el municipio: "Se nos ocurrió porque era el anarcosindicalista jerezano más conocido y se dedicó mucho a la cultura y la educación".

Su figura, estudiada por hispanistas franceses, es casi desconocida en España. Para el escritor soviético Iliá Ehrenburg, en palabras recogidas en el libro España república de trabajadores, las ideas de Oliva “son candorosas y enrevesadas. Toda la fuerza se le va en los sentimientos, en su extraordinaria pasión, en su devoción fanática por su verdad, bastante confusa para los demás, pero para él infalible. Si viviese en otra parte, se le podría llamar semianarquista y semicomunista. En Jerez no tiene más que una denominación: campesino andaluz”. Su familia sigue luchando ahora por honrar su memoria y para que su asesinato no quede impune.

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