En torno a 50 familias, la gran mayoría parientes, acaparan casi por completo la venta de claveles y romero en el González Hontoria, y conviven año tras año en el campamento aledaño a la Calle del Infierno.

El territorio de esta dinastía está disperso geográficamente y su soberanía es estacional. Se desplazan de feria en feria: Sevilla, El Puerto, Sanlúcar… y cómo no, Jerez. En cada una de ellas acaparan casi por completo la venta del clavel y el romero. En la de Jerez aparcan sus furgonetas en el campamento, llano aledaño a la zona de las caravanas de los dueños y trabajadores de las atracciones. Conocidos como Los Reyes, son una estirpe compuesta por unas cuarenta familias gitanas sevillanas –todos hermanos, primos…- llegan desde el barrio Los Carteros, próximo a Pino Montano, en Sevilla. Aquí en el llano aledaño a la Calle del Infierno improvisan su hogar año tras año. Natalio, uno de los que tiene mayor edad, no recuerda desde cuándo. Conviven desde el abuelo hasta los bebés, en el mismo espacio que comparten con otros gitanos de Sevilla y de Portugal que vienen a lo mismo, ganarse unas perras.

Mari Carmen, de 31 años, se levanta en torno a las nueve de la mañana. Al igual que el resto, lo primero que hace es la compra diaria. No tienen comida ni electrodomésticos, apenas unas botellas de agua y otras bebidas hay en la furgoneta, ésta, por cierto, ordenada e impoluta. “Esa es la cama de los niños (tiene la parejita) y encima el colchón nuestro que lo ponemos en el suelo (de la furgoneta) para dormir”. Ella no trabaja en otra cosa el resto del año. Su marido sí: se dedica a la chatarra y a la venta ambulante de fruta y verduras.

Para asentarse en este espacio durante los días de Feria no necesitan más que llegar y ocupar el espacio. No tienen queja del Ayuntamiento. Lo preparan todo, cuentan: el agua, la luz, limpian el solar. Por las mañanas un chico y una chica llevan a los más pequeños a la escuela. “Los niños vienen con nosotros a todas las ferias. Avisamos en el colegio y ya está”, explican. “Cuando acabe la de Jerez volvemos a casa unas dos semanas y después venimos a trabajar a la Feria de Sanlúcar”.

“Competencia hay mucha, pero cada uno va a su suerte. Todo el mundo tiene derecho a comer”

Los hijos viajan con ellos pero no les acompañan a vender claveles y romero por el Real. “Está prohibido”, se apresura a afirmar Natalio. Así es desde finales de los 90 cuando en la era pachequista el gobierno local inició una campaña de concienciación contra la mendicidad infantil, no solo en la Feria durante todo el año y en cualquier parte de la ciudad. La campaña constaba de carteles y se complementó con este campamento donde se asientan ahora. “Antes nos quedábamos debajo de un puente del tren”, recuerda uno de los miembros de Los Reyes.

Después del almuerzo, sobre las cuatro, comienzan la primera parte de la jornada laboral. Uno o dos adultos se quedan al cuidado de los pequeños mientras el resto se marcha a trabajar. A las siete vuelven, se asean, descansan toman fuerzas y, ramo en mano, vuelven al Hontoria hasta las tres o las cuatro de la madrugada a ganar el jornal. Con cara de circunstancia aseguran que no se gana mucho, es difícil llegar a los treinta euros y la crisis, cómo no, se ha dejado notar y mucho. "De unos años a ahora cuesta más". ¿Es duro? “No, aquí se sabe a lo que se viene”. Nada de salir a disfrutar del rebujito, las sevillanas o el reggaeton. Solo el último día lo aprovechan para subir a los niños en las atracciones.

Algunas familias también sevillanas ajenas a “la dinastía” de Los Reyes se dedican a lo mismo, pero son menos dados a hablar para lavozdelsur.es. Otras, incluso proceden de la vecina Portugal, se distinguen del resto por los grandes ojos azules que tienen la mayoría de los componentes de la familia. Viven cerca de Lisboa. En su país se dedican a trabajar en el campo, en las diferentes campañas de recolecta y se desplazan hasta aquí para vender romero y claveles. Sin duda, sí les merece la pena. Entre unos y otros no existe el más mínimo problema y nunca los ha habido, según dicen. “Competencia hay mucha, pero cada uno va a su suerte. Todo el mundo tiene derecho a comer”. ¿Y la mejor feria cuál es? "La de Sevilla porque allí ganamos más, pero esta es muy buena feria también", asegura Natalio, uno de los Los Reyes de la Feria.

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