'National Geographic' descubre el museo de Jerez con piezas 'malditas'

La revista científica hace un recorrido por uno de los lugares más misteriosos que esconde la ciudad

Una de las piezas del Museo del Tiempo.
Una de las piezas del Museo del Tiempo. JUAN CARLOS TORO
15 de enero de 2026 a las 09:47h

La revista National Geographic ha dedicado un reciente reportaje al Palacio del Tiempo, el museo de relojes situado en Jerez de la Frontera y considerado uno de los más relevantes de España y Europa. El artículo destaca que en este espacio se conservan casi 300 piezas históricas, muchas de ellas auténticas obras de artesanía de los siglos XVII, XVIII y XIX, capaces de mostrar la evolución técnica y artística de la relojería. La publicación subraya que el museo, parte del complejo Museos de la Atalaya, combina jardines, antiguos cascos bodegueros y un palacete de estilo victoriano que alberga esta colección singular.

El reportaje se centra en la labor de Francisco Osuna, responsable del mantenimiento de los 287 relojes del museo. Una vez por semana se desplaza desde Sevilla para dar cuerda, limpiar y revisar cada pieza, garantizando que el 95% de ellas siga funcionando. Según explica Marian Bermúdez, responsable de las visitas, este nivel de conservación se debe tanto a Osuna como al relojero que le precedió, y permite preservar un conjunto que reúne todas las grandes escuelas y estilos de la relojería europea.

La visita comienza con el primer reloj público de Jerez, fabricado en 1857 y donado por el Ayuntamiento. Se trata de un reloj de farola de cuatro caras construido por José Rodríguez Losada, un maestro relojero leonés afincado en Londres, conocido también por diseñar el emblemático reloj de la Puerta del Sol. Su historia, marcada por su amistad con el relojero del Big Ben y la posterior herencia del taller londinense, añade valor histórico a esta pieza que luce la dirección “105, Regent Street”.

El recorrido continúa en la Sala Azul, dedicada a la escuela francesa. Allí destacan relojes elaborados en mármol, porcelana u ormolu, una técnica de dorado con oro mediante nitrato de mercurio, compuesto extremadamente tóxico. National Geographic recuerda que esta práctica originó la leyenda de los “relojes malditos”, debido a que los artesanos —a menudo niños o mujeres— morían jóvenes por la exposición prolongada a los vapores del metal.

La siguiente parada es la Sala de Oro, donde la atmósfera cambia cada hora en punto cuando decenas de mecanismos hacen sonar sus campanadas simultáneamente. El espacio está decorado con una alegoría pictórica de las 24 horas del día y reúne relojes de estilo Imperio, caracterizados por su componente narrativo y escultórico. Mitología clásica, símbolos emocionales y referencias literarias dominan las composiciones que acompañan a las piezas.

Los relojes ingleses

Tras la sección francesa llega la Sala Verde, dedicada a los relojes ingleses. En contraste con la estética ornamental de los modelos franceses, aquí prima la precisión mecánica. Muchos ejemplares incorporan carrillones que convierten las campanadas en melodías, y algunos muestran laterales de cristal que permiten observar la maquinaria interna. La exposición concluye en el área dedicada a los relojes más singulares, entre ellos el Reloj Esqueleto de Robert Robin, uno de los pocos con segundero y notable exactitud.

Entre las piezas más llamativas figura también un reloj nocturno de 1670, diseñado para que pudiera consultarse en la oscuridad mediante una vela o lámpara de gas introducida en su interior. Según explica Bermúdez, fue ideado por los hermanos Campani a petición del papa Alejandro VII. Su rareza se debe a que muchos de estos relojes se perdieron en incendios ocasionados por la propia fuente de luz. National Geographic concluye señalando la carga simbólica de estas piezas, que evocan “el tiempo desvaneciéndose” y recuerdan, en cada engranaje, la fragilidad y fugacidad de la vida.

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Emilio Cabrera.

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