El CEIP Al-Andalus en Jerez centra el día de la paz en la pelea contra el uso tóxico de las pantallas en los más jóvenes

Adolescentes que han vivido la adicción digital relatan sus experiencias a los niños de Primaria y, junto a profesionales y familias, reflexionan y dan consejos sobre cómo rebajar el uso abusivo de las pantallas. "Había que abrir este espacio de reflexión", asegura Sara Álvarez, la docente que ha diseñado la jornada

Sara Álvarez, docente en el CEIP Al-Andalus, en uno de los talleres impartidos por el Día de la Paz en el colegio público jerezano.
30 de enero de 2026 a las 19:35h

Con motivo del Día Escolar de la Paz y la No Violencia, el CEIP Al-Ándalus de Jerez ha celebrado este viernes, 30 de enero, una jornada dedicada a la promoción de la salud mental en la infancia y la adolescencia. El eje central de la actividad, coordinada por la docente del centro Sara Álvarez Mota, ha sido el uso de las pantallas y su impacto en el bienestar emocional, un tema cada vez más presente en la vida cotidiana de niños, niñas y jóvenes, y también en las preocupaciones de las familias y del profesorado.

La iniciativa parte de una convicción compartida por la comunidad educativa: la salud mental es un pilar fundamental para el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral del alumnado. En un contexto social marcado por la hiperconectividad y la presencia constante de dispositivos digitales, el centro ha querido generar un espacio de reflexión colectiva que vaya más allá del discurso teórico y conecte con experiencias reales.

La jornada se ha articulado a través de distintas ponencias en diferentes postas en aulas del centro educativo. Vivenciales de corta duración, en las que han participado profesionales del ámbito educativo y sanitario, adolescentes, familias y alumnado de quinto y sexto de Primaria. El formato, dinámico y cercano, ha permitido abordar el tema desde múltiples miradas, favoreciendo la participación activa y el diálogo intergeneracional.

Coloquio final en el CEIP Al-Andalus.   MANU GARCÍA

Desde el primer momento, el ambiente en el salón de actos deja claro que no se trata de una charla más. Hay atención, silencio y gestos de sorpresa. Muchos de los asistentes saben que lo que se va a contar no es ajeno, que forma parte de su día a día, aunque pocas veces se nombre de forma directa.

El origen: una experiencia que lo cambió todo

La profesora Sara Álvarez Mota, una de las impulsoras de la jornada, explica a lavozdelsur.es que la idea surge a raíz de un caso concreto vivido en el centro. Se trata de un niño de cuatro años que presentaba dificultades en el lenguaje, problemas para interactuar con sus compañeros y desorientación en el propio espacio escolar. Una situación que generó preocupación en el equipo docente.

Tras hablar con la familia, la madre decidió retirar las pantallas en casa y ofrecer alternativas de juego. El cambio fue rápido y evidente. "En una semana o semana y media notamos un cambio brutal en este niño", explica la docente. "Lo vimos y lo vivimos en el aula, y eso nos impactó muchísimo".

Esa experiencia fue el detonante para plantear la necesidad de compartir lo ocurrido con el resto de familias del centro. "Pensamos que no podía quedarse solo en nuestro caso, que había que abrir este debate y crear un espacio para reflexionar juntos", señala Álvarez Mota. A partir de ahí se ha diseñado una jornada que combina información, testimonios y dinámicas participativas, con la intención de sembrar conciencia sin imponer discursos cerrados.

Marta Benigno, durante la ponencia.  MANU GARCÍA

Cuando la psicología pone palabras a lo que ocurre

Una de las voces clave de la jornada ha sido la de Marta Benigno Silva, psicóloga del centro Madicct. Su intervención se ha centrado en la concienciación sobre el uso y el abuso de las tecnologías, las redes sociales y las pantallas, y en las consecuencias que estas conductas pueden tener a nivel familiar, conductual y psicológico.

"Lo que más impacta es la normalidad con la que asumimos tener muchas pantallas alrededor y durante muchas horas", ha explicado a este medio. "Televisión, móvil, videojuegos… todo forma parte del día a día y muchas veces no somos conscientes del alcance que puede tener".

Desde su experiencia profesional, Benigno ha compartido casos reales de adolescentes y jóvenes que han desarrollado problemas asociados al uso compulsivo de la tecnología. "Vemos conductas de juego patológico, problemas con apuestas y una dificultad enorme para poner límites una vez que la conducta está instaurada".

Uno de los aspectos que más preocupa es la edad cada vez más temprana en la que aparecen estos problemas. "Tenemos en el centro personas muy jóvenes con juego patológico, y algo que se repite en todos los casos es el uso excesivo del móvil y el mal uso de las redes sociales".

Mesa de los dos adolescentes durante una de las charlas.   MANU GARCÍA

"Comía rápido para volver a jugar"

El momento más impactante de la jornada llega con el testimonio de un adolescente atendido en Madicct. Sus iniciales son I. P. R. y su identidad se mantiene en el anonimato. Su relato, sin dramatismos ni adornos, conecta de forma directa con el público más joven. "Yo salía del colegio y me ponía a jugar al ordenador o a la Play durante muchas horas", cuenta. "Podía empezar a las 15.00 horas y acabar a las 02.00 o 03.00 horas de la madrugada". Entre partida y partida, apenas había pausas. "Comía rápido y volvía a jugar".

El aislamiento fue creciendo de manera progresiva. "Con el móvil y las redes sociales pasaba igual. Quedábamos los colegas y, aunque estuviéramos juntos, nos hablábamos por el móvil, nos mandábamos fotos estando allí". El punto de inflexión llega cuando las relaciones personales empiezan a resentirse. "Me di cuenta de que era un problema cuando prefería estar con el móvil antes que con mi pareja o con mis amigos. Ellos se aburrían y se iban".

Mientras habla, en la sala se percibe un silencio denso. Algunos niños bajan la mirada, otros miran a sus padres. El testimonio no necesita advertencias añadidas: funciona como un espejo cercano y difícil de ignorar.

Los efectos perjudiciales de las pantallas

La enfermera Yolanda Quirós López, referente de centros educativos, pone el foco en los efectos físicos y psíquicos del uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes. Explica que, además de problemas psicológicos, se están observando cada vez más trastornos físicos: desde dolores de espalda y articulaciones hasta el síndrome del túnel carpiano, una tendinitis dolorosa que afecta a la muñeca y la mano, y que antes se veía solo en adultos con ciertos trabajos. "Ahora lo estamos viendo en niños muy jóvenes, que no tienen ninguna vinculación con un trabajo", señala.

Los niños y sus familias se sorprenden especialmente al conocer cómo el uso de pantallas afecta la visión y la calidad del sueño. "Les ha impactado mucho saber que el sueño no solo se mide en horas, sino en cómo se duerme: es fundamental para desintoxicar el cerebro de toda la información que reciben durante el día", explica. Para acercar estos conceptos a los más pequeños, la enfermera destaca la importancia de actividades participativas y de la implicación de las familias, que permiten trasladar la reflexión a casa y fomentar hábitos más saludables.

Un momento de uno de los talleres. Al fondo, Jesús Galloso, director del colegio público Al-Andalus.   MANU GARCÍA

El cerebro también se educa

El neuropsicólogo Salvador Parra Asensio, director del centro Luria, ha aportado una mirada científica que ha ayudado a entender lo que ya se ha escuchado desde la experiencia personal. Su charla se ha centrado en cómo se desarrolla el cerebro en la infancia y la adolescencia y en cómo el uso excesivo de pantallas puede influir en ese proceso.

"Las pantallas dirigen nuestra atención, pero lo que queremos es que el niño aprenda a gestionarla", ha explicado. Desde su trabajo con electroencefalogramas y neurofeedback, señala que en niños con un uso elevado de pantallas se observa una actividad cerebral más lenta, asociada a una actitud pasiva.

Parra ha utilizado una comparación sencilla para que los niños lo entiendan. Les habla de futbolistas, de entrenar y de mejorar el rendimiento. "Si no entrenas, pierdes forma. Con el cerebro pasa igual: si no participa, si no interactúa, no se desarrolla igual".

La reacción del alumnado ha sido de sorpresa. "Cuando les dices que su cerebro puede mejorar, que pueden aprender más y crear nuevas conexiones, se quedan impactados", ha relatado. Para muchos, es la primera vez que escuchan que el aprendizaje no es algo fijo, sino un proceso que también depende de cómo viven su día a día.

Familiares de alumnos en el coloquio al finalizar las jornadas.   MANU GARCÍA

Padres y madres frente al espejo

Entre las familias asistentes, las reacciones son diversas, pero han coincidido en un punto común: la preocupación. Águeda es madre de un niño de diez años y valora la jornada como "muy productiva". "Son informaciones que vienen muy bien para los niños y también para nosotros", ha sostenido. Aunque asegura que intenta controlar el uso de las pantallas en casa, reconoce que escuchar testimonios reales le ha hecho reflexionar. "Me sorprende que haya niños tan pequeños con tantas horas de pantalla, incluso de madrugada, y que los padres no se den cuenta".

Su hijo no tiene redes sociales ni teléfono móvil, una decisión que conecta con su propia experiencia personal. "Yo dejé las redes sociales siendo adolescente porque sufrí insultos y acoso por parte de una expareja. Vi que era una herramienta muy fácil para hacer daño y decidí borrarlo todo. Y por eso mi hijo no tiene redes ni le dejo que las vea".

Tana, madre de una alumna de cuarto de Primaria, ha salido de la jornada con ideas claras y otras en proceso. "Sabía muchas cosas, pero hoy he sido más consciente del impacto que puede tener en el desarrollo del cerebro, en el sueño y en la salud mental". A partir de ahora, se plantea reforzar los límites. "Voy a mirar aplicaciones de control parental y a concretar más las horas de pantalla". Aunque echa en falta más herramientas prácticas, considera que el mensaje ha sido necesario.

La voz de los niños

Los protagonistas silenciosos de la jornada también toman la palabra. Paola, alumna de Primaria, ha resumido lo aprendido con una claridad sencilla. "He aprendido que no hay que estar tanto tiempo con la pantalla porque es muy malo. Hay que hacer cosas fuera, jugar y hablar más". También ha mencionado los riesgos asociados a las redes sociales. "Hay que tener cuidado con la gente que no conocemos. A veces no sabes quién está al otro lado". Sus palabras reflejan una mezcla de inocencia y conciencia temprana.

Otros alumnos, como Luis, Josué y Eitan, han coincidido en que el uso excesivo de pantallas afecta tanto a la salud mental como a la física. El día se les ha hecho corto. "Estaríamos más tiempo", dicen sin dudarlo. "Hemos aprendido muchas cosas y ahora sabemos lo que está bien y lo que está mal con el móvil", añaden. 

Alumnos al finalizar el último taller por el Día de la Paz.   MANU GARCÍA

Sembrar paz también en lo digital

Al final de la jornada, familias, alumnado y profesionales comparten un espacio común para resolver dudas y expresar inquietudes. Destaca conocer cuánto tiempo pueden estar los niños con el móvil -el cual depende del uso que le den-, cómo conseguir reducir el uso de las pantallas o si castigarles sin los dispositivos en positivo o no.

"Debe ser un premio, si consiguen hacer una de las tareas, podéis dejárselos un rato. Si no, hay que explicar que hoy no se ha conseguido, pero que mañana seguro que lo harán y podrán usarlos. Es refuerzo positivo", revela Salvador Parra en el salón de actos. De ese intercambio nace un compromiso simbólico: un acuerdo de paz digital para fomentar un uso más consciente y equilibrado de las pantallas en el ámbito familiar.

Para el profesorado, el balance es positivo. "Hemos visto a niños sorprendidos y a familias muy interesadas", señala Sara Álvarez Mota. "Si se les ha hecho corto, es buena señal. Significa que hay interés y que este tema necesita más espacios".

En el CEIP Al-Ándalus, el Día de la Paz ha servido este año para mirar de frente a una realidad incómoda, escuchar a quienes ya han sufrido las consecuencias y empezar a construir, en comunidad, una relación más sana con la tecnología. También eso es educar para la paz.

Sobre el autor

Míriam Bocanegra

Ver biografía