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Los 5.500 habitantes de la mayor pedanía jerezana presumen de vivir en un sitio tranquilo donde la vigilancia es casi inexistente. 

Año tras año Guadalcacín –hasta la Transición denominada Guadalcacín del Caudillo- copa los medios de comunicación cuando acoge el Campeonato de Andalucía de Tractores, una de las pruebas más espectaculares de la Federación Andaluza de Automovilismo, coincidiendo con el sábado de feria. Esta joven pedanía de Jerez, cuyo nacimiento se remonta a 1954, da cobijo en la actualidad a uno 5.500 habitantes, descendientes de colonos procedentes principalmente del propio Jerez, de la Sierra de Cádiz, de Paterna de Rivera y algunos incluso de Granada, expertos en el cultivo de regadío. No en vano, como explica uno de sus vecinos su principal motor económico era la recolección de algodón y de remolacha. No es de extrañar por tanto que en su territorio –concretamente en Cañada Ancha- se encontrase en funcionamiento hasta 2008 una de las tres plantas azucareras con las que llegó a contar la Jerez.

En la actualidad las mayoría de los hombres trabajan en el sector de la construcción o son agricultores. Muchas de las mujeres guadalcacileñas son emleadas de campaña en campaña como Milagros de 52 años: “Voy a la fábrica para trabajar en el tiempo de la zanahoria, de lo que sea”, afirma. Otras también trabajan en la fábrica de helados, próxima a este núcleo poblacional. Cuenta que en su tiempo libre sale a caminar y que en general la vida allí es muy tranquila, “lo único malo es que la gente es muy cotilla, como en todas partes”.

Esta gran pedanía de Jerez, mucho mayor que varios municipios de la provincia, no se salva de la lacra del desempleo. Juani y Jesús (nombres ficticios) son pareja, pero no se pueden independizar. Ambos tienen 22 años y se ganan la vida vendiendo pescado por las calles, de forma ilegal. Ella estudia para presentarse a las oposiciones y trabajar en las Fuerzas Armadas y él, para obtener el título de secundaria. Ellos paran su coche de puerta en puerta, de barrio en barrio, mientras que en la plaza de abastos el único puesto que hay abierto es una pescadería. “Hay que pagar muchos impuestos, y con la crisis no hay para nada. También compramos en Jerez, en las tiendas grandes, donde esté más barato”, explica Milagros.

Ana pasea al perro a sus 80 años por un parque con la bolsita en la mano. Lleva 41 años residiendo en la ELA, desde que sus hermanos y su marido encontraron trabajo allí. Decidió quedarse en el mismo momento en el que aterrizó en Guadalcacín. “Me gustaba muchísimo vivir aquí porque he bailado, he cantado, he ido a yoga y me saqué el graduado en la escuela de adultos, yo que nunca había ido al colegio. Me mandaron el diploma desde Madrid”, se vanagloria la octogenaria. Los años pasaron y la vida allí continúa igual, tranquila, salvo que “antes teníamos las puertas abiertas y ahora las cerramos”.

Todos los habitantes coinciden en que es un pueblo limpio, en la idoneidad de su ubicación con acceso a las autovías y lo fácil que lo tienen para llegar a la metrópoli con la que casi se funden en el espacio. Sin embargo, en los últimos tiempos han lamentado varios robos. Unos vecinos se apresuran a afirmar que lo ladrones son de fuera, aunque no está tan claro. Todos coinciden en la falta de vigilancia, algunos más rotundos dicen que es “nula”. “Tenemos una patrulla de Policía Local que tiene que atender también a Nueva Jarilla y a Estella del Marqués, así que imagínate si pasa algo”, se queja una de las vecinas. Otro aspecto negativo es que los jóvenes y adolescentes se aburren en Guadalcacín. Lo tienen fácil para divertirse en el núcleo urbano de Jerez por su proximidad y buena comunicación, sin embargo en la ELA “solo hay una discoteca para mayores, pero mi hija de 12 años solo puede estar en la calle”, lamenta esta misma vecina.

Los guadalcacileños y guadalcacileñas pueden presumir de contar con el mejor equipo de fútbol de todo Jerez, CD Guadalcacín, ya que el resto de equipos del núcleo urbano se encuentran en categorías inferiores. De equipo de fútbol y de talante. Teresa, responsable de la panadería María Auxiliadora desde hace más de un año asegura que lo mejor de la pedanía es su gente, el buen trato con el que reciben a las personas procedentes de otros lugares: “Se está viniendo mucha gente a vivir aquí, por algo será”. “Yo me quiero morir aquí, en Guadalcacín” zanja, porque la vida allí es envidiable por muy jerezana se sienta.

Sobre el autor:

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María Luisa Parra

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