El penúltimo quiosco de Jerez cierra tras casi 30 años: "El papel tiene los días contados"

Sus propietarios, Jesús Delgado y Carmen Nieto, clausuran este negocio de prensa diaria por jubilación: "Me retiro antes de pegar el batacazo total"

Jesús Delgado y Carmen Nieto se despiden de su quiosco en San Francisco, en Jerez.
Jesús Delgado y Carmen Nieto se despiden de su quiosco en San Francisco, en Jerez. MANU GARCÍA
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Durante 28 años, Jesús Delgado y Carmen Nieto han estado al frente de uno de los más añejos quioscos de prensa del centro urbano de Jerez, el situado a las puertas de la iglesia de san Francisco, al lado del mercado central de abastos, la Plaza. No cabe duda que esta situación le ha dado a este negocio una gran popularidad, ganada no solo en estos 28 años que lleva situado en este enclave, sino desde mucho antes, pues durante 42 años estuvo en la calle Corredera, regentado por Alfonso Nieto Nieto, suegro y padre, respectivamente, de sus actuales propietarios.

“Aquí he visto de todo de todo, incluso atracos”, señala el quiosquero desde su privilegiada posición, delante de los puestos ambulantes de ajos, tagarninas, cebollas… que dan a ese entorno un aroma peculiar. Se muestra orgulloso de su entrega al trabajo en estas casi tres décadas: “Abría a las cinco de la mañana y cerraba a las nueve de la noche ininterrumpidamente; hace algunos años cambiamos de seis de la mañana a dos de la tarde”.

Jesús Delgado, con su característica y luenga barba encanecida, no duda en subrayar que este negocio “es un martirio; aquí se trabaja para las distribuidoras, para Hacienda, para la Seguridad Social y para el Ayuntamiento”. El quisoco no tendrá continuidad por lo que desde este miércoles permanecerá cerrado, “ya que mis hijos están situados”.

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Jesús Delgado, tras el mostrador de su quiosco.   MANU GARCÍA

La venta de periódicos era el principal objeto del negocio pero con el paso del tiempo tuvo que diversificar los productos: refrescos, chucherías, boletos de la ONCE, bonobús, recarga de móviles. “El periódico en papel no se vende igual que antes”, subraya; con contundencia afirma que “hubiera caído antes si no vendiera esos otros productos". Su caso no es desgraciadamente único. En la ciudad han ido cayendo muchos negocios históricos de prensa diaria, como el quiosco de Porvera o el añorado quiosco de Mario Naranjo en la escalerilla del Villamarta. 

Mientras conversa con este redactor, un cliente felicita a Jesús por su jubilación: “Tienes carita de felicidad”, le dice, a lo que él responde con una medio sonrisa. Jesús sigue con su relato sobre lo que ha sido el día a día de su negocio y cómo ha cambiado: “Esto —señalando los periódicos que bordean el hueco de despachar— no se renueva; las personas mayores, que van quedando menos, son las que más compran el papel y desgraciadamente la juventud está más en internet. Esto tiene los días contados”.

Paramos la charla porque otro cliente compra un botellín de agua y aprovecha para felicitarlo: “Que vaya bien todo y me alegro”. Otro “gracias” de Jesus con otra media sonrisa: “Me jubilo antes de pegar el batacazo”, apostilla con cierto desánimo. Tiene claro que echará de menos el día a día dentro de los apenas tres metros cuadrados de sus dominios: “Ten en cuenta que entre una cosa y otra por este quiosco pasan unas 200 personas al día durante todos los días del año menos tres: Navidad, Año Nuevo y Sábado Santo —los días en los que tradicionalmente en la prensa española se paran (o se paraban) las rotativas— El resto, de lunes a lunes”.

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Carmen sirve un refresco a una clienta, este martes.   MANU GARCÍA

Como es lógico, ha hecho muchos amigos: "Es la mejor recompensa. Me han regalado esto —y enseña con orgullo una felicitación que es un montaje con cabeceras de periódicos en papel—". En su haber destaca que eran los únicos que “llevábamos el periódicos a la casa de muchos clientes. También a oficinas, al Ayuntamiento durante un tiempo… esto suponía el 50 por ciento de las ventas”. Una iniciativa que recibió él de su suegro, el cual estuvo al pie del cañón con la misma durante 40 años.

“Aquí a la clientela no se le ha fallado ni un solo día. Esperemos que ahora que me jubilo no me empiecen a salir cacas”, dice Jesus Delgado mientras despacha a otro cliente habitual, que trabaja en la Plaza, y al que le dice que no le echarán de menos. Seguro que volverá cada día a ese entorno tan popular donde ha estado viviendo durante casi 30 años. Otra cosa será lo de ver a antiguos clientes con el periódico impreso bajo el brazo. Una estampa que, como asegura el quiosquero, tiene ya los días contados.

Sobre el autor:

KIKO ABUINA 1

Kiko Abuín

Periodista.

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