Con el río Guadalete en nivel rojo y superando los seis metros de altura, el Jerez rural afronta una de las situaciones más delicadas de los últimos años, con 650 familias desalojadas de manera preventiva ante la crecida del caudal. El amplio dispositivo de emergencias desplegado en la zona intenta contener los efectos de unas inundaciones que ya se sitúan entre las más graves de la historia reciente de la ciudad.
Las previsiones no invitan al optimismo. La jornada de este viernes puede resultar aún más compleja, según advierte a lavozdelsur.es Agustín García Lázaro, profundo conocedor del comportamiento del río y de la dinámica hidráulica de la zona, que alerta de un escenario de alta inestabilidad. “Los embalses de Bornos y Arcos están aliviando a 150 metros cúbicos por segundo. A esto hay que sumar los caudales que van supercrecidos de los tres arroyos de abajo de las presas que no tienen regulación y que también van desbordados, que son el Salado de Espera, que entra casi en la Junta de los Ríos, el Salado de Caulina, que es el que entra por Viveros Olmedo e inunda todos los llanos de Caulina, y luego el Salado de Paterna, que entra por Torrecera y que inunda toda la vega de Los Arquillos y los llanos de Torrecera, cortando la carretera de Torrecera con La Ina".
García Lázaro señala que el problema se agrava porque esos arroyos ya se ven afectados por el llamado efecto tapón, al desembocar en un Guadalete completamente lleno, lo que provoca inundaciones en amplias zonas agrícolas. “Lo malo es que estos arroyos ya tienen el efecto tapón de río lleno e inundan las vegas. Mañana –por este viernes– puede ser un día muy complicado. Aquí el peligro es que se inunde la autopista, como pasó en diciembre del 96 y enero del 97”.
Un río con memoria histórica de grandes desbordamientos
García-Lázaro recoge junto a su hermano José en el blog En torno a Jerez un detallado repaso a las grandes inundaciones que han marcado la historia de la ciudad, con episodios que se remontan al siglo XIX y que muestran que el Guadalete es un río con un largo historial de desbordamientos severos.
Ya en 1881, el periódico local El Guadalete informaba de una crecida excepcional tras intensas lluvias. En su edición del 30 de enero relataba: “Si grande fue la crecida del Guadalete el viernes mayor la tuvo ayer como natural consecuencia del diluvio que cayó desde las 10 de la madrugada hasta cerca de las 10 de la mañana… La verdad es que la campiña rebosa agua por todas partes, ocasionando ésta no pocos daños”.
Pocos días después, el mismo medio describía escenas que recuerdan a las actuales, con viviendas anegadas y personas refugiadas en los tejados. El 1 de febrero de 1881 señalaba: "Multitud de personas en carruajes y a pie acudieron el domingo a ver el puente de la Cartuja… viéndose cubiertos algunos pequeños caseríos, en cuyos tejados se dice que el viernes hubieron de refugiarse por algunas horas los que los habitaban”.
También se recogían daños en infraestructuras clave de la cuenca. "Ayer se nos aseguró por una persona procedente de Arcos que el puente de la confluencia del Majaceite y el Guadalete en la carretera de Arcos a Paterna, estaba casi destruido por la riada”, reflejando el alcance territorial del episodio.
De las riadas históricas a las más graves del último siglo
Uno de los capítulos más dramáticos llegó en 1930, cuando se registraron caudales extraordinarios. En el Pantano de Guadalcacín se midieron hasta 915 metros cúbicos por segundo en el Majaceite, mientras que el Guadalete alcanzó los 1.100 metros cúbicos por segundo en la cerrada de Bornos, cifras que marcaron un récord durante décadas.
El 7 de junio de aquel año se informaba de que el temporal continuaba causando daños y víctimas, con el desbordamiento del río y aguas arrastrando hogares, cosechas y ganados, así como la rotura del Puente de la Florida, familias sin albergue y comunicaciones interrumpidas, describiendo un escenario de devastación generalizada.
Ese mismo día se relataba cómo numerosos vecinos acudían a observar las inundaciones, en un fenómeno que hoy se denomina turismo de catástrofes, mientras el ejército se desplazaba a rescatar a personas aisladas en zonas como La Ina, Los Villares, La Gredera, Zarandilla, Río Viejo o El Torno, que quedaron completamente rodeadas por el agua.
Un día después se subrayaba el impacto social de la tragedia, con referencias a barrios rurales como La Cartuja, San José del Valle, El Mimbral y El Portal, donde se contabilizaban daños y víctimas, así como muestras de solidaridad ciudadana con las personas afectadas.
Las grandes lluvias de febrero de 1963 volvieron a situar al Guadalete en niveles históricos, con hasta 1.400 metros cúbicos por segundo en Bornos, aunque la existencia ya de los embalses de Bornos y Arcos permitió amortiguar parcialmente los daños, pese a que zonas como La Ina y El Portal volvieron a inundarse.
Desde entonces, las crecidas de 1970, 1996, 2009 y 2010 han mantenido viva la memoria del riesgo permanente. Sin embargo, los actuales desbordamientos, con evacuaciones masivas y amenazas sobre infraestructuras clave, se sitúan ya entre los episodios más graves vividos en Jerez en las últimas décadas, reactivando una historia cíclica en la que el Guadalete vuelve a mostrar su fuerza.
