La Sala Paúl acoge la exposición 'Buscando sirenas' de Cristina Armario hasta el 23 de septiembre. La jerezana exhibe por primera vez en solitario una muestra de figuras fragmentadas por el efecto que otorga el agua.

El ser mitológico acuático por antonomasia, las damas del fondo del mar, las bellas y no tan bellas sirenas -dependiendo siempre de la mente que las esboce-, es el eje de la exposición de la pintora jerezana Cristina Armario Borrego. Como es habitual, todo nace en el entorno familiar. Uno empieza por lo que tiene más a mano, y la joven cuenta que en su caso la inspiración le vino cuando estaba con sus primas en la piscina. Existen pinturas parecidas a las que ella crea, pero dice que las contempló después de hacerlas, que no le gusta “copiar a otras personas” y que es a posteriori cuando se da cuenta de que la temática ya estaba trazada en otros lienzos extranjeros.

La joven artista nace un 23 de diciembre del 88. Crece en el barrio de La Milagrosa y se inicia en el mundo del arte a los ocho años. Se lleva una década aprendiendo a pintar en una academia de arte donde imparten clase Elisa Soria y Miguel Castilla. Pero señala que se convierte en vendedora ambulante de sus pinturas con tan solo trece años. Y a día de hoy sigue intentando vivir de su arte. Finaliza la academia porque inicia la licenciatura de Bellas Artes pasando por distintas universidades. Está tres años en Madrid, dos en Sevilla y termina a lo grande cursando una Erasmus en Perugia, Italia. Con título en mano, se pone en la piel de esa profesora que una vez le influyó en su pincelada y en las ganas de expresar su arte, ya que lleva dando clases particulares desde 2012.

La exposición, que estará presente en el espacio joven de la Sala Paúl hasta el 23 de septiembre, es la primera que esta artista hace en solitario. Pero anuncia que ha expuesto colectivamente en muchas ocasiones al intervenir en diversos concursos. “No he participado en muchos, pero cada vez que hay uno que me gusta, lo intento. Tampoco tengo mucha suerte, pero por lo menos me voy exhibiendo”, comparte la joven artista mientras va señalando algunas de las piezas que ha realizado para participar en concursos artísticos. Cuenta entre risas que ese es el origen de muchas de sus obras, como si de repente se hubiera percatado de ello, ya que poco a poco señala casi la totalidad de la exposición. Si bien su colección nace para intervenir en certámenes distintos, sus cuadros se rigen por una misma línea: las deformaciones dentro del agua.

"Aunque se siga viendo que son humanos, al meterte en el agua te vas fragmentando, te descompones. Te metes y te conviertes en otra cosa"

“Lo llamé Buscando sirenas porque son figuras que realmente no se caracterizan por estar debajo del agua. Aunque se siga viendo que son humanos, al meterte en el agua te vas fragmentando, te descompones. Te metes y te conviertes en otra cosa. Esa era la idea, deformar las figuras para convertirlas en monstruos”, explica entre multitud de gestos. Acompañada de su Canon compacta, Cristina ordena a sus primas pequeñas que buceen para que ella, desde fuera, capte el movimiento. Ese era el ritual de creación. Luego retoca un poco las fotografías, sobre todo el nivel de saturación para resaltar aún más los colores y distinguirlos a la hora de trasladarlo a la pintura. Sus cuadros son imágenes anteriores, pero un poco más deformadas para perder esa apariencia humana. Aunque como ella misma expone en el título de una de sus obras: “Y sin quererlo, te deshaces”.

La sala también dispone de mascota. Se trata de la creación de una tortuga que le encarga un hombre y que realiza con el mejunje Art-Attack: “Todo es papel y cola”. No obstante, declara que el caparazón es de una tortuga ya fallecida y que ella únicamente recreó su cuerpo. Cuenta que nunca había hecho una figura así, pero que se atrevió a probar. ¿El resultado? A simple vista parece real. Pero normalmente no trabaja la escultura, lo del reptil fue solo un reto, una proposición inusual que aceptó. Cristina se dedica diariamente a la pintura a través de sus clases y de todos los encargos que le llegan.

Pinta retratos realistas; carteles para zambombas o ferias, como por ejemplo el cartel de la Feria de Guadalcacín de 2015; paisajes con una pincelada gorda, a lo Sorolla (uno de sus pintores favoritos) y animales al detalle, género que quizás se convierta en el eje de su próxima exposición. Utiliza una gran variedad de materiales en lienzos, tablas o lozas. Pinta en cualquier sitio con óleo, acrílico, lápiz, pastel… “Por ejemplo, aquel –señala una de las piezas expuestas- es de un concurso llamado Reciclarte, por lo que exigían que estuviese hecho con material reciclado. Usé bolsas de plástico, palé, cintas de películas, pegotes de pintura secos que se quedaban en los botes…”, comparte la joven con entusiasmo. Cuando presenta la colección de monstruos bajo el mar, dice que hay gente que se acerca para comunicarle que le han encantado. Pero algunas veces, otros, con la duda, le preguntan si los cuadros están terminados. Ella, sin perder la sonrisa concluye: “El arte es así de subjetivo”.

Sobre el autor:

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Claudia González Romero

Periodista.

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