La palabra 'tabanco' tiene más historia de la que aparenta. Francisco Bellido ha reunido en sus redes distintas teorías sobre el origen de un término que hoy se asocia directamente a Jerez y a su cultura del vino. Hay quienes sitúan su nacimiento entre los siglos XVII y XVIII, como resultado de la fusión de los términos "estanco" y "tabaco", mientras que otros apuntan a que deriva del concepto de taberna.
Lo que sí recoge la historia escrita es que Cervantes empleó la palabra en su obra Viaje al Parnaso, al mencionar a la Gitanilla. La Real Academia Española, por su parte, la define como "un puesto, tienda o cajón que se instala en las calles o en los mercados para la venta de comestibles", una acepción que poco tiene que ver con lo que los jerezanos han conocido bajo ese nombre.
De la calle al barril
Según Bellido, fue a principios del siglo XX cuando el tabanco jerezano adquirió su identidad propia. Posiblemente algún vecino consideró que "tabanco" sonaba mejor que taberna, y el nombre fue calando. El establecimiento resultante tenía una seña de identidad clara: barriles y botas de vino como decoración principal, y el vino servido a granel en "vasucos", ya que la copa no se generalizó hasta bien entrado ese mismo siglo.
Avisos en la pared
El aperitivo era una rareza: pocas aceitunas, algún altramuz en contadas ocasiones. Lo que sí abundaban eran los avisos en la pared. "A beber y escupir en la calle", rezaba uno de ellos. El clásico cartel de "Reservado el derecho de admisión" tenía, según Bellido, una lógica muy práctica: algunos clientes no sabían cuándo parar y había que pedirles que se marcharan antes de que la situación se complicara.
El tabanco que hoy conoce Jerez es, en definitiva, una institución local que fue tomando forma a lo largo del siglo pasado, alejada de la definición académica y arraigada en la cultura del vino de la ciudad.
