Cuando comienza una segunda semana de alertas y borrascas, con una tromba que ha anegado varios puntos del núcleo urbano de Jerez y ha llevado al cierre de la calle Porvera por precaución, muchos ciudadanos están recordando en redes el gran diluvio que sufrió la ciudad el 13 de septiembre de 1979.
Aquella jornada llegaron a caer más de 180 litros por metro cuadrado en la ciudad, dejando imágenes como la calle Porvera convertida en un río donde navegaban coches o la anegación de las casitas bajas de La Asunción, que llevó a 310 personas a dormir en el Ayuntamiento, al que había llegado ocho meses antes un jovencísimo Pedro Pacheco, tras perder sus casas en el referido barrio. Las inundaciones dejaron también la trágica muerte de un hombre en Cuartillos.
"El coche siguió hacia adelante como un barco"
Numerosos vecinos de Jerez están rememorando aquella riada de hace ya casi cinco décadas. En el grupo Pasado y presente de Jerez de Facebook, tras publicar Francisco López una imagen de cómo se inundó la Porvera aquel día, los recuerdos han regresado conectados con los días de agua que llevamos.
“Recuerdo perfectamente esa inundación. La calle Medina era un río por el que pasaban coches arrastrados por la corriente a cientos (o eso me parecía a mí entonces desde el balcón de mi casa paterna). Chocaban en la confluencia de calle Medina, Honda y Cerrón para desde una pelota de coches ir descolgándose uno a uno para seguir calle Arcos abajo. Era espectacular. De niño no veía la parte trágica del asunto, claro está”, destaca José María Romero.
Marujita señala que “me acordaré mientras tenga memoria. Nos cogió delante de la calle en la que nací. Salimos de casa y ni llovía. Íbamos a visitar a mi madre. Empezó a caer agua en la Porvera y ya el coche siguió hacia adelante como un barco. Se paró porque una moto se metió debajo y nos chocamos contra un árbol. Yo escuchaba a las vecinas gritar mi nombre y el agua me llegaba a la falda. Mi marido abrió la puerta para sacar a los dos niños. Estaba muy asustada. Los obreros de una obra nos ayudaron con una cuerda para salir del coche. Yo estaba embarazada y al final lograron sacarme”.
Frigoríficos y lavadoras nadando
José Manuel Sierra cuenta que “por la calle Arcos bajaba con fuerza el agua como si fuera un río, arrastrando coches. A Oregar le reventó el escaparate y salían las lavadoras y frigoríficos nadando. Aparecieron en La Vid”. Juan Pedro Morales recuerda que “yo trabajaba en la calle Escuela y tenía un coche aparcado justo en la Porvera. No llegó a La Vid porque se quedó entre dos coches”.
“Yo tenía nueve años. Inolvidable aquel día en las casitas bajas de La Asunción. Fue horrible”, destaca Mar Rodríguez. Mari Carmen Pérez narra que “mi padre tenía un pequeño chinchal en El Pelirón y nosotros vivíamos en el Agrimensor y no podía llegar a casa. Mi calle era cuesta abajo y estábamos todas las niñas jugando en casa de Pepa del Soldao. Yo vivía en la parte alta. Mi madre vino corriendo y nos subimos todos a mi casa. Mi madre estaba llorando y gritando: ‘El fin del mundo, el fin del mundo’. Al rato, todas las casas de abajo inundadas. Televisores y frigoríficos flotando… Mi madre sigue con el trauma a día de hoy”.
Mientras que el kiosco de Benítez en la Porvera resistió al temporal, no tuvo la misma suerte el que estaba situado al inicio de la calle junto a la iglesia de la Victoria. "Ese kiosco era de mi tía Lola. Lo que quedó de él se lo encontraron en el Villamarta. A mi tía la salvó el guardia que estaba en la Porvera. Siempre le estuvimos muy agradecidas por salvarla", indica Ángeles Álamo.
