La última bala del Corral de San Antón

José Luis Fuentes, en el corral de San Antón. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
José Luis Fuentes, en el corral de San Antón. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Recordarán la historia del corral de San Antón, un antiguo inmueble del siglo XVIII en pleno barrio de San Miguel. Tres amigos lo adquirieron hace ya una década con el objetivo de rehabilitarlo y convertirlo no solo en su vivienda, sino en un espacio de encuentro para los vecinos del entorno con el objetivo de recuperar esa relación de camaradería tan común hace 40 o 50 años y que las nuevas urbanizaciones y los bloques de piso han hecho desaparecer. Además de en las ganas y en la ilusión de los ideólogos del proyecto, buena parte del mismo se sustentaba en una subvención de 196.000 euros que la por entonces Empresa de Suelo Público de Andalucía (EPSA), hoy Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA), les había concedido previo aporte de otros 70.000 euros que debían poner de su bolsillo. Sin embargo, hasta ahora y sin saber todavía muy bien por qué, esa subvención nunca llegó y, por lo tanto, tampoco la rehabilitación de la vivienda, que a cada día que pasa se encuentra en peor estado.

De los tres amigos iniciales que iniciaron la aventura, sólo José Luis Fuentes aguanta el tirón con la esperanza de ver cumplido su sueño. Pero a qué precio. Casi 80 euros de IBI y otros 700 al mes de hipoteca a la que se le aplicó una cláusula suelo. Ahora, tras darle la razón el juzgado, espera que su banco le devuelva ese dinero de más que ha ido pagando todos estos años. Pero más allá de ese dinero, que en una persona que gana un sueldo ‘normal’ es un importante esfuerzo, lo peor es que José Luis tuvo que replantear el proyecto inicial y desistir de hacer cinco viviendas para reducirla a una –la suya-. Esto, sin embargo, le daba la oportunidad de tener más espacio, por lo que planteó crear un espacio cultural. La idea, además, permitía reducir la subvención de AVRA un 80 por ciento hasta dejarlo en apenas 40.000 euros, con la esperanza de que así la agencia de vivienda tuviera más facilidades para abonarla. Pero ni por esas. Desde 2010 no ha recibido una comunicación oficial al respecto.

“Se está planteando la ciudad desde el prisma del turismo y la rentabilidad económica y eso es peligroso. Vamos a convertir el centro en un museo despojado de su esencia y su gente".

Llegados a este punto, José Luis no ha tenido más remedio que llevar a la Junta a los tribunales. El 19 de febrero presentó una reclamación previa y tras no obtener respuesta, el pasado mes de mayo presentó la demanda en los juzgados. Ahora se le plantean dos posibilidades: reclamar a AVRA los 196.000 euros de la subvención que le concedió más una cantidad en concepto de indemnización o esto último. La cuestión es que si finalmente reclamara esos 196.000 euros y el juzgado le diera la razón, José Luis tendría que volver al proyecto inicial de rehabilitar cinco viviendas, por lo que la idea del centro cultural quedaría en el aire. Así que ahora se ve entre la espada y la pared. “Si en su día EPSA hubiera aceptado la propuesta que le hicimos de cambiar el proyecto y reducir la subvención, ahora no tendría este problema”.

Pero más allá de esto, José Luis lamenta que este conflicto con la Junta le ha hecho perder su juventud. “Estos años de mi vida ya no los recupero. Compré esta casa con 22 años y todo esto me ha hecho perder la oportunidad de viajar y de hacer un montón de cosas”. A su vez señala que “no estoy llorando y pidiendo una limosna. Critico el modelo de ciudad que tenemos y me pregunto qué clases de políticas y planes de rehabilitación hay, porque ¿cuántas casas abandonadas hay en el centro y cuántas están habitadas en malas condiciones? Sólo en la calle San Antón hay cuatro casas deshabitadas y en la calle Pollo hay un solar lleno de basura que lleva así un montón de años”.

Fuentes también lamenta que “se está planteando la ciudad desde el prisma del turismo y la rentabilidad económica y eso es peligroso porque vamos a convertir el centro en un museo despojado de su esencia y su gente”. Así, recuerda la celebración, en septiembre de 2015, de las primeras jornadas del uso del espacio público en San Miguel que provocó incluso que “vecinos volvieran a verse las caras un año y pico después. “¿Cómo va a ser lo mismo relacionarnos en una urbanización que en una casa de vecinos?”.

Una vez la demanda puesta, ahora falta esperar a una pronta respuesta de la justicia. Es la última bala a la que se aferra José Luis, porque considera que para rehabilitar el centro hay que ofrecerle atractivos, y en ese aspecto su proyecto de centro cultural tendría mucho que decir.

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Jorge Miró

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