En una inmensa nave de la Ciudad del Transporte se guarda buena parte de la ilusión que se derrocha cada tarde del 5 de enero en Jerez, cuando Melchor, Gaspar y Baltasar salen a la calle, acompañados de su séquito, para repartir regalos y caramelos a los niños jerezanos. La empresa Brotons lleva décadas poniendo colorido a la cabalgata de Reyes Magos con sus pasacalles y espectáculos, además de vestir a sus propias majestades y a sus pajes. De hecho, cada año diseña nuevos trajes a los magos de Oriente, y cuando lavozdelsur.es visita sus instalaciones, están guardados y fuera de la vista de los curiosos para que nadie, en estos tiempos en que cualquiera tiene una cámara en su móvil, pueda tomar una instantánea, subirla a redes sociales y estropear uno de los secretos mejor guardados cada año.

Fue el alicantino Tomás Brotons quien, allá en el lejano año de 1859, llegó a Jerez para dedicarse al mundo textil. La empresa, que en sus orígenes se estableció primero en la calle Medina para luego mudarse a la cercana Arcos, comenzó como sastrería, alquilando vestuario y atrezzo a las compañías itinerantes de teatro que por entonces no disponían de material propio. Esa relación con el mundo del teatro llevaría años después a la empresa a encargarse de la guardarropía del Villamarta para, después, también introducirse en el mundo de los gigantes y cabezudos, tomando el camino que tiene actualmente Brotons, consolidada como una de las grandes empresas a nivel nacional dedicada al sector de las cabalgatas, pasacalles y espectáculos.

Casi 160 años después, es Tomás Brotons Chillada, tataranieto del fundador y, por tanto, cuarta generación de la familia, quien lleva las riendas de la empresa. De su mano visitamos las instalaciones, ubicadas en la Ciudad del Transporte, en la que se guardan centenares, si no miles, de disfraces, algunos con décadas a sus espaldas y ya en desuso, como unos cabezudos de Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco), un Mazinger Z o unas botellas de jerez que se empleaban en la cabalgata de las primigenias Fiestas de la Vendimia y que luego se rescatarían, allá en los 90, en la de las Fiestas de Otoño que ideara el gobierno de Pedro Pacheco. “Se guardan, porque da pena tirarlos y ha costado trabajo llevarlos a efecto, pero también porque luego no sabes si en cualquier evento te pueden pedir algo en los que veas que les puedes dar salida”, explica Tomás Brotons, que de todos los cabezudos, toma uno de un cerdito, su preferido. Es el que le trae mejores recuerdos, de cuando era un niño y correteaba por la fábrica, ya que fueron de los primeros que creó Brotons. De hecho, en el almacén todavía conservan sus moldes, con 70 u 80 años de historia, como si fueran una reliquia.

El paso de los años ha ido cambiando la idea del negocio, reconoce Brotons. “A comienzos de 2000 empezamos a meter espectáculos de calle, que es lo que ahora realmente es nuestro fuerte, porque evidentemente todos los negocios tienen una fuente principal de ingresos, pero con el paso del tiempo esa línea de negocio va cambiando. En su día la sastrería para teatro tenía mucho sentido, luego los gigantes y cabezudos y ahora ciertamente, aunque se siguen comercializando, lo fuerte son los espectáculos”.

Lo que apenas ha cambiado es la elaboración manual a la hora de fabricar sus creaciones. Tras hacer un modelado en barro de la figura que se quiere crear, se obtienen los moldes y luego se reproducen o bien con cartón fallero o con fibra de vidrio. En este sentido, normalmente Brotons emplea el llamado cartón fallero, que como su propio nombre indica es el que se utiliza para fabricar las espectaculares Fallas valencianas. Sin embargo, allá en Valencia cada vez se utiliza menos este material, lo que ha hecho que la empresa que lo fabrica haya anunciado su cierre. Esto ha obligado a Brotons a pedir un gran pedido para tener asegurado su abastecimiento en los próximos años pero, también, a introducir la resina de poliéster con fibra de vidrio, más novedoso y resistente.

El paso de los años también se refleja en el gusto de los más pequeños. De esos primeros cabezudos de cerditos, o de personajes de tebeos clásicos como Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape, se ha pasado a personajes de videojuego como Mario Bross, de series de televisión como La Patrulla Canina o Los Simpsons o cinematográficos como los simpáticos Minions. “La tele hace muy homogéneos los gustos de los niños, de ahí que el patrón de las cabalgatas de Reyes sea muy similar en Jerez o en Madrid”. También, señala Tomás Brotons, la mecanización ha llegado a su empresa, al igual que el helio, que utilizan para grandes muñecos hinchables de grandes dimensiones. “Hay que estar a la última en este sentido. Se trata de estar renovándote permanentemente”.

Brotons hace ya tiempo que dejó de ser una empresa con miras locales para abrirse al mundo. Sus espectáculos ya han estado en destinos tan dispares y lejanos como Hong Kong, Niza, San Remo o Tánger, mientras que en España, sus figurantes estarán repartidos este 5 de enero en 14 cabalgatas, con hasta 300 figurantes, 70 de ellos en la de Jerez.

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