Más de dos horas tuvieron que esperar muchas personas a poder acceder al parking de la plaza del Arenal. A eso de las 22 horas, aproximadamente, la Policía Nacional impedía el acceso por todas las vías posibles, tanto de peatones como de coches, en el que es uno de los aparcamientos subterráneos más usados en estos días de Semana Santa.
Y lo es por su ubicación, porque es lugar de paso de las hermandades en Carrera Oficial, con entrada cómoda por San Agustín, que no se ve afectada por el paso de hermandades hasta las vueltas desde Catedral. Eso hace que a diferencia de otros aparcamientos, sea el que emplean muchas personas con movilidad reducida, ya que bajan del coche y directamente llegan a zona de paso de hermandades sin tener que desplazarse.
Así, cuando a eso de las 22 se impedía el paso de personas, muchas personas tuvieron que armarse de paciencia. Primero, los policías nacionales avisaban de que simplemente no se podía bajar. Luego, directamente, a muchas personas les comunicaban realmente qué ocurría: un aviso de bomba que se estaba investigando.
Con todo, la plaza nunca se despejó, se mantuvo el paso de hermandades (Amargura y Prendimiento, las dos últimas de Carrera Oficial) y los bares se mantuvieron a pleno rendimiento. Sí que afectó a la vuelta al templo: Tres Caídas aceleró el paso y Amargura callejeó para alejarse del Arenal.
No fue hasta pasada la medianoche cuando la Policía Nacional dio el OK tras la llegada de los artificieros y la comprobación de que la amenaza era falsa. La investigación se lo tomó en serio y en el subsuelo lógicamente hubo momentos de arduo trabajo.
En superficie, en cambio, reinaba la paciencia y la tranquilidad. La gente sí era consciente de ese aviso, era vox pópuli desde el principio de la llegada de Policía Nacional.
Pepa iba en silla de ruedas con su familia y esperaba para bajar en coche. "Mi marido lo vio" en redes sociales, y ya supieron que no iban a poder acceder al vehículo, señalaba Monse, hija de Pepa. "A las 22:20 me informaron por teléfono", señalaba cuando se acercaban las 00:30. Es decir, dos horas de espera, haciendo tiempo, deseando volver, aunque sin ponerse nerviosos.
Como el caso de ambas, montones de personas que preguntaban a los policías, buscaban informarse, estos respondían y asumían que quedaba un rato hasta que se terminara de descartar. Mayoritariamente, con la sensación de que todo iba bien, de que había que comprender la situación, que se estaba descartando pero que el aviso de bomba no iba a ser real, como finalmente se confirmó.
