La papelería El Quiosco, ubicada en Los Cedros, en la zona Norte de Jerez, echa el cierre. Después de más de dos décadas de vida, el negocio culmina su trayectoria, incapaz de hacer frente a tantos retos externos. Y a tantas amenazas que tienen que sortear los comercios de barrio.
"Hoy he vivido uno de esos momentos que te aprietan el corazón. He pasado por mi papelería de confianza en Jerez, la misma a la que llevo yendo 20 años, y me he encontrado con la noticia que nunca quieres escuchar: hoy es su último día", cuenta en redes sociales Ángel Prado, cliente habitual.
La razón, "la de siempre": "La presión insoportable de las grandes superficies, los bazares y la frialdad del comercio online", explica Prado, trabajador en el sector del marketing.
Reflexiones tras el cierre
De este cierre, saca varias reflexiones. "La cercanía no es un commodity: en Amazon compras un producto; en el negocio de barrio compras una relación. Pepe y su hijo no solo vendían libretas; daban consejos, conocían los gustos de mi familia y hacían que el barrio se sintiera como un hogar", dice.
La comodidad de comprar a golpe de clic hace que negocios como la papelería El Quiosco lo tengan muy complicado. "A menudo elegimos la comodidad del envío en 24 horas sin darnos cuenta de que el precio oculto es la desertificación de nuestras calles. Una ciudad sin comercios locales es una ciudad sin alma y sin seguridad", abunda Prado.
"No hay nada más sostenible y ético que apoyar la economía circular de proximidad. El dinero que se queda en el barrio, vuelve al barrio", insiste el experto en marketing, que señala que "un algoritmo no puede sustituir a un vecino". "¿Somos conscientes de lo que perdemos cada vez que un negocio de barrio cierra sus puertas?", se pregunta.


