Trabajador de seguridad privada, ha fabricado en seis años y con sus propias manos una réplica oficial de R2-D2. Ahora, los robots C-3PO y BB-8, también de la saga, son sus próximos proyectos.

Manolo García (un gaditano de 51 años, no el cantautor catalán) reside en el barrio de La Viña y trabaja como seguridad privada. Es, además, un acérrimo seguidor de la saga Star Wars, que recientemente ha estrenado la octava película (Los últimos jedi). De hecho, su nivel de afición llega a tal punto que hace siete años comenzó a fabricar, con sus propias manos y a escala real, el robot R2-D2, uno de los personajes más característicos de la ficción cinematográfica que vio la luz por primera vez en 1977.

Un trabajo que le ha costado incontables horas de esfuerzo y dedicación en su particular taller, situado en el trastero de su propia casa. A pesar de ser este su mayor éxito en cuanto a manualidades se refiere, siempre se ha considerado un manitas y cuenta que desde bien pequeño ya le gustaba “pintar y hacer maquetas”. En su taller particular cuenta, además, con marionetas realizadas por él y miniaturas de pasos de Semana Santa, “fundamentalmente por mi hijo, que me ha salido capillita y carnavalero”, cuenta entre risas. Aunque aclara que, en el caso del robot, solo ha podido hacerlo “en mis ratos libres, cuando mi hijo o el trabajo me dejan un hueco”, algo que otorga aún más mérito, si cabe, al proyecto que ha finalizado.

“Siempre he tenido la cosa de tener un R2-D2…hasta que he tenido la oportunidad”, explica el vigilante, que relata que algunas de las piezas son compradas, y otras, la gran mayoría, hechas por él a mano. “Hay un club oficial americano en el que, cuando eres miembro, tienes derecho a entrar en determinados planos y piezas para comprarlas”. La cabeza, de estireno (una especie de plástico) y cortada con láser, así como la cubierta, de aluminio, son compradas. El resto han sido fabricadas por él artesanalmente. El cuerpo, por ejemplo, se compone de madera, resina y aluminio.

Lo más complicado de hacer ha sido “la electrónica, porque de eso entiendo menos, pero también lo he hecho yo”, explica. El robot, por dentro, lleva dos controladores con unos motores que, a través de una placa, le da movimiento y hacen que se mueva con un mando de PlayStation, que tiene una tarjeta para hacer las veces de antena y poder conectarlo con el robot.

El proceso comenzó “por la cabeza, luego pasé al cuerpo y cuando vi que todo estaba correcto y que la cabeza se movía hacia los lados me puse con las patas”. Estas, hechas de madera y huecas por dentro, soportan todo el cableado que permiten el movimiento del robot, que cuenta con 52 sonidos incorporados a la tarjeta, cada uno de ellos asociado a una combinación de botones del mando.

Este R2-D2, el segundo que se fabrica en España (el primero lo hizo poco antes José Antonio, un seguidor catalán de la saga de George Lucas), está lleno de detalles. Además de los movimientos y el aspecto físico, toda la ventilación, las pantallas, los cables… simulan a la perfección al de la película. “Tal y como está hecho, en un par de años lo puedes terminar”, afirma. Él, sin embargo, ha tardado seis debido al “poco tiempo” del que dispone.

De hecho, la similitud es tan real que hace un mes se aventuró a solicitar a Lucasfilm –que aún gestiona el merchandising- la acreditación del robot como producto oficial de la saga. La respuesta, como no podía ser de otra manera, ha sido positiva. Manolo García ya cuenta, por tanto, con un autómata hecho por él y autorizado por los propios creadores de la película en el trastero de su casa.

Tras conocer la fantástica noticia, ya ha puesto nombre a sus próximos proyectos… aunque no fecha. Los personajes C-3PO y BB-8 ya han comenzado a ser recreados por este vigilante de seguridad que tiene  en el trastero parte de sus sueños hechos realidad. El primero de ellos tiene la cabeza hecha en fibra y en su interior se compone de PVC, el mismo material en el que se basará el esqueleto.

El BB-8, por su parte, lo hará con la impresora 3D que posee desde hace poco menos de un año. De momento cuenta solo con la cabeza, realizada en filamento plá (un material natural compuesto de maíz y azúcar) que, a diferencia del ABS, no es tóxico, aunque posee algunas limitaciones, como un menor tiempo exposición al calor. Posteriormente, y precisamente buscando algo más de protección, lo recubrirá con resina antes de pintarlo.

A pesar del esfuerzo y la dedicación que ha invertido en el R2-D2, su pretensión no es sacar ningún tipo de rédito económico. “No pido dinero, suelo asistir a eventos benéficos”. Ha estado en exposiciones de Jerez y Sevilla y próximamente visitará Fuengirola y Madrid, aunque no descarta obtener algún tipo de beneficio económico toda vez que ya cuenta con la aprobación de Lucasfilm como réplica oficial. Un sueño hecho realidad para Manolo García, que ha llevado hasta el extremo su pasión por la saga Star Wars con la fabricación, con sus propias manos, de uno de los personajes más característicos de las películas con más éxito de la historia del cine.

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