"El mayor problema que ha traído la sucesión de temporales está aquí", dice sin tapujos Antonio Gragera, desde la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de Jerez, situada al final del polígono industrial El Portal, junto al cauce del río Guadalete.
Gragera es el jefe de servicio de Aqualia, la empresa que gestiona la EDAR jerezana, que en estos momentos no está en funcionamiento. Es decir, no se están depurando las aguas residuales, que se están vertiendo directamente al río.
En el interior de la planta se trabaja a destajo para recuperar la normalidad cuanto antes, pero no será antes de dos meses, según sus previsiones. Todo dependerá de los problemas que se vayan encontrando durante la progresiva, pero lenta, recuperación.

Porque la noche del 5 de febrero, los empleados de la depuradora —hay turnos durante las 24 horas— tuvieron que dejar las instalaciones. El Guadalete, entonces, estaba en nivel rojo tras superar los seis metros de altura, y la EDAR se inundó.
Pero fue una inundación a unos niveles que no se recordaba desde hacía muchos años. Y que superó lo sufrido, incluso, en 1996, la última vez que se interrumpió la actividad en la depuradora. Era apenas dos años después de su inauguración, tras la riada de diciembre de ese ejercicio.
El antecedente de la riada de 1996
Ahora, la comparación con la inundación de 1996 es inevitable. Entonces, la planta tardó aproximadamente un mes y medio en recuperar su funcionamiento, pero las circunstancias eran distintas. “Ahora hay mucha más población, mucha más carga y la planta tiene 30 años más. Aunque mantengas y conserves, no se recupera igual de un constipado una persona de 30 años que una de 90”, explica gráficamente.

"El objetivo es poner la depuradora en marcha como sea. Nos estamos dejando la vida. Una ciudad como Jerez no se puede permitir estar sin depuración", asegura Lola López Godoy, gerente de Aquajerez, en declaraciones a lavozdelsur.es. López destaca la labor de la plantilla, con la jefa de planta Cristina Gómez al frente, y el jefe de mantenimiento, Rafael Escuredo, que lideran las labores de recuperación.
"Aquí no podemos esperar a que el seguro se haga cargo, tenemos que arrancar", insiste la gerente. Porque al Consorcio de Compensación de Seguros le piden más de seis millones de euros, que es el coste de todo lo invertido en la depuradora, aunque la cifra exacta dependerá del material y maquinaria que puedan recuperar, que temen que sea escaso.

"No podemos permitirnos que afecte al turismo"
En la instalación de El Portal se depura la totalidad del agua residual de la ciudad: desde lo que se vierte por el inodoro o el fregadero hasta el agua de lluvia que llega por escorrentía. “Si no quitamos aquí toallitas, grasas, arena y carga orgánica, todo eso iría directamente al río”, advierte Antonio Gragera.
El problema no es menor. "Los ríos ya no tienen capacidad de autodepurarse como antes. Por eso existen las plantas depuradoras. Si esto está parado, todo va al río", explica Gragera. Además, la legislación obliga a cumplir parámetros estrictos de vertido: "Tenemos que cumplir unos límites de sólidos en suspensión y carga orgánica".

Aquajerez tiene informada de la situación a la Junta de Andalucía y opera bajo una excepción administrativa tras notificar las medidas adoptadas. "Pero dentro de nada empezarán a exigir. Esto va a la playa, y estamos entrando en una época muy delicada. No podemos permitirnos que afecte al turismo", dice la gerente de la empresa.
Daños millonarios y evaluación pendiente
La primera estimación de daños ronda los seis millones de euros, aunque la cifra podría variar. “Se ha valorado todo el equipo inundado, pero hay maquinaria que igual le damos corriente y funciona. Si funciona, sale de la valoración”, explica Antonio Gragera.
No solo ha resultado afectada la planta principal. También existen daños en instalaciones auxiliares, pequeñas depuradoras y estaciones de bombeo que aún no han podido evaluarse en profundidad porque la prioridad absoluta es reactivar la planta central.

La prioridad es recuperar el suministro eléctrico. Endesa está reponiendo las instalaciones dañadas, el paso previo a la puesta en marcha de la instalación eléctrica. Entonces, se conocerá qué equipos funcionan y qué está deteriorado. "Iremos metiendo corriente poco a poco para ver qué responde y qué no", dice Gragera.
El plan es reactivar en menos de un mes al menos una línea del tratamiento primario, que elimina los sólidos visibles —toallitas, arena, grasa o fango—. "Después, en unos dos meses, la planta podría estar funcionando en condiciones casi normales", apuntan desde la empresa.
Quedaría entonces recuperar el reactor biológico, donde actúan los microorganismos encargados de completar la depuración. “Los bichitos necesitan volver a activarse", dice de forma gráfica el jefe de servicio de Aqualia.
Mucho barro y la incógnita de las pruebas eléctricas
La inundación se produjo la noche del 5 de febrero. Los trabajadores no pudieron acceder hasta el día 11 de febrero, cuando el agua empezó a remitir. Desde entonces, llevan casi dos semanas retirando fango y limpiando las instalaciones. Haciendo balance de daños, que aún no es definitivo.

La experiencia de 1996 sirve de referencia, aunque la situación actual es más compleja. La planta fue inaugurada en 1994 y entonces apenas tenía dos años. Hoy acumula tres décadas más de desgaste.
Incluso la instalación fotovoltaica plantea incógnitas. Los inversores, que transforman la corriente generada por las placas solares, parece que no se anegaron, pero el resultado final no se conocerá hasta realizar las pruebas eléctricas. "Puede que arranque sin problema o que al meter corriente empiece a fallar todo. Hasta que no probemos, no lo sabemos", insiste el jefe de servicio.
La inundación también afectó a la flota de vehículos eléctrica. Durante varios días, los trabajadores tuvieron que buscar puntos de recarga alternativos mientras gestionaban nuevas tarjetas de suministro.
"Tenemos que ir por delante"
La empresa cuenta con entre 70 y 80 trabajadores, de los cuales una treintena desarrolla su labor habitual en la planta. El resto utiliza la instalación como base antes de salir a la calle.
"Normalmente aquí se trabaja en mantenimiento y análisis del agua. Ahora estamos limpiando barro por todos lados. La gente está reventada", admite Antonio Gragera.
Mientras la atención pública se centra en los daños visibles en viviendas y calles, la mayor infraestructura afectada por la riada es la depuradora de El Portal. "Cuando llegue la hora de la verdad, empezarán a apretarnos", asume Lola López, gerente de Aquajerez. Por eso, insiste, la prioridad de la empresa está clara: "Tenemos que ir por delante y arrancar cuanto antes".


