La Cuaresma se siente en Jerez mucho antes de que salgan los primeros pasos a las calles. A veces basta una saeta, un aplauso a destiempo o el silencio respetuoso de quienes han vivido la Semana Santa durante toda la vida. En el Centro de Día de Las Angustias, en pleno casco histórico, la tarde se fue llenando de ese ambiente que anuncia que lo que viene no es un acto cualquiera, sino algo que forma parte de la memoria de muchos de los presentes.
La sala se quedó pequeña para asistir a la IV Exaltación de la Saeta Jerezana, una actividad que nació como una propuesta interna del propio centro y que con los años se ha convertido en una de las citas más esperadas por sus usuarios. Doce saeteros, la participación del coro Solera de Las Angustias y un público entregado desde el primer momento marcaron una jornada larga, pero llevadera, en la que no faltaron los 'olés' ni los aplausos tras cada intervención.
No era un espectáculo al uso. Muchos de los que cantaron se conocen de verse a diario, de compartir talleres o de coincidir cada mañana en el mismo salón. Por eso el ambiente tenía más de reunión entre amigos que de recital formal. Cada saeta se escuchaba con respeto, pero también con la cercanía de quien sabe quién está cantando y lo que significa que lo haga.
Una iniciativa que nació dentro del propio centro
La exaltación surgió por iniciativa de Rosa, directora del centro, que buscaba completar el calendario anual con una actividad dedicada a la Semana Santa, una de las celebraciones más arraigadas entre los mayores que acuden a diario a Las Angustias. "Durante el año hacemos muchas actividades, el Día de Andalucía, la feria, la Navidad o el Día de la Mujer, pero no teníamos nada en Cuaresma y en Jerez eso se nota. Pensamos que lo más natural era organizar una Exaltación de la Saeta, porque muchos de nuestros socios la han vivido desde siempre", explica a lavozdelsur.es.
Con el paso de los años, la respuesta ha ido creciendo. "La primera edición fue más sencilla, vino menos gente, pero cada vez se ha ido llenando más. Hoy lo estamos viendo, el salón está completo y casi todos los que cantan son socios del centro, aunque también vienen algunos amigos de fuera".
Una tarde larga, con muchos artistas y mejor ambiente
La participación fue numerosa y eso alargó la jornada, aunque el público aguantó hasta el final sin perder la atención. Cada actuación terminaba con aplausos prolongados y más de un 'olé' que salía de forma espontánea desde las primeras filas. Algunos seguían el compás con las manos, otros cerraban los ojos mientras sonaba la saeta, y no faltaban quienes se levantaban después para felicitar a los cantaores. El ambiente recordaba al de las reuniones antiguas, cuando cantar era una costumbre compartida y no un espectáculo preparado.
Rosa reconoce que la organización siempre trae nervios, pero también mucha satisfacción. "Se pasa un poco mal hasta que empieza todo, pero luego ves a la gente disfrutar y merece la pena. Para muchos de ellos esto es como empezar la Semana Santa, una manera de ir entrando en ambiente".
Lidia Hernández abrió la jornada
La primera intervención corrió a cargo de Lidia Hernández, uno de los nombres habituales en los actos cofrades de la ciudad, cuya presencia despertó una expectación especial entre los asistentes. "Trabajo con personas mayores y sé lo importante que son estos momentos. Muchas veces hacen un esfuerzo grande por venir, algunos con dificultades, y eso te hace cantar de otra manera", comenta a lavozdelsur.es tras bajarse del escenario del salón de actos.
Su participación tuvo además un motivo personal. "Mis padres forman parte del coro y me pidieron que viniera. Cuando te llaman para algo así no puedes negarte. Ellos han hecho mucho por nosotros y ahora nos toca devolverles ese cariño".
Sevillanas cofrades en Cuaresma
Entre saeta y saeta llegó uno de los momentos más comentados de la tarde. El coro Solera de Las Angustias, formado por usuarios del centro, interpretó varias sevillanas de temática cofrade, algo poco habitual en pleno tiempo de Cuaresma. Lejos de romper el ambiente, la actuación fue recibida con entusiasmo. El público acompañó con palmas en una escena que recordaba más a una reunión familiar que a un acto programado.
La mezcla de estilos terminó dando a la jornada un tono más cercano, acorde con el espíritu del centro, donde la mayoría se ve todos los días y comparte mucho más que una actividad puntual.
Inés, 86 años, y la valentía de seguir cantando
Entre los participantes destacó Inés Valero, de 86 años, la mujer más mayor sobre las tablas de la tarde, que volvió a subirse al escenario para cantar ante sus compañeros, como ya ha hecho en ediciones anteriores. "Yo no sé si lo hago bien, pero lo paso bien y con eso me basta", dice todavía emocionada después de terminar. Durante años ha cantado en corales y grupos de iglesia, y reconoce que ponerse delante de tanta gente sigue imponiendo respeto.
Su hija Paqui seguía la actuación desde el público con orgullo. "Tiene problemas de audición y aun así se atreve. Todo lo que canta lo ha aprendido sola, y para nosotros tiene mucho mérito. Aquí la quieren mucho y eso también la anima a seguir".
Cantar sintiendo que la saeta tiene destinatario
Fernando Ruiz 'El Arriero', otro de los participantes, defendía su manera de entender el cante con la seguridad de quien lleva toda la vida haciéndolo. A sus 76 años, asegura que la saeta solo se puede cantar de verdad cuando se siente que se le está cantando a alguien.
"Cuando canto, me gusta imaginar que tengo delante la Imagen, como si estuviera en la calle delante del paso. Así te metes más en lo que dices. Si no, parece que le estás cantando al aire", explica.
Acostumbrado a actuar en reuniones y actos cofrades, reconoce que el público del centro tiene algo especial. "Aquí la gente escucha de verdad, y eso te anima. Cuando ves que te aplauden, te vienes arriba y te sale mejor".
Un final sin prisa, como las tardes de antes
Tras las actuaciones de Marco 'El Curandero', Juan de Márquez, Luis Junquera, Manuel Caballero 'El Cala', María Heredia, Rafael Pérez Clavijo, José María Oviedo 'Nene', Lala de Jerez, Chano Íñigo Vera, sumadas a las de 'El Arriero' e Inés Valera, la exaltación terminó con un cierre formal. También con los espectadores comentando las actuaciones, saludándose y recordando otras ediciones. Nadie parecía tener prisa por marcharse, como si la tarde hubiera servido para algo más que escuchar saetas.
Para muchos de los asistentes, actos como este son también una forma de mantener viva la Semana Santa que han conocido siempre, la de los balcones abiertos, las saetas improvisadas y las calles llenas de gente conocida.
En Las Angustias, esa memoria sigue muy presente. Y mientras se apagaban las últimas conversaciones, quedaba la sensación de que la Cuaresma ya no es solo una fecha en el calendario, sino algo que vuelve cada año cuando alguien se arranca a cantar.
