La situación en los talleres de arte sacro que trabajan con metales nobles atraviesa un momento especialmente delicado. La constante subida del precio del oro está poniendo contra las cuerdas a unos negocios que dependen directamente de esta materia prima y que tienen en las hermandades a sus principales clientes.
El caso de los doradores es aún más sensible. Utilizan oro de 23¾ quilates y el coste de las láminas necesarias para ejecutar sus trabajos ha aumentado un 74%, un porcentaje que compromete seriamente la estabilidad de estos pequeños talleres.
Uno de los artesanos que ha alzado la voz es el sevillano Paco Pardo, quien ha trasladado su preocupación a través de las redes sociales para visibilizar hasta qué punto la subsistencia del sector depende del valor del metal. “Para el inversor puede ser una gran noticia, pero un taller que compra oro fino real cada semana, es un cambio estructural”, asevera Pardo.
Subraya que no se trata de un simple ajuste coyuntural, “hablamos de viabilidad. En nuestro sector muchos trabajos se firman con precios cerrados y plazos largos. Restauraciones, dorados completos, fases que se ejecutan años después del presupuesto inicial”
El problema es claro: si la materia prima casi se duplica, el taller no puede absorber en solitario ese impacto sin reducir su margen hasta niveles insostenibles. El oro representa cerca del 50% de un presupuesto cuando se emplea material de calidad; el resto es la mano de obra.
Contratos cerrados frente a un mercado volátil
Sin ánimo alarmista, el artesano circunscribe la solución a una cuestión de gestión empresarial. Si se quiere seguir trabajando con oro de 23¾ quilates —el que exige el patrimonio histórico y artístico con el que trabajan—, los contratos deben contemplar revisiones vinculadas al precio de la materia prima.
Esa es la petición directa que lanza a las hermandades: cambiar el sistema tradicional de contratación, de modo que el precio no quede fijado desde la firma durante todo el tiempo de ejecución del proyecto, sino que pueda adaptarse a la evolución del mercado.
“Es una cuestión de concienciación, deben comprender que los artesanos no somos grandes empresas y que nos movemos con márgenes muy ajustados” Pardo es tajante: “Lo que no se puede asumir es una subida del 74% sin adaptar las condiciones”
Recuerda además que en su oficio se trabaja con oro puro, no aleado con otros metales, lo que incrementa aún más la exposición a las fluctuaciones del mercado.
Riesgo real para la continuidad de los talleres
El dorador propone introducir cláusulas específicas que tengan en cuenta esta volatilidad, aunque advierte que su aplicación práctica podría comenzar tras la Semana Santa, cuando suelen activarse nuevos encargos. Los trabajos ya firmados este año han tenido que ejecutarse bajo las condiciones pactadas.
Según explica, una variación “normal” en el precio del oro puede suponer un sobre coste de entre 2.000 y 3.000 euros para un taller en detrimento de la mano de obra. En el escenario actual, con una revalorización constante, el impacto es mucho mayor.
El metal puede superar la mitad del presupuesto total de un encargo. Y cuando ese porcentaje aumenta sin posibilidad de revisión, la consecuencia es directa: merma de salarios y desestabilización de pequeñas empresas familiares.
En definitiva, lanza un mensaje claro a las hermandades: la forma de contratar los trabajos debe adaptarse a la realidad del mercado. De lo contrario, la volatilidad del oro podría poner en serio riesgo la continuidad de talleres que sostienen buena parte del patrimonio cofrade.
