El bitcoin es una criptomoneda, o una moneda digital, nacida en 2009 pero que, desde hace unos meses, está experimentando constantes subidas y que, en el momento de escribir estas líneas, se cambia por más de 7.800 dólares, aunque la cifra cambia constantemente, porque es extremadamente volátil. No es una moneda oficial, ya que no está respaldada por ningún ni gobierno ni se asocia a ningún banco, pero la facilidad con la que se puede operar con ella, es una de sus ventajas. Las transacciones realizadas con esta criptomoneda son irreversibles, la identidad de los usuarios permanece en secreto —aunque los movimientos se almacenan públicamente y permanecen en la red—y las transacciones, que se materializan en apenas diez minutos, aunque se realicen entre una y otra parte del mundo, no son del todo seguras, por lo que los usuarios deben confirmar que el destinatario es fiable.

“Solo hay 21 millones de bitcoin en todo el mundo, aunque ahora mismo no llega a 18 millones, por lo que no se devalúa, su valor se incrementa continuamente”, explica Eugenio Naranjo, de la asesoría jerezana Asinde Pymes, la primera de la provincia que cuenta con un cajero de bitcoin, de los pocos que hay en Andalucía —existen otros dos en Sevilla y Marbella—. “Es un cajero normal, se puede comprar o vender bitcoin”, dice Naranjo, quien comenta que permite convertir la moneda virtual en euros, al instante, un proceso que es más complicado si no se tiene un cajero a mano —ya que debe hacerse en casas de cambio—.

El bitcoin, al que muchos ya conocen como “el oro virtual”, como señala Eugenio Naranjo —ya que hay quien lo compra con la esperanza de ver revalorizada su inversión en unos años—, también arrastra mala fama. “Hay quién lo asocia con el tráfico de drogas y el blanqueo de dinero por eso de ser anónimo”, apunta Naranjo, quien afirma tajante que “el bitcoin ha venido para quedarse”, aunque luego matiza: “No tanto el bitcoin, que fue la primera criptomoneda, sino la tecnología que utiliza —blockchain—, que ya es una realidad”.

Los bitcoin, por ejemplo, “facilitan las transacciones internacionales”, cuenta Naranjo, quien asegura que en países sudamericanos, africanos o asiáticos, con monedas que se devalúan constantemente, es muy demandado porque se puede enviar una remesa de dinero con solo tener móvil e internet”. Cada vez hay más empresas que aceptan el pago en bitcoin, apunta Eugenio, quien señala que también existen ya tarjetas de crédito y débito con las que se pueden hacer compras y realizan, automáticamente, la conversión de bitcoin a euros.

También hay quien considera que la revalorización constante de esta criptomoneda no es más que una burbuja que, algún día, explotará. “Es muy sospechoso, por muy buena inversión que sea, que veamos que multiplica su valor por diez veces en menos de un año, sobre todo ante la ausencia de verdaderos cambios en los usos financieros que pudieran justificarlo”, sostienen los analistas financieros Luis Ferruz Agudo y Francisco Javier Rivas Compains en Expansión, quienes alertan del “alto porcentaje de inversores que está comprando el bitcoin sin tener la más remota idea de lo que es, ni siquiera una idea clara de para qué sirve y, por supuesto, sin haberlo utilizado nunca”.

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