Contra los terraplanistas y derrotistas, Galileo y su famosa frase apócrifa ante el tribunal de la Santa Inquisición: eppur si muove (y sin embargo, se mueve). Jerez no será Capital Europea de la Cultura en 2031. Probablemente, no lo sea nunca —quién sabe—. ¿Acaso importa tanto para seguir avanzando?
Jerez tiene en su mano subirse a una ola que empezaba justo a crecer cuando un panel de expertos internacionales descartó a la ciudad —con muy buenas palabras, eso sí— en una carrera hasta final de año en la que sí estarán Cáceres, Oviedo, Las Palmas de Gran Canaria y Granada.
Ceder el liderazgo de la administración pública en favor de la iniciativa comunitaria y participativa, colectiva, ciudadana, es una de las claves que hicieron posible el milagro de reconvertir una antigua fábrica de cerveza del siglo XIX en Ebeltoft, cerca de Aarhus —Capital Europea de la Cultura en 2017— en un gran mix cultural, con equipamientos públicos y comerciales que prácticamente se autofinancia y se ha convertido en un enorme polo de atracción de artistas y visitantes en una localidad de unos 7.500 habitantes.

La iniciativa, cuyo ideólogo ha estado esta semana en Jerez, Kristian Krog (46 años), arrancó desde la protesta vecinal. Nadie, salvo los promotores del fallido centro comercial, quería que la vieja fábrica de malta danesa quedará sepultada por esas tiendas de moda o esos locales de comida rápida que pueblan cualquier ciudad del mundo.
En su lugar, arrancó una campaña de micromecenazgo que movilizó 3 de los 20 millones de euros que finalmente ha tenido de inversión un proyecto que es ahora un referente en el universo cultural europeo. Conectado, además, a Trans Europe Halles, una red sin ánimo de lucro, gestionada por sus miembros, que agrupa a más de 170 centros artísticos y culturales independientes y comunitarios en más de 40 países.
De hecho, un día después de vernos en jerez, Krog viajará a Marsella, otro de los nodos de esa red cultural en la que, ¿por qué no?, también podría estar Jerez, que adolece de ese tejido local potente y consistente para ofrecer una programación de alto nivel durante doce meses —en palabras de esos expertos internacionales que determinaron que debía salir de la carrera hacia 2031—.
De vieja fábrica a centro neurálgico
A Maltfabrikken —la fábrica del pueblo—, donde la biblioteca pública se ha unido al museo local y al archivo histórico de la ciudad, solo llega apenas un 16% de financiación pública al año —unos 200.000 euros—, pero Kristian Krog asegura que dichos fondos públicos revierten por cuatro a nivel de retorno económico (y social) en la zona.
Ese lugar histórico en un punto rural con población envejecida con poder adquisitivo y gente joven sin posibilidades se ha convertido en un punto de encuentro intergeneracional y es ahora un centro neurálgico de eventos culturales. Un cartel que promueve instituciones como la Fundación Mies van der Rohe, vinculada a los premios de arquitectura contemporánea de la UE en honor al célebre arquitecto alemán, último director de la Bauhaus. Y aquí viene otra clave de Maltfabrikken: su singularidad arquitectónica, en una elegante hibridación entre lo viejo y lo nuevo.
La fábrica de malta original fue construida en 1861 y fue transformada en centro cultural por los estudios de arquitectura Praksis, VMB restoration Architects y Kirstine Jensen Landscape Architecture con la colaboración del artista Morten Skovmand y los ingenieros Henry Jensen. No es un ejemplo de arquitectura milagrosa de los años del Guggenheim, es un ejemplo de cómo la arquitectura de máximo nivel contribuye a potenciar el atractivo de un proyecto de emergencia cultural que nace desde la base, desde los propios cimientos y el sustrato de la iniciativa de la gente corriente.
¿Una Maltfabrikken a 3.102 kilómetros de distancia del proyecto original?
¿Esto sería posible en Jerez, a 30 horas seguidas en coche y 3.102 kilómetros de Ebeltoft, Dinamarca? Con su camisa de flores y flamencos (aves), con su amplia sonrisa de niño despierto y travieso, sorbiendo un café en el Bar La Manzanilla, Kristian Krog sentencia en inglés: "No he visto ninguna otra ciudad en Europa con el potencial que tiene Jerez".
"Se ha enamorado al instante", apostilla Kirstine Hustrup, en los compases previos a la gala final de la novena edición de Kriatura, el festival de flamenco y juventud que esta danesa puso en marcha hace ya casi una década en la ciudad. Un encuentro extraordinario que promueve el intercambio cultural —130 jóvenes daneses llegados a la ciudad estos días— y la reconexión de la ciudadanía con sus barrios y con un arte tan genuino y esencial como el flamenco.
Krog ha estado viendo localizaciones para una hipotética Maltfabrikken en Jerez y hemos intercambiado impresiones y reforzado la idea común de que sin ilusión y con dinero los proyectos no cuajan, pero al contrario, es mucho más fácil hacer posible lo aparentemente imposible.
Él me ha hablado del flechazo que le ha supuesto los jardines de Cristal y las antiguas bodegas junto a Santiago, y yo le he advertido de que esos cascos de bodega han sido adjudicados recientemente a una sociedad privada para levantar pisos junto a una nueva zona verde que pretende sacar a parte del histórico arrabal de la degradación. De hecho, le recuerdo que ya en 2013 trabajé junto a los arquitectos jerezanos Jesús Orúe y Pedro Ledo en un proyecto similar a Maltfabrikken en esos jardines de Cristal, pero una vez más las buenas ideas fueron engullidas por el olvido.
No solo flamenco, abierto a todas las artes. ¿Y la Escuela de Arte allí? ¿Y el Archivo? Ya fluyen las ideas. Quizás en el antiguo Silo de la Avenida Medina Sidonia, quizás en unas viejas vaquerizas junto al lóbulo 2 de la Laguna de Torrox, quizás en la harinera junto a la abandonada fábrica de botellas, las antiguas instalaciones de Jerez Industrial...
Son muchas las posibilidades para ubicar algo parecido a Maltfabrikken en un núcleo urbano y rural tan extenso como Jerez. Y a Krog, graduado en Musicología e Historia del Arte por la Universidad de Aarhus, toda esta música le suena celestial. Está convencido de que, aunando esfuerzos entre sociedad civil, instituciones privadas y administraciones públicas, este puede ser un hito para la post candidatura Jerez 2031. ¿Ponemos un documento conjunto en común? TSi alguien realmente creyó que habíamos empezado a caminar, hay que seguir paso a paso.




