"He sacrificado mi vida para venir aquí y ver si puedo mejorar"

Mamadou es un joven senegalés que llegó a Tarifa, junto a otros cuatro compañeros, y que está en Jerez de paso, donde es atendido por Ceain

Mamadou y sus compañeros, camino del alojamiento encontrado por Ceain.
Mamadou y sus compañeros, camino del alojamiento encontrado por Ceain.

“He sacrificado mi vida para venir aquí y ver si puedo mejorar”, dice un joven senegalés llegado a Jerez no se sabe cómo. Uno de los muchos que están desbordando los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) de la provincia desde hace unos días. Una vez en tierras españolas son detenidos y llevados a los calabozos policiales de la ciudad de turno, tras lo que se ven abandonados y perdidos en un país que no conocen y donde se habla una lengua que ignoran. Pero para llegar hasta aquí han tenido que dejar detrás a sus familias y sus vidas. En el caso de Mamadou, nombre ficticio del joven que atiende a lavozdelsur.es, son más de 3.000 kilómetros los recorridos desde su Senegal natal hasta Jerez, donde está de paso. Es en la sede de Ceain donde responde a las pocas preguntas que se le pueden hacer antes de que se vaya, junto a otros cuatro compañeros, al alojamiento provisional que le consigue la organización.

En una toy, las conocidas barcas de juguete, Mamadou cruzó el Estrecho con los cuatro subsaharianos que lo acompañan y que en el momento de la entrevista aprovechan para llamar a sus familias desde la sede de la ONG y para comer algo después de la larga travesía que los ha traído hasta aquí. Entre los cinco compraron la toy y, de madrugada, se montaron en ella, jugándose la vida, echándose al mar desde Marruecos. Ellos las llaman “rame-rame”, porque una vez se acomodan en la barca, empiezan a remar hasta que consideran que se encuentran en aguas internacionales y entonces llaman a Salvamento Marítimo para que los rescate.

Por la noche es cuando sale una expedición que, en muchos casos, termina en la misma playa, al ser interceptados por las autoridades marroquíes. En el país africano, Mamadou conoció a sus compañeros de viaje. La dinámica suele ser siempre la misma: los inmigrantes que se aventuran a cruzar el Estrecho lo intentan aprovechando la oscuridad, momento en el que inflan la zodiac que previamente han comprado, donde se montan y comienzan a remar, esperando llegar vivos a Europa. Muchos no lo consiguen. Más de 230 inmigrantes —cifra registrada hasta finales de mayo— han fallecido intentando llegar a España.

Mamadou y sus compañeros son de los que han tenido más suerte. Los primeros días de junio están siendo especialmente complicados para las asociaciones que intentan buscar acomodo para los numerosos inmigrantes que están llegando a las costas españolas. La provincia de Cádiz, durante 2018, ha recibido más de 1.900 personas, una cifra que aumenta hasta las 3.400 en el caso de Andalucía, según calcula la Cruz Roja y publica El País. Los calabozos de las comisarías están colapsados y los CIE, donde están como máximo dos meses, no dan abasto.

Por eso los subsaharianos se ven desamparados, una situación que intenta remediar organizaciones como Ceain. Hace una semana que llegaron a Tarifa, de donde salieron hace unos días, andando, hasta llegar a Jerez. Ahí la ONG juega un papel fundamental, ya que les ofrece alimentación y agua, y las abogadas de la asociación los orientan y los ponen al corriente de sus derechos. “Durante esta primera entrevista intentamos detectar situaciones de vulnerabilidad como la trata de seres humanos o casos que puedan ser susceptibles de solicitar protección internacional”, explican desde Ceain. Una vez hablan con sus familiares y amigos, les buscan alojamiento provisional, ya que la mayoría está de paso. Mamadou, por ejemplo, va para Barcelona en busca de su hermano, que vive allí. “Él está bien y yo estaba muy mal en Senegal”, acierta a decir en francés, y lo traduce Montserrat Sánchez, trabajadora social y técnica en prevención de la trata de personas, que trabaja para la asociación.

La propia ONG alertaba días atrás de la llegada de varios inmigrantes que estaban “en una situación lamentable de desprotección y desorientación, fruto de la falta de previsión de las autoridades competentes”. Gracias a la labor de Ceain y de otras organizaciones como Cáritas, Accem, Tharsis Bettel, Cruz Roja, Hogar La Salle y Hogar San Juan, estos inmigrantes están siendo atendidos. Pero la situación es extrema. De hecho, la delegación de Acción Social que dirige la teniente de alcaldesa Carmen Collado ya ha pedido a la Subdelegación del Gobierno que avise a los ayuntamientos y a las entidades incluidas en el convenio de atención humanitaria suscrito con el Ministerio de Asuntos Sociales cuando se produzcan situaciones como las de estos días, para que la respuesta sea lo más eficaz posible.

La realidad es que más de 300 inmigrantes fueron rescatados a principios de junio en el mar de Alborán y aguas del Estrecho, entre ellos varios bebés. “Estas personas merecen ser tratadas con dignidad y respeto a los derechos humanos. Inexplicablemente no se ha contado ni coordinado un dispositivo de emergencia con ayuntamientos y entidades sociales para que hubiéramos podido estar preparados”, alertan desde Ceain, que seguirá dando respuesta, en la medida de sus posibilidades, a la llegada de subsaharianos como Mamadou y sus compañeros.

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