El restaurante Apeadero de Jerez ha hecho borrón y cuenta nueva. Ha iniciado una nueva etapa en la que ha dado un salto de calidad, manteniendo esa buena ubicación cerca de donde algún día se ubicará la nueva estación de trenes de la ciudad.
El establecimiento afronta una nueva etapa tras un proceso de transformación impulsado por el dueño, Juan Manuel Jiménez; el jefe de sala, Manuel Vázquez Madriles; y su chef, Jaime Garzón, que han redefinido por completo la identidad del establecimiento. "Esto antes era otra historia, y lo que hemos hecho es cambiarlo y darle una perspectiva totalmente distinta, la que se merece", explica el cocinero, que subraya la voluntad de actualizar el espacio sin romper de forma abrupta con su pasado.

El proyecto se articula ahora como un restaurante en sentido pleno, aunque con una propuesta que parte de la cocina clásica y la reinterpreta con matices contemporáneos. "Conservo todo lo que es la cocina clásica, pero con un toque vanguardista", señala Garzón, que aclara que el primer objetivo fue atraer al público con una transición progresiva. "Quería cambiar la historia anterior, pero de una forma suave, no brusca”, apunta.
Esa primera carta se diseñó con platos renovados, precios contenidos y una materia prima ajustada, con la intención de no generar rechazo inicial. "Si te sales del traste desde el primer momento, espantas a la gente, y eso no era lo que queríamos", explica. Dos meses después, y una vez consolidada una clientela habitual, especialmente entre vecinos y clientes tradicionales, el restaurante se prepara para dar un nuevo paso.
La idea es mejorar progresivamente la oferta sin abandonar la línea marcada. "Antes del verano queremos volver a cambiar la carta y darle una cosita un poquito mejor, pero sin salirnos de lo que somos", indica Garzón. El resultado es una propuesta amplia y equilibrada que ha tenido buena acogida. "No hay un plato que se haya quedado atrás, prácticamente todo funciona", afirma.


Entre las elaboraciones que conforman la carta figuran desde platos sencillos hasta propuestas más elaboradas. El chef menciona patatas fritas con huevos y langostinos al ajillo con salsa kimchi, zamburiñas, escalopines de bacalao con tempura de calamar, chocos fritos con harina rubia, lomo de salmón con salsa de flor de azafrán o atún vaporizado. En el apartado de carnes destacan carrillada, pechuga de pollo con salsa teriyaki, medallones de solomillo de cerdo con salsa de boletus o un bolován de brioche relleno de carrilla semidulce y cebolla caramelizada.
Apeadero ofrece distintas formas de consumo. Dispone de una carta de tapas, medias raciones y raciones completas, lo que permite tanto el tapeo informal como una comida más estructurada. Entre las medias raciones se incluyen opciones como ensaladilla de pulpo a la gallega, ensaladilla de gambas, ensalada de tomate o una tosta de hojaldre invertida con mermelada de tomate, jengibre y sardina.
El funcionamiento del servicio está claramente definido a lo largo del día. El establecimiento abre con desayunos, que se sirven hasta aproximadamente el mediodía. A partir de las 12.00 comienzan las tapas frías y calientes, y desde las 14.00 se activa la carta de medias raciones y raciones. El servicio de mediodía se prolonga hasta las 17.00 horas, con la cocina cerrando en torno a las 16:00.
Los planes a medio plazo
En cuanto al espacio, el restaurante combina diferentes ambientes. La barra principal se sitúa en una ventanilla exterior, muy demandada por el público, mientras que el interior alberga un salón con capacidad para unas 30 personas. A ello se suman mesas altas en el exterior y una terraza lateral con aforo para entre 40 y 50 comensales, actualmente cubierta con toldos.
El proyecto contempla nuevas mejoras a medio plazo. La terraza será cerrada y acristalada para integrarse como una ampliación del salón, reforzando la capacidad del restaurante. Paralelamente, Garzón descarta una carta inamovible. "No soy partidario de tener una carta fija para siempre, la gente se cansa", afirma. Su intención es introducir cambios antes del verano, adaptando la oferta a la temporada y manteniendo vivo un proyecto que se encuentra, según sus propias palabras, en pleno proceso de evolución.



