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Una ruta por las antiguas instalaciones de venta de coches de la ciudad. Algunas, abandonadas a su suerte y víctimas del vandalismo, otras esperan tiempos mejores y nuevos inquilinos.

Las cifras de venta de coches mejoran por segundo año consecutivo en la ciudad y en el resto del país. En el sector se alegran de los datos. En Jerez fueron 3.432 los vehículos vendidos el pasado 2015, por los 2.645 de 2014. O lo que es lo mismo, casi un 30% de subida, según datos aportados por la Federación de Asociaciones de Concesionarios de la Automoción (Faconauto). En Andalucía también se refleja este aumento, que es del 23% respecto al año anterior, más de 113.000 matriculaciones que suponen el 11% del total del país: 1,03 millones en toda España, un 21% más que en 2014.

Pero la crisis, claro está, se nota. Y más en una ciudad que roza los 33.000 desempleados y en una provincia con una tasa de paro superior al 37%. Cada vez se tarda más en renovar el coche y a muchos concesionarios las cuentas no le salen. Basta circular por la avenida Tío Pepe para dar fe de ello. Sonado fue el caso de Cartuja Móvil, la firma que llevaba el concesionario Seat al final de esta avenida, y que en 2013 presentó el concurso voluntario de acreedores, dejando de pagar a sus trabajadores, que convocaron diversas manifestaciones en la puerta de las instalaciones. “Nos obligan a firmar la baja voluntaria para seguir trabajando”, ponía en una de las pancartas con las que mostraron su malestar durante semanas.

Por entonces, a final de 2014, ya les debían varias nóminas y una paga. "Pocas veces hemos estado al día", decía uno de los trabajadores que se manifestaba. Ahora, las instalaciones están vacías. Apenas unas macetas quedan en el interior de lo que fuera el concesionario, en cuyas cristaleras todavía se mantiene el cartel de Cartuja Móvil y otro que, visto con perspectiva, roza la ironía: “Celebrando 30 años de historias”. Unas más buenas que otras. La firma mantiene un concesionario en Jerez, en la avenida Adolfo Suárez (antigua N-IV, que también fuera avenida Reina Sofía), gestionada por la empresa sevillana Automoción Terry, de la familia Pérez Rodríguez, que lleva más de 70 años en el sector y que gestiona otras marcas, como Honda, Hyundai o Citröen.

Sus vecinos no tuvieron mejor suerte. En la esquina entre las avenidas Tío Pepe y Adolfo Suárez estaba hasta hace algo más de dos años Colansa, que comercializaba Opel y Tata. También hubo aquí manifestaciones. Tres nóminas y dos pagas les llegaron a deber a los trabajadores, que fueron intensificando las protestas con el paso de los días. “Con el pan de mis hijos no se juega”, se llegó a leer en el escaparate del concesionario, que ahora mismo está prácticamente vacío y en el que solo queda un pequeño contenedor lleno de escombros. La marca Opel la comercializa ahora en la ciudad Fevimar, en Cuatro Caminos, que también lo hace en toda la provincia, en Sevilla, Jaén y Lugo.

Pasando lo que fuera Cartuja Móvil, en dirección a Guadalcacín, estaba el concesionario de Alfa Romeo y Fiat, que se ha trasladado a apenas unos 200 metros en dirección al Aeropuerto. Meses después de aquel traslado las instalaciones están irreconocibles. “Hay que ver el vandalismo…”, comenta una señora que pasa andando por los alrededores. El panorama no es nada halagüeño. Lo que eran los escaparates, donde se exponían los coches en venta, están completamente rotos. Los trozos de cristal se amontonan en el suelo. Hasta un antiguo cartel, en pedazos, en el que a duras penas se puede leer Alfa Romeo, sigue allí tirado. El techo está medio caído, fruto del robo del cableado, y el interior, la cosa no mejora mucho.

Hay grafitis en lo que antes era el taller, algún que otro parachoques descarriado y falta hasta parte de la barandilla de una escalera que conectaba con unas oficinas. “Caja”, “Sala de espera”, pone en dos carteles que son de lo poco que se mantiene de su antiguo uso. Para darle más dramatismo a la escena, a escasos metros de la puerta, hay un coche calcinado, que estuvo varias semanas, y que ha sido retirado hace poco. Los comerciantes de alrededor se quejan del estado en que se encuentra. “He visto caer vidrios del techo, si pilla a alguien debajo lo mata”, comenta uno.

Hay que cambiar de punto cardinal en el mapa de la ciudad para encontrar otros concesionarios abandonados. Hay algunos más en Cuatro Caminos. Como Castro Motor, del Grupo Auge, que llegó a la ciudad en 2006 y que en sus primeros años de vida incrementó sus ventas considerablemente, aunque lleva varios años cerrado y con un enorme cartel de “Se vende” en su escaparate. Al que recoge el nombre de la empresa le falta la 'c' inicial y en el aparcamiento para clientes las hierbas crecen sin control.

Cerca, en el polígono industrial Bertola, una nave que antes albergara coches de las marca Jeep y Rover, lleva varios meses sin uso. Después de eso albergó un comercio chino, aunque mantiene señalética de las marcas de coches. Ahora un cartel de se alquila espera que algún valiente se atreva a llamar al número indicado y a darle un nuevo uso a las instalaciones.

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