Cerería Virgen de La Merced, a punto de cumplir siete años de existencia, es ya un referente en el sector. Actualmente trabaja para 229 hermandades y fabrica 45 toneladas de cirios y velas.

En la calle Minería del Parque Empresarial la actividad es frenética a escasos días de que la primera Cruz de Guía se plante en la calle. En la nave que no hace mucho albergó la delegación jerezana del Banco de Alimentos ahora no se guardan paquetes de alubias o pasta, leche o aceite, sino decenas de cirios de diferentes tamaños, grosores y colores, que cuelgan de enormes estructuras metálicas como si de estalactitas de cera se tratasen.

La de la cerería Virgen de La Merced es la historia de dos jóvenes, Fernando García y Antonio Gallardo que, ante un futuro laboral incierto, decidieron apostar por el emprendimiento en plena crisis económica y aprovechando el vacío que había en la provincia de Cádiz en cuanto a empresas dedicadas a la fabricación de cirios y velas. Sin experiencia previa en el sector, pero conociendo el mundillo de las hermandades, tuvieron claro que su proyecto, aun con dificultades, podría salir adelante. La materia prima de calidad la tendrían de primera mano, ya que familiares de Fernando dirigen con éxito desde hace años el Rancho Cortesano. Pero faltaba aprender el oficio. Los dos se trasladan a Sevilla, donde un maestro cerero les enseña las primeras pautas, y de vuelta a Jerez empiezan a hacer las primeras pruebas en una nave del polígono El Portal. “Fue entonces cuando verdaderamente aprendimos”.

Como cualquier nueva empresa, los inicios no fueron fáciles. “Los primeros meses fueron de mucho sufrimiento. No tuvimos apoyo financiero, todo salía del bolsillo de nuestras familias. Y aunque la gente piense que aquí la inversión es poca hablamos de 300.000 euros. Pero ahora los bancos vienen a buscarnos”, señala orgulloso Fernando, a punto de que su negocio cumpla seis años de existencia.

Otra de las trabas iniciales con la que a priori contaban es con esa mentalidad, muy jerezana, de que todo lo que viene de fuera es mejor, y más si se habla de aspectos relacionados con la Semana Santa, donde todo lo sevillano se mira con otros ojos. Sin embargo, reconocen que, salvo casos puntuales, en ningún momento han sentido recelos, todo lo contrario. “Fíjate si las hermandades apostaron por nosotros que no lo hicieron ni por el precio ni por la calidad, sino por ser de Jerez. Incluso los errores que teníamos al principio los pasaban por alto. Relativamente fue fácil entrar en el mercado. Afortunadamente esa antigua mentalidad está cambiando, ahora se apuesta por el producto de Jerez, donde tenemos ahora de los mejores bordadores y orfebres”.

Virgen de La Merced es una empresa familiar pequeña que, aun así, empieza a presentar números más que importantes. El noventa por ciento de las hermandades jerezanas ya confía en ella, pero en total son 229 de las provincias de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Málaga, e incluso de fuera de las fronteras andaluzas, como Cáceres y Valladolid. En cuanto a producción, el año pasado salieron de su fábrica 45 toneladas de cera convertida en cirios y velas y este año ya calculan que el volumen ascenderá hasta los 54.000 kilos. Teniendo en cuenta que, de media, las cofradías invierten al año unos 4.000 euros en cirios y velas, pueden hacer un cálculo de lo que factura la cerería jerezana. “No nos hace falta publicidad, el boca a boca y el haber hecho el trabajo en condiciones han hecho que ahora estemos etiquetados como una cerería de calidad”. Eso, en una comunidad donde hay hasta nueve competidoras, algunas de ellas con siglos de historia a sus espaldas, es todo un logro.

Como prácticamente todos los oficios relacionados con la Semana Santa, el trabajo en la cerería es totalmente artesanal. Aquí prácticamente no hay máquinas. La cera líquida se introduce en unos depósitos rectangulares y profundos denominados noques, en los cuales, a su vez, se introducen las mechas, que cuelgan de una estructura que en el argot se conoce como paraguas. Cada vez que se introducen las mechas éstas se van impregnando de cera, por lo que dependiendo del tipo de cirio que se quiera obtener se les dará mayor o menor número de baños. Durante este proceso, las mechas ya impregnadas de cera pasarán por unas planchas que contienen en paralelo varios círculos, uno por mecha, para apretar la cera y eliminar la sobrante hasta darle el diámetro deseado. Así, los cirios que portan los nazarenos es de 45 milímetros, mientras que los hachones típicos de pasos de crucificados pueden tener hasta 15 centímetros. Una vez esto, se dejarán colgando hasta que se enfríen, previo paso a su corte y empaquetado, si bien otros pasarán por el proceso de tintado en diferentes colores como rojo, negro, morado, verde…Eso sí, la cera que portan los nazarenos no es la misma que lucen los pasos de misterio o de palio. La primera es la denominada cofrade, mientras que la segunda es virgen pura de abeja. En La Merced presumen de la calidad de su materia prima y de la especial flexibilidad que consiguen para que en las levantás, sobre todo en la de los palios, los cirios no se tronchen. Eso sí, señala Fernando que a veces es inevitable que un cirio pierda su forma, sobre todo si se dan altas temperaturas, lo que unido al calor que desprenden las manos de los nazarenos, provoca estampas como algunas de las que se han visto en los últimos dos años, cuando el calor ha apretado con fuerza en Semana Santa.

Normalmente, Virgen de La Merced da trabajo fijo, anualmente, a cinco personas, que se elevan a unas diez llegada la Cuaresma, cuando toca empaquetar y enviar pedidos. Porque aunque en esta época se siguen fabricando cirios, la producción aquí es prácticamente continua. De hecho, la de 2018 comenzará en el mes de mayo. “Cuando aquí la gente ya está pensando en la Feria nosotros ya estamos preparando otra vez la Semana Santa”, señala Fernando, que reconoce que “para trabajar de esto a uno le tiene que gustar el mundo de las cofradías, pero también para conocerlas mejor y saber recomendar a tus clientes”.

Hasta el Viernes de Dolores, en la calle Minería trabajarán en turnos “de 13 o 14 horas”. Cuando entreguen el último envío ya podrán respirar tranquilos. Todo con tal de ser la luz de la Semana Santa.

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