La historia de la reyerta en San Telmo: un hombre con problemas mentales que amenazó con 'llevarse' a una chica

Llevaba tiempo dando problemas al barrio y el entorno había pedido que actuaran los servicios sociales o la Justicia. Actualmente, se encuentra en prisión provisional a la espera de juicio

La actuación del CNP este fin de semana en San Telmo. FOTO: lavozdelsur.es
La actuación del CNP este fin de semana en San Telmo. FOTO: lavozdelsur.es

La historia tras una reyerta grave en el barrio de San Telmo Viejo, en la zona Sur, desvela otras problemáticas de la sociedad más allá del suceso, que fue menos grave de lo que pudo haber sido. Porque M. Z. es, ante todo, una persona con un importante desequilibrio mental, que sufre de brotes de tipo psicótico y que está señalado por muchos vecinos de su barrio y, sobre todo, de su bloque, por problemas de convivencia graves.

Para este próximo lunes estaba señalando una vista sobre los problemas de convivencia. Un viejo conocido de la Policía Nacional, que rondando la treintena acumula varias denuncias por sus actitudes agresivas, según corroboran varias fuentes. Primero, por daños sobre el patrimonio de la comunidad, pero también por varias presuntas okupaciones en otras zonas de Jerez y por incluso lanzar enseres de la casa a la calle, como mobiliarios pesados que causaron días atrás un grave peligro para todo aquel que, por casualidad, pudiera pasar por debajo del balcón. Por suerte, no hubo que lamentar heridos de aquel episodio. Y del ocurrido este fin de semana, el más afectado ha sido el propio M. Z., que actuó fuera de sí.

Varias personas del entorno confirman que el joven había hablado de llevarse a una chica a otra ciudad, que incluso llegó a forzar la puerta de donde vivía. No hay constancia por el momento de si con la voluntad de la mujer o no, pero sí que no contaba con el visto bueno del entorno y que en cualquier habría tratado de llevar a cabo ese deseo por la fuerza. Y la respuesta del entorno de la chica fue ir en su busca, según las pesquisas. M. Z., entonces, se armó para responder a un enfrentamiento con varias personas. Al menos, se sabe que amenazó con una espada de tipo katana, pero que en realidad era un objeto decorativo. La pelea, al final, fue a golpes principalmente, y se desarrolló en dos ocasiones, en dos encuentros, siendo el segundo el que pudo detener la Policía. Acabó con varias heridas en la cabeza, tórax y brazos. Cuando los servicios sanitarios acudieron, ya con la Policía Local y Nacional en la zona controlando la situación tras la pelea, le encontraron sangrando abundantemente, tras lo cual fue trasladado al Hospital de Jerez, y con un cuchillo de sierra de 20 centímetros, aunque los testimonios mantienen que portaba la espada o incluso un hacha.

Los golpes que recibió fueron fuertes. Tras una primera cura, fue trasladado a los calabozos y decretado su ingreso en prisión, en cuya Enfermería sigue recibiendo curas. Los agentes trataron de localizar a los autores de los hechos, pero el único detenido por la reyerta fue M. Z., quien habría desatado la situación con sus amenazas, respondidas por el entorno de la mujer. Por estos hechos, las amenazas, los problemas de convivencia en la zona, etc., podría acabar definitivamente condenado. Será el momento en el que respiren en el vecindario, donde cuentan que han puesto en conocimiento de autoridades los problemas psiquiátricos del joven. Hablan de continuas amenazas, de vecinos que se han marchado del bloque cuando el joven volvió a frecuentar la zona, tras un tiempo de, en cierta manera, estabilización. Hablan de que tiraba aceite por los rellanos para que se cayeras, que les insultaba y amenaza gravemente, y que presumía de ser agresivo y tener formación en artes marciales para atemorizarles. Efectivamente, se trata de un joven fuerte y que tiene reacciones agresivas con frecuencia.

Fuentes de la zona lamentan que ni la Justicia ni los Servicios Sociales habrían impedido que M. Z. cometiera estos hechos con asiduidad, que es un peligro para la convivencia y que tenían razones de sobra para pedir que se le tratara. Se le ha reconocido una discapacidad del 65%, y las esperanzas están en que sea un juez quien, en lugar de decretar prisión, obligue al internamiento en un centro específico y se declare una incapacidad. "No es que esté para los manicomios, porque esos sitios se quitaron por algo, pero sí que en la calle no puede estar y que es una persona que está enferma", cuentan fuentes del entorno del joven a lavozdelsur.es. La Policía espera también que los hechos que están detrás de la grave pelea del fin de semana se reflejen en denuncias para adjuntar al informe. Hasta que no se dé una solución definitiva, más allá de que entre o no unos meses más en prisión, el barrio no descansará. En esta ocasión todo se ha saldado con heridas de curación sencilla.

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