A miles de kilómetros de Jerez, cuando ya parecía que la vida iba a transitar por senderos previsibles, Juan Pedro Martín decidió cambiar de rumbo. No fue una decisión impulsiva ni un capricho tardío, sino una historia que se fue cocinando despacio, primero frente a la pantalla de un ordenador y después al otro lado del océano.
Durante la noche del domingo, su nombre y su rostro aparecieron en Andalucía x el mundo, el programa de Canal Sur que se adentra en las vidas de andaluces que un día hicieron las maletas para empezar de nuevo lejos de casa. En Tuluá, una ciudad del Valle del Cauca (Colombia) rodeada de caña de azúcar y vegetación exuberante, Juan Pedro se mueve con la serenidad de quien ha encontrado su sitio.
Tiene 76 años y habla con la naturalidad de quien no siente nostalgia como una carga, sino como un equipaje bien ordenado. Cambió el 'pescaíto' frito por la bandeja paisa, el bullicio de su barrio por los ritmos tropicales y las rutinas de siempre por una segunda juventud inesperada.
Una historia que empezó en internet
Todo comenzó en 2016, cuando conoció a una mujer colombiana a través de internet. Un año después viajó a Colombia durante quince días para conocerla en persona. Aquella visita fue suficiente. La acogida de su familia, el trato cercano y la sensación de estar en el lugar adecuado terminaron por engancharlo. "Ahora es mi pareja y hasta que me muera", resume sin rodeos.
Se prometieron, se casaron hace cuatro años en Jerez y celebraron el enlace con la familia de él. Vivieron un tiempo en Madrid, donde ella trabajaba cuidando a una persona mayor y ya tenía la nacionalidad española. Finalmente, en marzo de 2023, decidieron instalarse definitivamente en Colombia. Juan Pedro tiene cuatro hijas en España, con las que mantiene contacto diario a través de un grupo de WhatsApp, pero entendió que también era el momento de que su mujer estuviera cerca de los suyos.
Pan casero, recuerdos y nuevas costumbres
En Tuluá, Juan Pedro mezcla lo aprendido en Jerez con lo que va descubriendo cada día. Hace su propio pan en casa, disfruta de la gastronomía local sin olvidar sus vivencias en Jerez, pero sin lamentar su nueva vida tan lejos de su ciudad. La reportera del programa le llevó un pequeño regalo cargado de simbolismo: una estampa de la Virgen de la Merced, patrona de Jerez. Bastó verla para que afloraran los recuerdos.
Con siete años entró como niño cantor en el coro de la Merced, junto a su hermano mayor. Después de ensayar, comían el clásico 'susto', un bollito de pan con chocolate, y cantaban la misa de las 20:00 horas. Aquella infancia marcada por la música fue decisiva. Más tarde tocó el fagot en la Banda Municipal, compaginándolo con su trabajo en una bodega, donde también fue miembro del comité de empresa en tiempos de conflictos laborales.
"La música me salvó", reconoce. Ensayaban lunes, miércoles y jueves, y cuando estaba frente al pentagrama no había espacio para los problemas. Cree firmemente que sin ella habría caído en la depresión.
Una carta desde el otro lado del océano
Uno de los momentos más emotivos llegó con la lectura de una carta enviada por su hija Silvia, cuya letra reconoció al instante. En nombre de todas sus hijas y nietos, le recordaban cuánto lo echaban de menos y cómo Colombia lo había acogido con los brazos abiertos.
Su mujer lo confirma con una sonrisa. Habla de su alegría contagiosa, de cómo enamoró a sus amigas colombianas cantando flamenco el día de su boda en España y del cariño que le profesa toda su familia. En Tuluá, Juan Pedro Martín no es un extranjero: es un jerezano que encontró, lejos de casa, otra manera de sentirse en casa.
