Los niños de Jerez toman las calles como si fuera un día de Reyes: "¡Por fiiiiiiin!"

Bicicletas, patinetes, juguetes y algún abuelo en la distancia para al menos ver de lejos a sus nietos en el primer día que podían salir a la calle tras seis semanas

Los niños de Jerez toman las calles como si fuera un día de Reyes: "¡Por fiiiiiiin!"

Un niño pasea con su patinete por las calles de Jerez, el pasado domingo. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN
Un niño pasea con su patinete por las calles de Jerez, el pasado domingo. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN
Una persona, detenida ante el convento de Capuchinos en Jerez. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN
Una persona, detenida ante el convento de Capuchinos en Jerez. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN
Menores, en bicicleta, paseando por la calle. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN
Menores, en bicicleta, paseando por la calle. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN

Las calles de Jerez, por fin, tienen otro sonido. Y ese "¡por fiiiiin!" es el grito de una niña que por calle Francos saludaba a la vida montada en su pequeña bicicleta, paseando junto a un adulto. La estampa fue como debía ser. Mascarillas, algún guante, distancias de seguridad, grupos pequeños.

Había quien comparaba el día con un día de Reyes, esos festivos previos a la vuelta al cole que culminan la Navidad y en la que papás y mamás dejan que los pequeños disfruten de los regalos. Sus juguetes, esta vez, eran los que podían permitirse en estos días. Alguna pedalada en bicis que más que bicis eran juguetes pequeñitos -no esas de paseo o de montaña, aunque alguna se vio-, algún balón en la mano para dar alguna patada, patinetes, carritos...

Jerez ha salido a la calle con ganas. Tantas tenían los padres como los hijos. Por fin, disfrutar del aire en el primer día en que legalmente se podía hacer algo más que ir a trabajar o acudir a por recados. A estos también podrán acompañar los pequeños a sus padres y otros convivientes responsables.

La medida efectivamente estaba encaminada a los menores de 13 años inclusive. Los de 14, en el último minuto, se quedaron fuera. O, en este caso, dentro de casa. No se vieron adolescentes. La calle la tomaron principalmente los que guardan los dientes para el Ratón Pérez -que cumple con el estado de alarma y acude a cada casa con mascarilla y se lava las manos con frecuencia gracias a su bote de gel hidroalcohólico preceptivo-.

Sí, hubo cosas que no son las que se esperaban. Había padres y madres juntos en el paseo. A lo mejor alguno se acercó demasiado a ese amigo o vecino al que llevaban semanas sin ver frente a frente. Todo eso es verdad. Y algunos denuncian en redes sociales que en algunos puntos, en algunos momentos, no guardaron las distancias.

Para evitarlo, en cualquier caso, los parques infantiles quedaron cerrados. Nada de columpios, por el momento. Menos, beber agua de fuentes públicas. Mejor no acercarse demasiado, siete ojos con los críos. Todo eso es la precaución que exige el Gobierno en un país que ha enterrado a muchos miles de personas en solo dos meses, los que hace que comenzó esta pandemia, mes y medio desde que hay un estado de alarma que ha logrado frenar los nuevos contagios.

En la responsabilidad de la gente está continuar con ello. No más de un kilómtero de casa, no más de un adulto para tres niños, no más de una hora, y no más de una vez al día. Por la tarde, los parques estaban vacíos de nuevo. Porque casi todos aprovecharon la mañana. Quizás, a partir de ahora, sea posible ir con menos impaciencia y tratar, como ha sugerido la autoridad sanitaria, que se puedan evitar las horas de mayor pico. Quizás hay que empezar a asumir en esta nueva normalidad que las doce de la mañana no son la mejor hora.

Este fin de semana parece el ensayo para el próximo, el que, salvo cambio de criterio o datos desesperanzadores, se permita también el deporte individual o acompañado por los convivientes. Aún falta para ir a visitar a los abuelos. Algunos, impacientes, se atrevieron a echar una mirada a sus nietos de lejos. Sin contacto, mejor, que nunca se sabe. Que todo esto se hace en mayor medida por ellos y por los que tienen una salud más débil. Había que quedarse en casa hasta hoy, pero esto solo es el principio de la nueva normalidad, que es como decir que se nos olviará cuándo se puede volver a disfrutar del mundo que cerró las puertas el 14 de marzo definitivamente. Ahora hay mascarillas, alguna pelota. Y por ahora las calles serán de los niños, como ya lo era de los dueños de perros que pasean y de los trabajadores. Tengan mucho cuidado, que hay imágenes que dan miedo, la de algunos parques. En Jerez, al menos, no se han fotografiado. Seguro que las hay. Pero, mayoritariamente, y con mayor o menor efusividad, los jerezanos han cumplido.

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